«Qué pena lo de Zendejas, y lo bien que le vendría al Tri». La frase, lanzada en plena mesa de debate de La Última Palabra tras el empate en el Clásico Joven, resume el sentir de varios analistas: el momento futbolístico de Alejandro Zendejas está lejos de su mejor versión, el América lo resiente en duelos clave y, al mismo tiempo, la Selección Mexicana acusa la ausencia de un jugador con sus características.
En el programa se puso bajo la lupa el presente del «10» azulcrema. No se trató de un juicio a su calidad, sino de una radiografía de su rendimiento reciente. Coincidieron en que Zendejas, que hace no tanto era uno de los elementos más desequilibrantes del equipo por banda, hoy parece menos suelto, más predecible y con menor influencia en el último tercio del campo. Su capacidad técnica sigue intacta -prueba de ello, la asistencia precisa que dio en el Clásico-, pero la sensación es que su impacto en los momentos de máxima exigencia ha disminuido.
Uno de los ejes de la discusión fue el cambio de contexto que vivió el futbolista tras ser «borrado» de la Selección de Estados Unidos. En la mesa se recalcó que Zendejas había encontrado en el conjunto norteamericano un estímulo extra: competir a nivel internacional, medirse ante otra velocidad de juego y sentirse valorado en torneos oficiales le daba un plus mental y futbolístico. A partir de que dejó de ser considerado de forma recurrente, esa dinámica de crecimiento pareció cortarse.
Para los panelistas, esa ruptura de continuidad con su selección repercute de manera directa en su club. Un jugador que alterna Liga, copas y partidos internacionales suele estar sometido a una exigencia constante, que le obliga a sostener el nivel, afinar detalles y mantener la confianza. Cuando ese escaparate se reduce, el futbolista corre el riesgo de entrar en una zona de confort o, por el contrario, de resentir el golpe anímico de sentirse desplazado. Con Zendejas, sugirieron en LUP, hay un poco de ambas cosas: menos exposición internacional y un impacto psicológico que todavía no termina de superar.
El análisis también se detuvo en el aspecto estrictamente futbolístico. Zendejas, apuntaron, ya no encara con la misma determinación que en torneos anteriores. Donde antes buscaba el uno contra uno, cambiaba de ritmo y se atrevía a pisar el área, ahora opta con mayor frecuencia por la circulación segura, el pase hacia atrás o hacia los costados. Esa ligera pero constante pérdida de agresividad ofensiva es la que provoca que luzca «más leíble» para los defensas rivales.
Aun así, nadie en la mesa cuestionó su lugar en el plantel del América. Al contrario, se reiteró que sigue siendo un jugador imprescindible en la rotación de André Jardine por su técnica, su entendimiento del juego y su capacidad para moverse entre líneas. El problema no es su aporte global, sino el estándar con el que se le mide: Zendejas ya demostró que puede ser determinante, y cuando baja un peldaño, esa variación se vuelve muy evidente en un club obligado a pelear por el título cada semestre.
Uno de los puntos que encendió más el debate fue la inevitable comparación con la Selección Mexicana. Varias voces en la mesa subrayaron la paradoja: mientras Estados Unidos prescinde de Zendejas, el Tri arrastra una notable escasez de extremos en plenitud. No sobran jugadores capaces de jugar por derecha y por izquierda, con regate, velocidad, comprensión táctica y experiencia en escenarios de alta presión. Justo el perfil que, según los analistas, ofrece Alejandro.
Esta carencia ha llevado a México en los últimos años a improvisar soluciones: interiores que son enviados a la banda, centros delanteros abiertos como extremos o futbolistas jóvenes que aún no se consolidan y a los que se les pide resolver partidos trascendentales demasiado pronto. En ese contexto, el nombre de Zendejas aparece como un recordatorio incómodo de una oportunidad desaprovechada cuando aún era elegible para el Tri.
Más allá de la cuestión de la nacionalidad deportiva, en LUP se planteó una pregunta de fondo: si hoy México pudiera contar con Zendejas, ¿sería titular? La mayoría se inclinó a pensar que, al menos por características, tendría muchas opciones de ganarse un lugar en el once inicial. Su capacidad para atacar hacia adentro, combinarse con el «9», filtrar balones y aparecer en zona de remate lo convertirían en una herramienta muy valiosa en un esquema que suele depender en exceso de los laterales para generar amplitud.
También se habló del peso emocional que implica para el jugador ver de lejos dos selecciones que, en distintos momentos, pudieron ser su casa. Con Estados Unidos fuera del radar y México sin posibilidad reglamentaria de sumarlo, Zendejas se ve obligado a enfocar toda su energía en el América. Esa situación, lejos de ser un consuelo, puede aumentar la presión interna: sabe que su escaparate principal es la Liga MX y que cada actuación es observada con lupa.
Desde la perspectiva del club, el reto es recuperar la mejor versión de su «10». En la mesa se sugirieron varios caminos: devolverle confianza con continuidad en su posición natural, liberarlo de excesivas responsabilidades defensivas para que llegue más fresco al último tercio, e incluso probarlo en zonas más centrales para aprovechar su visión de juego. La idea es clara: si Zendejas se siente protagonista, es más probable que vuelva a arriesgar, a encarar y a tomar decisiones que rompan partidos.
No faltó quien señalara que parte de esta baja relativa también pasa por la lectura de los rivales. La Liga ya «conoce» a Zendejas: saben hacia qué perfil le gusta perfilarse, cómo recorta y cuáles son sus movimientos favoritos. Cuando un extremo se vuelve predecible, la responsabilidad recae en él y en el cuerpo técnico para incorporar variantes: cambios de ritmo diferentes, diagonales sin balón, asociaciones más rápidas con los mediocampistas o incluso alternar de banda con mayor frecuencia para descolocar marcas.
En paralelo, el caso de Zendejas reabre un debate más amplio sobre la gestión de talento binacional. Los analistas subrayaron que México no puede permitirse seguir perdiendo futbolistas de este perfil, con formación en entornos competitivos y proyección internacional. No se trata solo de convencerlos con discursos, sino de ofrecerles un proyecto deportivo claro, minutos reales y confianza en los procesos de selecciones menores para que, cuando llegue la decisión final, se inclinen por el Tri.
Mirando hacia adelante, el futuro inmediato del atacante pasa por reencontrarse con esa versión atrevida y vertical que lo llevó a ser considerado por Estados Unidos y a convertirse en figura americanista. Un par de partidos de alto nivel, con goles o asistencias decisivas en liguilla, podrían cambiar la narrativa actual y devolverle esa aura de jugador desequilibrante que parecía tener asegurada.
La sensación que dejó la mesa de La Última Palabra es doble: por un lado, preocupación genuina por el bajón de Zendejas y su impacto en el América; por otro, resignación por lo que pudo haber significado para la Selección Mexicana contar con un extremo de su perfil en un momento de evidente escasez en esa zona. Entre la pena y el «qué hubiera pasado si…», el caso de Alejandro se instala como un ejemplo de cómo las decisiones de carrera, la competencia interna y la gestión de selecciones pueden marcar para siempre el destino de un futbolista.
En resumen, nadie duda de que Zendejas sigue siendo un jugador capaz de inclinar la balanza. La discusión ya no es si tiene calidad, sino cuándo y cómo volverá a mostrarla con regularidad. América lo necesita en su punto más alto, y el futbol mexicano observa, quizá con algo de nostalgia, a un extremo que hoy parece estar a medio camino entre lo que fue, lo que es y lo que pudo representar para el Tri.