Henry Martín vuelve a quedar fuera en América por problemas musculares y su calvario con las lesiones parece no tener fin. El capitán azulcrema sufrió un nuevo golpe en el entrenamiento del pasado viernes, lo que obligó al cuerpo técnico y médico a descartarlo nuevamente, tanto para el duelo frente a Tigres como para el partido de esta noche ante FC Juárez.
Este nuevo contratiempo impide que Martín tenga regularidad en el Clausura 2026. En lo que va del semestre, el atacante únicamente ha podido participar en 4 de los 9 encuentros que ha disputado América en la Liga MX, una cifra muy baja para quien está llamado a ser la referencia ofensiva del equipo. La situación no es nueva: en el torneo anterior solo apareció en 4 de los 17 partidos posibles, igualmente condicionado por diversos problemas físicos.
El golpe reciente se produjo durante una acción en la práctica, donde un mal gesto terminó por «recargar» el músculo del delantero. El riesgo de una lesión mayor llevó a que todas las partes involucradas coincidieran en que no valía la pena forzar su regreso. La decisión fue unánime: era preferible dejarlo fuera antes que exponerlo sin estar al cien por ciento.
Por ahora, Henry no solo se perderá el duelo ante FC Juárez, sino que tampoco está contemplado ni siquiera para ir a la banca frente a Querétaro. El plan es que continúe con su proceso de recuperación y fortalecimiento, con la esperanza de que pueda superar de una vez por todas la cadena de molestias que lo ha perseguido los últimos meses.
En contraste, la situación de Alejandro Zendejas es distinta. Aunque tampoco se encuentra al máximo de sus capacidades físicas, el mediocampista sí fue considerado para ocupar un lugar en el banquillo en el partido ante FC Juárez. La idea del cuerpo técnico es utilizarlo únicamente si el desarrollo del encuentro lo vuelve estrictamente necesario, evitando así mayores riesgos.
André Jardine, técnico del conjunto azulcrema, ya había explicado días antes el panorama de sus dos futbolistas. Tras la dolorosa goleada sufrida frente a Tigres, el estratega brasileño detalló por qué ni Henry ni Zendejas habían sido tomados en cuenta en ese choque y los dejó en duda para el enfrentamiento ante Querétaro.
Según las palabras de Jardine, lo de Henry fue producto de la mala fortuna: un movimiento incorrecto en la semana que cargó demasiado el músculo afectado. Ante ese escenario, se consideró irresponsable mandarlo al campo. Con Zendejas ocurrió algo similar: aunque el duelo tenía gran relevancia, consideraron que si el jugador no se encontraba al cien por ciento se corría un riesgo innecesario.
«Cuando un futbolista no está completamente recuperado, meterlo a la cancha es arriesgar demasiado», vino a ser el mensaje principal del técnico. Aun así, se mostró optimista en su momento, expresando su deseo de poder contar con ambos para el enfrentamiento contra Juárez. Al final, solo se cumplirá esa expectativa a medias: Zendejas sí irá a la banca, mientras que el capitán seguirá marginado.
La ausencia prolongada de Henry Martín no solo tiene impacto en la alineación, sino también en el funcionamiento colectivo. América pierde a su referente en el área, a un delantero que, además de goles, aporta liderazgo, presión alta y capacidad para asociarse con los mediocampistas. Esa combinación no es sencilla de reemplazar, y obliga al entrenador a modificar su plan de ataque partido tras partido.
Otra consecuencia directa es la carga de responsabilidad que cae sobre el resto de los atacantes. Futbolistas como Julián Quiñones o los extremos que acompañan en la ofensiva deben asumir un papel más protagónico, tanto en generación de juego como en definición. Sin un «9» fijo y consolidado, el equipo tiende a volverse más predecible o, por momentos, a depender demasiado de inspiraciones individuales.
En el vestidor también se resiente la baja del capitán. Más allá de su rol dentro de la cancha, Henry es una voz importante, alguien que marca la pauta en el esfuerzo, la disciplina y la mentalidad competitiva. Su ausencia obliga a que otros veteranos den un paso al frente en ese aspecto, mientras el delantero trabaja en silencio para volver a la dinámica del grupo lo antes posible.
Desde el punto de vista médico, la situación de Martín exige cuidado extremo. Las lesiones musculares recurrentes suelen ser resultado de acumulación de esfuerzos, recuperación incompleta o sobrecarga en ciertas zonas del cuerpo. Forzarlo podría derivar en una lesión más grave y en un periodo de baja mucho más largo, algo que tanto el club como el propio jugador quieren evitar a toda costa.
No es casual que el cuerpo técnico haya optado por una estrategia conservadora. En un calendario tan apretado como el de la Liga MX, con viajes, cambios de clima y partidos entre semana, la gestión de cargas físicas es clave. A corto plazo, América sufre en el marcador y en la tabla; pero a mediano y largo plazo, la prioridad es recuperar a su goleador en las mejores condiciones posibles.
Mientras tanto, la presión sobre André Jardine aumenta. Los malos resultados recientes, incluido el tropiezo en casa contra FC Juárez en el último suspiro, han encendido las alarmas alrededor del proyecto. Se empieza a cuestionar si el entrenador tiene margen de maniobra suficiente para sostener su idea de juego sin contar con piezas tan determinantes como Henry Martín y con un Zendejas entre algodones.
El propio entrenador ha intentado quitarle dramatismo a la situación, recordando que incluso clubes de élite mundial atraviesan rachas negativas, mencionando casos como el del Manchester City para subrayar que las malas etapas forman parte del futbol. Sin embargo, el entorno americanista es poco paciente y suele exigir resultados inmediatos, sin importar el número de lesionados o las circunstancias que rodean al plantel.
En lo deportivo, América enfrenta un dilema táctico. Sin su delantero titular, debe decidir si apuesta por un nueve nominal, aunque no tenga el mismo peso que Henry, o si utiliza un ataque más móvil, con varios jugadores intercambiando posiciones. Cada planteamiento tiene ventajas y riesgos: el primero ofrece presencia en el área, el segundo brinda dinamismo pero puede carecer de contundencia.
Para Zendejas, el panorama es algo más alentador, aunque tampoco exento de cautela. El mediocampista ofensivo ha sido uno de los jugadores más desequilibrantes del equipo cuando está sano, por lo que la idea es irlo reinsertando progresivamente. Su participación desde la banca, solo en caso necesario, busca que recupere ritmo competitivo sin exponerlo a una recaída.
En términos anímicos, tanto Zendejas como Henry atraviesan un momento complejo. Cualquier futbolista de élite sufre cuando no puede ayudar a su equipo en la cancha. En el caso del capitán, la frustración es doble: además de la responsabilidad de portar el gafete, carga con la expectativa de ser una de las figuras del campeonato. El reto será canalizar esa frustración en motivación para su regreso.
Mirando hacia lo que viene, el calendario de América no da tregua. Cada jornada en la Liga MX puede significar escalar posiciones o profundizar la crisis. La recuperación de su goleador se vuelve, entonces, una prioridad estratégica: contar con Henry en la parte decisiva del torneo puede marcar la diferencia entre pelear por el título o conformarse con un papel secundario.
Por ahora, el mensaje oficial es claro: no habrá prisas con Henry Martín. Se trabajará paso a paso, evaluando su evolución día a día y evitando cualquier precipitación. En cuanto a Zendejas, su presencia en la banca ante FC Juárez es una señal de que está cerca del regreso total, aunque solo una valoración constante permitirá determinar cuándo podrá volver a ser titular sin restricciones.
En resumen, América afronta un tramo clave del campeonato con su capitán fuera de combate y con uno de sus mejores mediocampistas aún lejos de su mejor forma. La gestión de estas ausencias, la capacidad de respuesta del plantel y las decisiones de André Jardine en lo táctico y en lo emocional serán determinantes para definir si el equipo logra sobreponerse a la adversidad o si la crisis se prolonga. Mientras tanto, la afición deberá acostumbrarse, al menos por unos partidos más, a ver a su goleador desde la tribuna y no en el césped.