«Hacen sufrir a mi mamá»: Aquivaldo Mosquera recuerda la súplica de Emilio Azcárraga al América en crisis
Aquivaldo Mosquera guarda una anécdota que retrata la difícil etapa que vivió el América a finales de la década de 2000. El exdefensa colombiano contó que, en medio de los malos resultados, Emilio Azcárraga se presentó en un entrenamiento para hablar con el plantel y pedirle que reaccionara. Su reclamo, sin embargo, tuvo un motivo muy personal: el sufrimiento de su madre al ver jugar al equipo.
Mosquera compartió el recuerdo durante una edición especial de *La Última Palabra*, realizada por los 110 años del Club América. El colombiano, quien formó parte de la plantilla que conquistó el Clausura 2013, repasó distintos momentos de su paso por Coapa, desde las temporadas complicadas hasta la final inolvidable frente a Cruz Azul.
«Era el tiempo en que nos fue muy mal en América y llegó Azcárraga a un entrenamiento para decirnos que lo único que no nos perdonaba era que hacíamos sufrir mucho a su mamá», relató. El dueño del club se dirigió directamente a él y le preguntó qué pensaba sobre la situación.
Mosquera recordó que no supo de inmediato qué responder. «Yo por dentro: ‘No jodas, ¿qué le contesto?’. Le dije: ‘Es bueno que nos pase esto para recapacitar’, y me respondió: ‘No, no me vengas con eso’. Es un señor que impone», contó el exfutbolista.
La anécdota muestra una faceta distinta de Azcárraga: además de su posición como propietario, su vínculo con el América también está marcado por la pasión de aficionado. En aquellos años, cuando los resultados no acompañaban al equipo, su presencia en los entrenamientos buscaba sacudir al grupo y transmitirle la exigencia de una institución acostumbrada a competir por títulos.
Mosquera recuerda la remontada ante Cruz Azul
Entre los episodios más destacados de su carrera con las Águilas está la final del Clausura 2013 contra Cruz Azul. En una noche lluviosa en el Estadio Azteca, el América remontó una desventaja en los minutos finales y terminó imponiéndose en la tanda de penales. Mosquera marcó el primer gol azulcrema de aquella reacción, antes de que Moisés Muñoz se convirtiera en protagonista con su cabezazo.
El colombiano también habló de una decisión del entonces técnico cruzazulino, Guillermo Vázquez, que, desde su perspectiva, favoreció al América en el cierre del partido. Mosquera señaló que la salida de Teófilo Gutiérrez alivió la tarea defensiva de las Águilas, pues el delantero estaba generando dificultades.
«Esos últimos minutos se los tenemos que agradecer al DT de Cruz Azul. Saca a Teófilo Gutiérrez, era el jugador que nos estaba complicando muchísimo. Cuando meten a Pavón, para nosotros es mucho más fácil marcar a un jugador que es más estático», explicó.
Mosquera también recordó que, conforme avanzaba el encuentro, los americanistas percibieron nerviosismo en sus rivales. Según su relato, algunos jugadores de Cruz Azul se cubrían el rostro y el equipo azulcrema interpretó esos gestos como señales de temor. «Les vimos la cara, por ejemplo, Torrado se tapaba la cara. Percibimos temor de ellos y nosotros le dimos para adelante», dijo.
La confianza fue un factor importante para que el América insistiera hasta el final. En una final con un desenlace tan cerrado, cada acción podía cambiar el ánimo de ambos equipos: mientras Cruz Azul intentaba sostener su ventaja, las Águilas encontraron impulso para seguir atacando y aprovechar la oportunidad cuando apareció.
El testimonio de Mosquera conecta dos etapas muy distintas del club. Por un lado, recuerda los años en que el América atravesaba una crisis deportiva y recibía llamados de atención de su propietario. Por otro, revive la consagración que quedó entre las finales más recordadas del futbol mexicano, con una remontada que llevó el partido hasta los penales.
A 110 años de su fundación, el América conserva una historia construida tanto por campeonatos como por relatos personales de sus protagonistas. Las palabras de Mosquera permiten entender qué había detrás de aquellos momentos: la presión de vestir la camiseta amarilla, la obligación de responder a una afición exigente y la posibilidad de transformar una mala racha en una noche histórica.
