André Jardine estalla por penal no marcado al América: «Este clásico lo decidió el VAR»
La derrota del América en el Clásico Capitalino ante Pumas dejó algo más que un marcador de 1-0. André Jardine, técnico de las Águilas, salió de Ciudad Universitaria visiblemente molesto con el arbitraje y, sobre todo, con el uso del VAR, al considerar que su equipo fue perjudicado en una jugada clave en los minutos finales.
El entrenador aceptó que el penal señalado a favor de Pumas en el tiempo agregado estuvo bien sancionado, pero denunció que, con el mismo criterio, César Arturo Ramos debió marcar una mano en el área universitaria que habría significado una pena máxima para el América. Para el brasileño, esa diferencia de criterio terminó inclinando la balanza en un duelo que, en su opinión, había sido parejo.
La acción que encendió la polémica ocurrió en el cierre del encuentro. Tony Leone intentó despejar el balón con la cabeza dentro del área, pero la pelota terminó impactando en su brazo izquierdo. De inmediato, los jugadores azulcremas rodearon al silbante exigiendo penal, convencidos de que la mano era evidente. Sin embargo, ni el árbitro central ni el VAR consideraron que hubiera infracción, y poco después se decretó el final del encuentro sin revisar la jugada a fondo en la pantalla.
Jardine no ocultó su frustración al analizar el desarrollo del partido. Desde su perspectiva, América había logrado controlar buena parte del juego, sin demasiada brillantez ofensiva, pero también sin pasar grandes sobresaltos atrás, por lo que sentía que lo más justo era un empate. «Tuvimos el control del juego, generando poco, pero sufriendo muy poco también», explicó. «Es frustrante porque en un clásico donde sufrimos lo mínimo teníamos que irnos, como mínimo, con el empate».
El técnico fue claro al separar ambas acciones dentro del área. No cuestionó la decisión del penal que le dio el 1-0 a Pumas en los instantes finales, pero insistió en que el reglamento debía aplicarse con la misma vara en las dos porterías. «Para mí, el penal para Pumas fue bien marcado, pero el árbitro tiene que darnos el segundo penal a nosotros, fue una mano clarísima. Infelizmente, fue un clásico equilibrado decidido por el VAR», sentenció.
Sus declaraciones abrieron un nuevo capítulo en la eterna discusión sobre el videoarbitraje. Jardine no atacó la existencia del VAR como herramienta, pero sí puso en la mesa el tema de la consistencia en su uso: por qué una jugada se revisa hasta el extremo y otra, aparentemente similar, no amerita ni siquiera un análisis más profundo. Desde su óptica, esa falta de uniformidad cambia partidos, estados de ánimo y hasta el rumbo de un torneo.
Más allá de la controversia arbitral, el estratega brasileño también hizo autocrítica y contextualizó la derrota. Recordó que en un club como América, los clásicos tienen un peso emocional particular, pero insistió en que, numéricamente, siguen valiendo lo mismo que cualquier otro encuentro de temporada regular. «El torneo no se termina en la Fecha 10, 12 o 14, se termina en la Liguilla, donde tenemos que estar bien para competir y ver quién es el mejor», subrayó.
Jardine destacó que su equipo, desde su llegada, ha ganado más clásicos de los que ha perdido, y que esa estadística no debe borrarse por un tropiezo, por doloroso que sea. «Hemos ganado muchos más clásicos de los que hemos perdido, pero también hay que saber perder. No podemos ganar todos los clásicos», reflexionó. Aun así, admitió que caídas como la sufrida ante Pumas duelen de manera especial en Coapa.
En su discurso, el entrenador insistió en la importancia de ser pragmáticos: más allá del ruido mediático y del golpe anímico, este tropiezo suma apenas tres puntos menos en la tabla general. Desde esa lógica, su mensaje al vestidor es claro: digerir rápido el golpe, aprender de los errores y enfocarse en lo que viene. «Nos duele más perder partidos como estos, pero valen solo tres puntos; en ese aspecto hay que ser prácticos», recalcó.
El manejo de la derrota también forma parte de la identidad que Jardine quiere consolidar en América. En su visión, el equipo no puede quedarse anclado en la polémica ni en la queja permanente cada vez que un arbitraje es discutible. Por eso, aunque levantó la voz por la jugada de la mano, dejó claro que internamente el foco estará en mejorar el funcionamiento, recuperar contundencia y llegar en el mejor momento posible a la fase final.
El contexto deportivo también ayuda a entender el enojo. América llegaba al Clásico Capitalino con la etiqueta de favorito y con la presión de confirmar su condición de candidato al título. Perder en la última jugada, a través de un penal y con otra acción dudosa en el área rival sin sancionar, alimenta la sensación de injusticia en el entorno azulcrema. Para la afición, el reclamo de Jardine conecta con la percepción de que, en partidos decisivos, los pequeños detalles suelen jugar en contra.
Sin embargo, el propio técnico sabe que construir el discurso únicamente sobre el arbitraje es un arma de doble filo. En sus declaraciones también dejó entrever la necesidad de generar más futbol, de producir más ocasiones claras y de no depender únicamente de decisiones externas para resolver un clásico. Controlar el juego «generando poco» no basta cuando enfrente hay un rival que pelea cada balón como si fuera el último y que aprovecha al máximo las oportunidades que se le presentan.
De cara a lo que viene, el cuerpo técnico tendrá que trabajar en dos frentes: el anímico y el futbolístico. En lo mental, la misión será transformar la molestia por el arbitraje en motivación para los siguientes compromisos, evitando que el equipo se quede atrapado en la narrativa del agravio. En lo táctico, será clave ajustar detalles en la creación de juego, la circulación de la pelota en tres cuartos de cancha y la definición, para que el dominio territorial se traduzca en goles y no solo en sensaciones de control.
El episodio también reaviva el debate sobre qué tipo de relación quieren los clubes con el VAR. Algunos entrenadores piden que intervenga menos y permita que fluya más el juego; otros, como en este caso, reclaman que se utilice de manera pareja, revisando todas las jugadas clave, sin importar si es el minuto 5 o el 95, ni quién es el equipo local o el visitante. La tecnología, por sí sola, no elimina la polémica: solo la traslada a otro nivel, en el que las decisiones se revisan cuadro por cuadro.
Para la directiva y el entorno americanista, las palabras de Jardine también envían un mensaje hacia la Comisión de Árbitros: se exige mayor claridad en los criterios de mano dentro del área, una mejor comunicación de los protocolos de revisión y, sobre todo, la sensación de que en partidos de alto impacto mediático no hay espacio para interpretaciones tan dispares en acciones muy similares.
Mientras tanto, el América debe seguir su camino en el torneo. La derrota en el Clásico Capitalino no define su temporada, pero sí marca un punto de inflexión: recuerda que, aun siendo uno de los planteles más poderosos, no está exento de errores propios ni de decisiones arbitrales controvertidas. La respuesta del equipo en los próximos encuentros será clave para saber si este revés queda como una simple anécdota amarga o como el inicio de un bache más profundo.
Jardine, fiel a su estilo, combinó la queja puntual con un mensaje de calma y de enfoque en el objetivo mayor: llegar pleno a la Liguilla y competir por el título. En su lectura, los clásicos se ganan y se pierden, los árbitros aciertan y se equivocan, pero lo que realmente pesa al final del torneo es la capacidad de reaccionar, corregir y mantenerse en la parte alta de la tabla pese a noches tan frustrantes como la vivida ante Pumas.