Mikel arriola y el reto del futbol mexicano: cambiar la mentalidad y apostar por europa

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Mikel Arriola lo tiene claro: si el futbol mexicano quiere competir de verdad en la élite mundial, debe cambiar de mentalidad y apostar decididamente por Europa. A meses de que arranque la Copa del Mundo 2026, el comisionado del futbol mexicano y presidente de la Liga MX reconoce que uno de los grandes pendientes del balompié nacional es la escasa cantidad de jugadores que dan el salto al Viejo Continente y se mantienen ahí como protagonistas.

El dirigente admite que el contexto local no ayuda: la Liga MX paga bien, ofrece estabilidad y coloca a muchos futbolistas en una zona de confort que reduce el incentivo para arriesgarse. Ante ese escenario, Arriola plantea una estrategia clara: acercarse a clubes y jugadores para convencerlos de que, aunque en el corto plazo pueda parecer un mal negocio, irse a Europa es una apuesta ganadora para la carrera individual, para los equipos y, sobre todo, para la Selección Mexicana.

Uno de los grandes obstáculos, explica, está en el terreno administrativo. A diferencia de otros países de la región, México no cuenta con una gran cantidad de futbolistas que puedan aprovechar pasaportes comunitarios. Mientras jugadores sudamericanos con ascendencia europea llenan plazas como comunitarios y facilitan sus fichajes, los mexicanos suelen ocupar sitios de extracomunitarios, lo que incrementa las exigencias deportivas y económicas que les imponen los clubes europeos.

«Tenemos barreras de salida muy claras porque, al no contar con pasaportes comunitarios de forma masiva, la mayoría de los que se van lo hacen bajo la figura de préstamo y con condiciones más complicadas», explica Arriola. Por eso, subraya, es crucial detectar y aprovechar los pocos casos en los que sí existen esos pasaportes, para que se conviertan en puertas de entrada y, a la vez, en ejemplos que inspiren a otros.

Al mismo tiempo, el dirigente insiste en que la solución no pasa solamente por trámites migratorios o negociaciones aisladas. Para él, es indispensable un cambio cultural dentro de la propia Liga MX. «Necesitamos involucrarnos mucho más con los clubes para que, cuando llegue el momento de que un jugador salga, todos estén convencidos de que, en términos de valor presente y futuro, es mejor irse a Europa que quedarse aquí firmando un contrato más alto», apunta.

Arriola recurre a los casos más visibles de los últimos años: futbolistas que salieron a Europa apostando por su desarrollo, soportando sueldos iniciales más bajos, adaptación complicada y mucha competencia, pero que con el tiempo lograron contratos de mayor valor y un impacto real en la Selección. Esa trayectoria, asegura, prueba que el beneficio no solo es económico, sino también deportivo y mediático: un jugador consolidado en Europa aumenta la exposición de la Liga MX, revaloriza el producto y eleva la vara competitiva para todos.

En este contexto, el presidente de la Liga MX considera que es fundamental que los clubes entiendan el negocio a largo plazo. Vender o prestar a un jugador joven a Europa puede significar, en un primer momento, ingresar menos dinero que con un traspaso dentro de México; sin embargo, si ese futbolista se consolida, sus posteriores ventas, bonos de rendimiento y plusvalía terminan generando más ganancias que cualquier operación doméstica. Además, los equipos formadores fortalecen su reputación internacional y se vuelven más atractivos para nuevos talentos.

Otro punto central que plantea Arriola es el impacto directo en la Selección Nacional. Una base de futbolistas que compiten semana a semana en las mejores ligas del mundo eleva el nivel colectivo, incrementa la exigencia interna y permite que el combinado mexicano llegue con más armas a Copas del Mundo y torneos oficiales. Dejar de depender casi exclusivamente de la Liga MX y ampliar el universo de seleccionables en Europa es, a su juicio, una condición indispensable si México quiere superar sus constantes tropiezos en instancias decisivas.

Paralelamente al tema de la exportación, Arriola ofrece un panorama alentador sobre otro de los asuntos que han marcado al futbol mexicano en los últimos años: la multipropiedad. El dirigente asegura que este modelo, cada vez más cuestionado, está viviendo su recta final y que ya hay avances concretos para ponerle punto final en un plazo cercano.

De acuerdo con el presidente de la Liga MX, en la temporada 2025-2026 se habrá resuelto la mitad del problema. Ya se consumaron dos ventas: una de ellas la de Querétaro y otra que, según detalla, involucraría al Mazatlán con el Atlante. Además, se encuentran en proceso otras dos desinversiones ligadas a grupos empresariales como Pachuca y Orlegi, lo que abre la puerta a una estructura más limpia en términos de propiedad de los clubes.

Arriola sostiene que la Federación Mexicana de Futbol trabaja con un horizonte de corto plazo para eliminar la multipropiedad y avanzar hacia un modelo en el que cada equipo tenga un solo dueño o grupo de control claramente definido. Para él, esta transformación no solo es un compromiso regulatorio, sino también una condición para mejorar la credibilidad del campeonato, prevenir conflictos de interés y fortalecer la competencia interna.

La desaparición gradual de la multipropiedad se enlaza, además, con el objetivo de internacionalizar más la Liga MX. Al diversificar dueños y profesionalizar las estructuras de gestión, se espera atraer inversionistas con una visión más global, interesados en desarrollar proyectos deportivos que contemplen academias, redes de scouting y alianzas con clubes europeos. Esa red de colaboración podría traducirse en más ventanas de salida para jugadores jóvenes mexicanos.

Otro aspecto que Arriola pone sobre la mesa es la necesidad de redefinir la relación contractual con los futbolistas. Mientras las cláusulas de rescisión se sigan fijando en cifras poco realistas para el mercado europeo, y los salarios domésticos mantengan una brecha tan amplia, muchos jugadores preferirán quedarse en México. Por ello, el dirigente apuesta por esquemas más flexibles: contratos escalonados, acuerdos con porcentajes de futuras ventas y estructuras que repartan el riesgo entre club y jugador.

Este replanteamiento contractual iría de la mano de una estrategia de formación diferente. No se trata solo de producir jugadores técnicamente dotados, sino de preparar perfiles completos que respondan a lo que buscan los clubes europeos: intensidad, disciplina táctica, capacidad física, fortaleza mental y dominio de idiomas. La intención es que el jugador mexicano, cuando llegue a Europa, no solo compita sino que se adapte rápidamente y genere un efecto contagio en otros futbolistas nacionales.

En ese sentido, Arriola ha insistido en promover una mayor interacción con directores deportivos y entrenadores de ligas europeas para entender de primera mano qué perfiles se requieren y cómo debe adecuarse el trabajo en fuerzas básicas. El objetivo es que el sistema mexicano deje de producir futbolistas solo para su propia liga y comience a hacerlo pensando en un mercado global, donde la movilidad internacional es regla, no excepción.

El dirigente también subraya la importancia de la comunicación con los propios jugadores. Muchos, afirma, siguen asociando la idea de irse a Europa con un sacrificio excesivo o un salto al vacío. La labor de la Liga MX y la Federación será demostrar, con datos y ejemplos concretos, que quienes se animan a dar el paso suelen terminar con carreras más largas, mayor exposición, mejores ingresos acumulados y la posibilidad de convertirse en referentes históricos del futbol mexicano.

Finalmente, Arriola visualiza un ecosistema en el que todos ganan: los clubes mexicanos que se consolidan como exportadores, los jugadores que encuentran un camino más claro hacia las grandes ligas, la Selección que nutre sus convocatorias con elementos de alto nivel competitivo y la propia Liga MX, que se reposiciona como una competencia formadora y atractiva, no como un destino final que encierra el talento local.

Para lograrlo, insiste, no basta con discursos: se requiere voluntad política dentro del futbol, ajustes normativos, decisiones empresariales valientes y, sobre todo, un cambio de mentalidad. Convencer al futbolista mexicano de que es mejor apostar por Europa que quedarse en su zona de confort es, hoy, una de las prioridades centrales del proyecto que encabeza Mikel Arriola al frente del balompié nacional.