Hugo Sánchez asegura que estuvo muy cerca de convertirse en el primer futbolista de la historia en disputar seis Copas del Mundo. Según el propio Pentapichichi, no fue una cuestión de talento ni de preparación, sino de circunstancias ajenas a él: «No pude, no me dejaron», resume con amargura al recordar los episodios que truncaron ese objetivo.
El exdelantero del Real Madrid y de la Selección Mexicana recordó que su carrera estaba perfectamente encaminada para alcanzar esa marca que hoy presume Guillermo Ochoa, quien está nominado a su sexto Mundial, algo que solo comparten figuras de la talla de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Sin embargo, Hugo señala que factores externos, decisiones dirigenciales y situaciones administrativas le cerraron esa puerta que él creía tener ganada en la cancha.
Sánchez explicó que, desde joven, se preparó física y mentalmente para sostener una carrera larga al máximo nivel. Para él, disputar seis Mundiales no era una fantasía, sino un plan de vida. Pero la no participación de México en España 1982 y el escándalo de los cachirules rumbo a Italia 1990 rompieron esa proyección. México quedó fuera de aquellas ediciones, y con ello se esfumaron dos oportunidades que habrían cambiado por completo su historia personal y los registros del futbol mundial.
«Siempre les digo a los jugadores que aprovechen cada Mundial como si fuera el último, porque nunca sabes cuántas Copas del Mundo te van a tocar. Yo estaba listo para estar en seis, pero no pude, no me dejaron por situaciones de terceros», comentó el exgoleador. En sus palabras se percibe una mezcla de resignación y reclamo hacia quienes tomaron las decisiones que afectaron a toda una generación de futbolistas mexicanos.
En cuanto al logro de Guillermo Ochoa, Hugo Sánchez no esconde su orgullo. El Macho reconoce que ver a un compatriota compartir lista con Cristiano Ronaldo y Lionel Messi lo llena de satisfacción, aunque también despierta en él la sensación de que esa hazaña pudo haber sido suya desde hace décadas. «Me encanta que Memo Ochoa esté haciendo historia deportiva. Que esté en una lista con Cristiano Ronaldo y Leo Messi, y que un mexicano forme parte de ese grupo, me enorgullece mucho. Me hubiera gustado ser yo el primero en llegar a seis Mundiales, antes que Memo, pero agradezco a la gente que aún me tiene como referente», explicó.
Esa mezcla de orgullo y nostalgia resume bien la postura de Hugo: se alegra por Ochoa y por el futbol mexicano, pero al mismo tiempo siente que le arrebataron la posibilidad de dejar una huella todavía más profunda en los libros de récords. Para alguien obsesionado con competir y ganar, como fue siempre el Pentapichichi, no haber podido pelear ese registro en igualdad de condiciones deja una espina clavada.
Más allá de su etapa como jugador, Sánchez también arrastra una deuda personal con los Mundiales desde el banquillo. Confiesa que otra herida abierta es no haber dirigido a México en una Copa del Mundo. Asegura que, a diferencia de lo que ocurrió con otras leyendas en sus países, a él no se le dio la misma confianza ni continuidad como seleccionador. «Yo no tuve el apoyo para estar como entrenador en un Mundial. En cambio, a Diego Maradona sí se lo dieron en Argentina. Es un mensajito que dejo por ahí, un recordatorio», comentó.
Con esa comparación, Hugo subraya una sensación recurrente en su discurso: la idea de que el futbol mexicano no ha sabido capitalizar ni proteger a sus grandes figuras históricas del mismo modo que lo hacen otras potencias. En su opinión, así como Argentina respaldó a Maradona pese a las dudas y polémicas, México pudo haber apostado por su figura para liderar un proyecto de largo plazo con miras a una Copa del Mundo.
Sánchez recuerda con especial frustración el proceso rumbo a 2010. Después de ganar un bicampeonato con Pumas y tener pasos posteriores por otros clubes, asumió el reto de dirigir al Tri con la ilusión de llevarlo a un Mundial desde el banquillo. Sin embargo, su etapa con la Selección fue corta y terminó abruptamente tras el fracaso en la clasificación a los Juegos Olímpicos de 2008. A partir de ese momento, percibió que el respaldo institucional se diluyó y que sus opciones de volver a dirigir al combinado nacional prácticamente desaparecieron.
«Ya no tengo tanta ilusión como antes, porque en México no se me apoyó con la Selección. Me hubiera encantado estar en la Copa del Mundo de 2010 porque era la que me correspondía. Como entrenador, tengo más respaldo en otros países que en México», señaló. Sus palabras reflejan una sensación de desencanto: el máximo referente del futbol mexicano siente que fuera de su país se valora mejor su trayectoria en los banquillos que en casa, pese a los logros obtenidos a nivel local.
En su etapa como técnico, Hugo Sánchez fue bicampeón con Pumas, algo que muy pocos entrenadores han logrado en el futbol mexicano moderno. Ese logro reforzó la imagen de un líder exigente, competitivo y con un estilo muy particular de manejar los vestidores. Luego tuvo un paso discreto por Pachuca y, más tarde, tomó a la Selección Nacional. Aunque el proceso no terminó bien, él insiste en que un proyecto más largo le habría permitido madurar como seleccionador y construir un equipo competitivo para un Mundial.
El caso de Hugo también abre una discusión más amplia sobre la gestión del futbol en México. Sus declaraciones invitan a reflexionar sobre cuántas oportunidades se han desaprovechado por decisiones administrativas, suspensiones, sanciones o proyectos interrumpidos a mitad del camino. Los episodios de 1982 y 1990 no solo afectaron a Sánchez, sino a toda una generación que pudo haber dado un salto de calidad en escenarios mundiales y consolidar al Tri en un nivel más alto.
Si se hace un ejercicio de imaginación, es fácil dimensionar el impacto que habría tenido ver a Hugo Sánchez presente en seis Mundiales. Hablamos de uno de los delanteros más letales de los años 80, varias veces goleador en España, ídolo del Real Madrid y figura en la historia del futbol mundial. Su presencia constante en Copas del Mundo habría multiplicado la visibilidad de México, hubiera reforzado el prestigio del jugador nacional y quizás habría cambiado la percepción internacional sobre el nivel competitivo del Tri.
En este contexto, el récord al que se aproxima Guillermo Ochoa adquiere todavía más relevancia. Memo ha construido una carrera larga, con actuaciones memorables en Mundiales, especialmente en 2014 y 2018, donde se convirtió en símbolo de resistencia y seguridad bajo los tres palos. Para Hugo, ver este tipo de continuidad es una reivindicación del potencial del futbolista mexicano cuando se le acompaña con procesos serios y se dispone de cierta estabilidad alrededor de la Selección.
Otro punto que se desprende del discurso de Sánchez es su relación con la afición. Pese a las controversias que siempre lo han rodeado por su carácter frontal y su enorme autoconfianza, una parte importante del público lo sigue reconociendo como el mejor futbolista mexicano de todos los tiempos. Él mismo agradece que, a pesar de no haber alcanzado algunos de los objetivos que se planteó, continúe siendo un referente para nuevas generaciones de jugadores y fanáticos.
Hugo también ha aprovechado su tribuna como analista para lanzar mensajes a los futbolistas actuales: los insta a entender que la carrera es corta, que los Mundiales no están garantizados para nadie y que una lesión, una mala decisión federativa o un escándalo pueden tirar por la borda años de trabajo. Su propia historia, marcada por esos Mundiales ausentes, se ha convertido en ejemplo de cómo incluso una superestrella puede quedarse sin escribir capítulos que parecían seguros.
Además, sus declaraciones vuelven a poner sobre la mesa la importancia de construir proyectos a largo plazo en la Selección Mexicana. Para evitar repetir historias de frustración, se requiere una planeación que proteja a las generaciones talentosas y les permita llegar en plenitud a las grandes citas. El récord de Ochoa, y el récord que Hugo cree haber tenido en las manos, son dos caras de una misma moneda: cuando hay continuidad se hacen historia y marcas; cuando la hay menos, quedan solo las hipótesis y los «hubiera».
Por último, el sentimiento de Hugo Sánchez refleja también una tensión permanente entre el reconocimiento internacional y el nacional. En otros países se le valora como símbolo del Real Madrid, pionero latinoamericano en Europa y figura del gol a nivel mundial. En México, en cambio, él siente que ese reconocimiento se diluye cuando se trata de darle responsabilidades en el banquillo o integrarlo en los proyectos estructurales del futbol local. Esa diferencia de valoración es, quizá, una de las causas de la distancia emocional que hoy se percibe entre la leyenda y las autoridades del balompié mexicano.
En resumen, detrás de la frase «no pude, no me dejaron» hay una vida deportiva marcada tanto por el éxito como por las oportunidades perdidas. Hugo Sánchez mira hacia atrás y ve títulos, goles y récords, pero también visualiza los Mundiales que no jugó, el torneo que no dirigió y el récord que nunca pudo registrar oficialmente. Y aunque aplaude con sinceridad lo que Guillermo Ochoa está por conseguir, no deja de lamentar que la historia del primer futbolista con seis Copas del Mundo, según él, pudo haber llevado su nombre.
