Roberto martínez y el tri: cómo las “vacaciones” abrieron la puerta a portugal

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«Se fueron de vacaciones y apareció Portugal»: la insólita razón por la que Roberto Martínez no llegó al Tri

La Selección Mexicana pudo haber tomado un rumbo completamente distinto tras el fracaso en Qatar 2022. En lugar de pasar por el breve ciclo de Diego Cocca, el interinato triunfal pero efímero de Jaime Lozano y la posterior llegada de Javier Aguirre, el banquillo del Tri pudo haber quedado en manos de Roberto Martínez, hoy técnico de la poderosa Portugal. Sin embargo, una mezcla de indecisión y «vacaciones» en la Federación Mexicana de Futbol terminó por alejar al estratega español-belga del futbol mexicano.

Después de la eliminación de México en Fase de Grupos en la Copa del Mundo de Qatar 2022 y la salida de Gerardo «Tata» Martino, la FMF quedó obligada a replantear por completo el proyecto rumbo al Mundial 2026. Sobre la mesa hubo varios nombres de peso, y uno de los que más seducía era justamente el de Roberto Martínez, entonces seleccionador de Bélgica. El plan, según se reveló en la mesa de análisis de La Última Palabra, era hacer una transición rápida y aprovechar que el entrenador quedaba libre al terminar el año.

El vínculo de Martínez con la Selección de Bélgica concluyó formalmente el 31 de diciembre de 2022. A partir de esa fecha, el técnico estaba disponible para negociar su futuro y, de acuerdo con las versiones que han salido a la luz, veía con buenos ojos la idea de dirigir a México. No sólo existía interés de la FMF: desde el entorno del estratega también había apertura para sentarse a hablar y escuchar una propuesta concreta.

Raoul «Pollo» Ortiz relató en el programa cómo se desmoronó esa posibilidad. Según su versión, tras el fracaso mundialista, en lugar de reaccionar con rapidez, en la Federación y en el entorno de la Selección se otorgaron alrededor de 60 días de vacaciones. Directivos, entrenadores y tomadores de decisiones se desconectaron en un momento clave, cuando había que definir al nuevo seleccionador y construir el proyecto de cara al Mundial que México organizará junto a Estados Unidos y Canadá.

Mientras en México se tomaban ese periodo de descanso, el tiempo empezó a jugar en contra. Sin una propuesta clara, sin negociaciones formales avanzadas y con la FMF aún sin «ponerse las pilas» del todo, el mercado se movía. Roberto Martínez, libre tras su etapa con Bélgica y todavía con prestigio internacional a pesar del discreto Mundial, comenzó a recibir otras ofertas. Fue entonces cuando apareció la Federación Portuguesa de Futbol con un proyecto sólido, ambicioso y, sobre todo, inmediato.

Ortiz explicó que el objetivo inicial, antes de que se eligiera a Diego Cocca, sí era Roberto Martínez. Hubo contacto, hubo conversaciones preliminares y el técnico contestó que le interesaba seguir dialogando. Todo apuntaba a que México podía cerrar un acuerdo si actuaba con velocidad. Sin embargo, ese impulso se diluyó entre retrasos internos, análisis prolongados y el ya mencionado periodo vacacional que congeló decisiones en el momento menos oportuno.

La oportunidad se terminó de esfumar el 9 de enero de 2023, cuando la Selección de Portugal anunció de forma oficial a Roberto Martínez como su nuevo director técnico. Para entonces, la FMF seguía en pleno proceso de deliberación sobre el futuro del banquillo mexicano. Mientras en Lisboa se daba un golpe de autoridad amarrando a un entrenador de talla internacional, en México todavía no había una definición clara, más allá de nombres que sonaban y de intenciones que nunca pasaron a acciones concretas.

Ante la imposibilidad de competir con la oferta portuguesa, el Tri terminó recurriendo a opciones que parecían más al alcance. Primero se nombró a Diego Cocca, una apuesta que buscaba continuidad de ciertos perfiles del futbol mexicano, pero cuyo proceso terminó siendo muy corto. Después apareció Jaime Lozano, que dio un golpe positivo con el título en la Copa Oro, aunque ese impulso tampoco se consolidó a largo plazo. Finalmente, la historia condujo a la tercera etapa de Javier Aguirre con la Selección, un movimiento que, aunque aporta experiencia, deja la sensación de que se llegó a él tras una larga cadena de decisiones improvisadas.

El contraste con la realidad que hoy vive Roberto Martínez en Portugal es evidente. El técnico dirige a una de las selecciones más completas de Europa, con figuras de clase mundial y una estructura federativa que ha sabido planear a futuro. Para cualquier entrenador, rechazar la posibilidad de encabezar a Cristiano Ronaldo y una generación plagada de estrellas era casi impensable. Así lo resumieron en la mesa de análisis: cuando Portugal se metió a la carrera, «¿quién le va a decir que no?».

Este episodio ha vuelto a encender el debate sobre la gestión del futbol mexicano. Más allá del nombre de Roberto Martínez, lo que preocupa es el patrón que se repite: se detectan opciones interesantes, se habla de «proyectos de largo plazo», pero las decisiones se toman tarde, sin un plan claro y con una evidente falta de urgencia. En un entorno tan competitivo como el futbol de selecciones, descuidar semanas claves puede significar perder entrenadores o jugadores que podrían marcar diferencia durante años.

También queda sobre la mesa el tema cultural y de visión. Para un entrenador europeo acostumbrado a estructuras sólidas, análisis detallados y calendarios de trabajo muy definidos, el hecho de que una federación se tome dos meses de vacaciones justo después de un fracaso mundialista puede resultar difícil de entender. Ese tipo de señales pesan a la hora de decidir: no sólo importa el sueldo o el talento de la plantilla, sino la seriedad del entorno con el que se va a trabajar.

La pregunta que se abre ahora es inevitable: ¿cómo estaría hoy el Tri si Roberto Martínez hubiera llegado? Es imposible saberlo con certeza, pero se pueden imaginar algunos escenarios. Probablemente habría insistido en un modelo de juego más estructurado, con énfasis en la salida limpia desde el fondo, en la ocupación de espacios y en la intensidad sin balón, rasgos que caracterizaron a sus equipos en Bélgica y ahora en Portugal. Tal vez habría apostado por una renovación gradual de la plantilla, mezclando veteranos con jóvenes en un proceso ordenado y a largo plazo.

Más allá de los «hubiera», este caso deja una lección clave para el futbol mexicano rumbo al Mundial 2026, donde será anfitrión: ya no hay margen para la improvisación. Las decisiones sobre el seleccionador, el modelo de juego, la formación de talento y la calendarización de partidos deben tomarse con planificación y visión integral. Un mercado global tan dinámico no espera a nadie; los entrenadores de élite tienen varias opciones y el que duda, pierde.

En síntesis, México estuvo a un paso de contar con Roberto Martínez como director técnico tras Qatar 2022. Había interés mutuo y había contexto para concretar el fichaje. Pero la combinación de vacaciones, lentitud administrativa y ausencia de una reacción inmediata abrió la puerta a que Portugal entrara en escena y se llevara al entrenador. Lo que pudo ser un punto de inflexión para la Selección Mexicana terminó convertido en otro capítulo de oportunidad perdida, y en un nuevo recordatorio de que en el futbol moderno, el tiempo también juega… y casi siempre en contra de quien se duerme.