«Si estamos aquí es porque tenemos calidad». Con esa frase, Mateus Fernandes resumió el orgullo que siente por el llamado de su excompañero Paulinho a la Selección de Portugal. El mediocampista del West Ham, formado en el Sporting de Lisboa, no dudó en aplaudir la convocatoria del goleador de Toluca, quien fue incluido de última hora en la lista del combinado luso rumbo a los próximos compromisos internacionales.
La citación de Paulinho llegó tras las bajas de Rafael Leão y Rodrigo Mora, lo que abrió la puerta para que el tricampeón de goleo en la Liga MX recibiera una oportunidad esperada desde hace tiempo. Lejos de verlo como una simple solución de emergencia, Mateus lo interpreta como un reconocimiento a un futbolista que ha demostrado, en Portugal y en México, que su rendimiento no es casualidad.
Fernandes, que coincidió con Paulinho en el Sporting entre 2021 y 2024 en distintos periodos, recordó su convivencia con el atacante, mezclando anécdotas con elogios. Contó entre risas que, en los entrenamientos, el delantero no se guardaba nada.
«Solía darme algunos golpes en las prácticas; me pegaba fuerte», comentó, dejando ver el carácter competitivo del atacante. Pero enseguida matizó: «Eso también mostraba su intensidad y su ambición. En el Sporting demostró su calidad, se fue a México y sigue demostrándola».
Según Mateus, ese camino es el mejor argumento para justificar la presencia de Paulinho en la selección absoluta: «Si estamos aquí, es porque tenemos calidad, y él es otro jugador que nos ayudará. No se llega a este nivel sólo por una buena temporada; hay un trabajo de años detrás».
El mediocampista reconoció que, tras dejar el Sporting, perdió el contacto directo con Paulinho, pero nunca le perdió la pista futbolística. Desde Inglaterra, fue siguiendo sus actuaciones con Toluca, sobre todo sus registros goleadores en el futbol mexicano. Para Fernandes, el salto desde la Liga MX a la Selección de Portugal es una prueba de que el nivel fuera de Europa también puede ser un escaparate real para el jugador portugués.
En rueda de prensa, a pocos días del amistoso ante la Selección Mexicana, Mateus no solo habló de su excompañero, sino también de su propia situación. Se definió como un jugador «más maduro, tanto dentro como fuera del campo» y dejó claro que esta Fecha FIFA la vive como una oportunidad decisiva: «Estoy aquí para intentar ir al Mundial de 2026. Para lograrlo tengo que hacer las cosas bien cada día, en mi club y con la selección».
El caso de Paulinho se ha convertido en uno de los temas de conversación alrededor del equipo portugués, no solo por su repentina inclusión, sino por la peculiaridad de su trayectoria. No es habitual que un tricampeón de goleo en México reciba un llamado de una selección europea grande, lo que genera curiosidad sobre cómo se adaptará su estilo de juego a las exigencias del combinado nacional.
Hasta ahora, el delantero de Toluca suma apenas tres partidos con la Selección Mayor de Portugal. Debutó el 11 de noviembre, en un amistoso ante Andorra que terminó 7-0. Esa noche fue su presentación soñada: firmó un doblete y se ganó un primer foco mediático. Posteriormente tuvo minutos en la UEFA Nations League frente a Francia y Croacia, con participaciones de 5 y 13 minutos, respectivamente, aunque sin encontrar el gol en esos compromisos.
Más allá de los números, el entorno de la selección valora que Paulinho llegue en plenitud de confianza, sostenida por su rendimiento con Toluca. Ser tricampeón de goleo en una liga tan exigente físicamente como la mexicana no se logra por azar. Su olfato en el área, su capacidad para generarse espacios y su fortaleza en el juego aéreo son atributos que la estructura técnica de Portugal considera útiles, sobre todo en partidos cerrados donde se necesita un rematador puro.
El elogio de Mateus Fernandes también pone sobre la mesa un tema de fondo: la globalización de las carreras de los futbolistas portugueses. Hace algunos años resultaba impensable que un jugador que brillara en México tuviera una puerta abierta en la selección lusa. Hoy, el seguimiento de los cuerpos técnicos es mucho más amplio y detallado, y se valoran las actuaciones sin importar el continente en el que se compita. Paulinho, con sus actuaciones en Toluca, se convierte en un ejemplo de que destacarse fuera de Europa ya no implica quedar fuera del radar.
Para el propio vestuario portugués, contar con un delantero que viene de una liga distinta también significa sumar matices tácticos. El ritmo, la intensidad y las características defensivas que se enfrentan semana a semana en la Liga MX obligan a los atacantes a aprender a jugar con poco espacio y a tomar decisiones rápidas. Esa experiencia puede traducirse en recursos valiosos cuando Portugal enfrente rivales que se encierren atrás o que planteen duelos físicos intensos.
En el plano personal, el reconocimiento público de un excompañero como Mateus tiene un peso especial. Quienes compartieron vestidor saben de primera mano qué sucede en el día a día: cómo entrenas, cómo compites, cómo reaccionas ante la presión. Que Fernandes subraye la «calidad» de Paulinho y lo describa como un futbolista que sigue creciendo refuerza la percepción de que no se trata de un llamado circunstancial, sino de un paso lógico en su evolución.
De cara al Mundial 2026, tanto Paulinho como Mateus ven en esta etapa de partidos amistosos y torneos previos una especie de laboratorio y vitrina. Para el delantero, cada minuto que tenga con la camiseta de Portugal será una oportunidad para demostrar que sus cifras goleadoras en México pueden trasladarse a la élite competitiva de selecciones. Para el mediocampista del West Ham, consolidarse en la rotación del equipo nacional es la meta inmediata, con la mirada puesta en llegar al máximo torneo de selecciones en su madurez futbolística.
Otro aspecto relevante es el impacto que este tipo de convocatorias puede generar en la percepción del futbol mexicano desde Europa. El hecho de que un goleador de la Liga MX se gane un lugar en una selección como la portuguesa puede abrir la puerta para que más clubes europeos miren hacia ese mercado con menos prejuicios. Si el rendimiento de Paulinho en la selección es positivo, su caso podría convertirse en un precedente que beneficie a otros futbolistas que hoy destacan en México.
Para Paulinho, este llamado también es una recompensa simbólica a su perseverancia. Tras competir en Portugal y luego emigrar a un entorno completamente distinto como el mexicano, adaptarse no solo al estilo de juego, sino al entorno cultural y a la presión de ser goleador extranjero, no es sencillo. Sin embargo, sus títulos de campeón de goleo con Toluca muestran que no solo se adaptó, sino que se convirtió en referencia del equipo y de la liga.
En el entorno técnico de la selección lusa se percibe que la competencia por el puesto de delantero centro será feroz. Portugal cuenta con una mezcla de atacantes jóvenes y experimentados, algunos con recorrido en grandes ligas europeas y otros emergiendo desde escenarios menos tradicionales. En ese contexto, cualquier jugador que llegue con cifras contundentes y respaldo de sus excompañeros, como es el caso de Paulinho con los elogios de Mateus, se anota puntos en la lucha interna.
Finalmente, las palabras de Fernandes resumen la esencia del momento que vive el grupo portugués: un vestuario lleno de talento, donde nadie tiene el lugar asegurado y donde cada convocatoria es un examen continuo. «Si estamos aquí, es porque tenemos calidad», insistió el mediocampista. La frase, pensada para su excompañero, también funciona como declaración colectiva: en la selección no hay espacio para la complacencia; solo se abre la puerta a quienes demuestran, día a día, que pueden marcar la diferencia. Paulinho ya la marcó en México. Ahora le toca intentar hacerlo con la camiseta de Portugal.