«Hay otros que festejan el liderato como si fuera un campeonato». Con esa frase, Paul Aguilar encendió la polémica y apuntó directamente contra Chivas durante su participación en el programa La Última Palabra, donde también lanzó dardos a Cruz Azul y, al mismo tiempo, se mostró convencido de que el América tiene todo para ganar al menos uno de los dos títulos que disputa en esta temporada.
El exlateral, referente histórico del conjunto azulcrema y ex capitán del club, defendió con firmeza el momento de las Águilas, pese a las críticas por el nivel de juego reciente. Para Aguilar, el equipo de André Jardine no solo está vivo en ambas competencias, sino que es serio candidato a coronarse.
Durante el debate, Aguilar tuvo un encendido intercambio con Carlos Hermosillo, quien cuestionaba el rendimiento del América y ponía sobre la mesa las buenas rachas de otros equipos. El examericanista respondió sin filtros:
«Yo estoy diciendo lo que yo veo, no voy a opinar ni decir lo que tú piensas o lo que quieres que diga. Así empezó Cruz Azul y mira, ya se cayó el avioncito».
Con esa comparación, dejó claro que, a su juicio, el impulso de la Máquina se ha desinflado, mientras América se mantiene en la pelea.
Pero las críticas más fuertes llegaron cuando se tocó el tema de Chivas. Aguilar se refirió al liderato momentáneo del conjunto rojiblanco en el torneo local y lo minimizó de forma contundente:
«Hay otros que festejan el liderato como campeonato. Queda mucho torneo, queda Liguilla todavía. Tú no lo ves, yo sí veo a América campeón», soltó, en alusión directa al Guadalajara y respondiendo a Hermosillo, quien se mostraba escéptico respecto al América.
Con estas declaraciones, Aguilar dejó dos mensajes claros: por un lado, que el torneo regular no define nada y que el verdadero examen llega en la Liguilla; por otro, que el América, a diferencia de otros clubes, está acostumbrado a competir y ganar en los momentos decisivos, no solo a presumir posiciones en la tabla.
El exjugador también fue categórico al hablar del ADN competitivo del cuadro azulcrema en instancias de eliminación directa. Recordó que, históricamente, el club suele crecerse cuando se juega a «matar o morir»:
«América se crece en momentos definitorios. Históricamente es un equipo que, en el matar o morir, siempre se crece», afirmó, subrayando esa mentalidad ganadora que, según él, distingue a las Águilas de sus rivales.
Sus palabras cobran todavía más relevancia si se toma en cuenta el contexto: el América afronta el que su propio entrenador, André Jardine, calificó como «el partido más importante de la temporada» en la Concacaf Champions Cup 2026. Se trata del duelo de vuelta de los cuartos de final ante Nashville, una serie al límite en la que los capitalinos se juegan buena parte del prestigio internacional del club.
En el choque de ida, el América rescató un empate como visitante, pero se marchó sin marcar. Al no conseguir gol fuera de casa, la escuadra azulcrema quedó en una posición comprometida por la regla del gol de visitante: cualquier anotación de Nashville en el Estadio Azteca podría complicar la eliminatoria. Sin embargo, el panorama es claro: las Águilas necesitan ganar en casa para avanzar a semifinales, sin depender de cálculos complejos.
Aguilar confía en que, justo en este tipo de escenarios, aparece la mejor versión del América. Para él, es en esa clase de noches donde se diferencia un equipo grande de uno que solo atraviesa un buen momento en fase regular. Su mensaje, aunque polémico, busca reforzar la narrativa de que la presión, la exigencia y las expectativas altas son parte natural del entorno azulcrema.
El contraste con Chivas y Cruz Azul fue constante en sus declaraciones. Mientras del Rebaño Sagrado cuestionó el exceso de euforia por el liderato, de la Máquina subrayó la falta de consistencia. Su frase «ya se cayó el avioncito» apunta a una crítica recurrente: equipos que arrancan bien, generan ilusión, pero no logran sostener el ritmo cuando se acercan las instancias decisivas.
Desde la perspectiva de Aguilar, el papel del América no se mide por si termina primero, segundo o tercero en la tabla durante la fase regular, sino por los títulos que logra levantar. Y en ese sentido, remarcó que el objetivo mínimo del club es salir campeón en al menos una de las dos competencias que tiene frente a sí: la Liga MX y la Concacaf Champions Cup.
Más allá del tono provocador, sus palabras también reflejan la rivalidad histórica con Chivas. Cada vez que el Guadalajara vive un buen momento o se coloca en la parte alta de la clasificación, desde el entorno americanista suele surgir el recordatorio de que el campeonato no se entrega en la jornada 10 o 12, sino al final de la Liguilla. De ahí la ironía de Aguilar al decir que algunos «festejan el liderato como si fuera un campeonato».
Su crítica también pone sobre la mesa una realidad de la Liga MX: el formato de competencia premia más el cierre que la constancia absoluta. Un equipo puede dominar la fase regular, pero si no rinde en la Liguilla, su temporada termina siendo vista como un fracaso. Por eso, las palabras del exlateral apuntan a que la verdadera vara para medir a los grandes no es el primer puesto momentáneo, sino la capacidad de responder bajo máxima presión.
En lo táctico y futbolístico, el América llega a estos duelos con la necesidad de mejorar sensaciones, pero con la plantilla para hacerlo. Aguilar, conocedor del vestidor azulcrema y de la exigencia del entorno, parece confiar más en la fortaleza mental del grupo que en los altibajos de juego que se han visto en algunos encuentros. Para él, el peso de la camiseta y la historia reciente del club en instancias definitorias inclinan la balanza a favor de los de Jardine.
El mensaje hacia la afición también es claro: paciencia en los momentos de duda, pero también exigencia máxima. Aguilar no niega que el equipo pueda atravesar baches futbolísticos, pero insiste en que el verdadero juicio debe hacerse cuando lleguen los partidos clave de Liguilla y las rondas finales de Concacaf. Ahí, sostiene, el América suele transformarse.
Por otro lado, sus declaraciones ponen presión adicional sobre Chivas, un club que en los últimos años ha alternado buenas rachas con eliminaciones dolorosas. Si el Guadalajara no logra capitalizar su buen paso con un título, frases como la de Aguilar serán utilizadas para cuestionar si el equipo se conforma con lideratos pasajeros o si está listo para dar el salto definitivo.
En el caso de Cruz Azul, la mención al «avioncito» que se cayó refleja la percepción de que la Máquina aún arrastra el estigma de la irregularidad, pese a haber roto hace poco su larga sequía de títulos. Para Aguilar, no basta con destacar algunas jornadas: la verdadera prueba es sostener el rendimiento cuando el margen de error desaparece.
Al final, las palabras de Paul Aguilar funcionan en varios niveles: alimentan la rivalidad con Chivas, avivan la competencia con Cruz Azul y, al mismo tiempo, refuerzan la identidad del América como club acostumbrado a vivir bajo la lupa, donde el único resultado realmente aceptable es ser campeón. Entre burlas, comparaciones y pronósticos, el exlateral dejó clara su postura: el liderato es un paso, el título es el objetivo, y él ve a las Águilas en condiciones de conseguirlo.