Ángel Correa volvió a encender las alarmas en River Plate. En apenas su segundo partido oficial con la camiseta del club, el delantero argentino tuvo que abandonar el campo por una lesión en la pierna derecha, en medio de una nueva derrota del equipo de Martín Demichelis que profundiza las dudas en torno a su millonario fichaje.
El atacante, que llegó procedente de Tigres tras un año lleno de polémicas en la Liga MX, no pudo completar los 90 minutos del duelo ante Gimnasia y Esgrima La Plata por el Clausura 2026 argentino. Cuando el reloj marcaba el minuto 70, Correa chocó con el defensor Enzo Martínez y de inmediato comenzó a mostrar signos de dolor, llevándose la mano al muslo y la rodilla derecha.
Las imágenes del momento fueron elocuentes: el campeón del mundo en 2022 intentó seguir en el partido durante algunos segundos, pero terminó pidiendo el cambio al cuerpo técnico. Entre gestos de molestia, dejó su lugar a Facundo Colidio, encendiendo la preocupación tanto en el banco de River como entre los aficionados, conscientes de la inversión que significó su llegada.
Para el delantero, la noche terminó de la peor manera posible. Apenas unos minutos después de su salida, River encajó el gol que selló la victoria de Gimnasia. El tanto, obra del defensor Alexis Steimbach, consumó el 1-0 y significó la segunda derrota consecutiva del conjunto Millonario en el torneo, ambas con Correa en el campo como titular.
Este inicio de etapa en Núñez está muy lejos de lo que se imaginaba cuando se anunció su arribo como la contratación más cara en la historia del club. River rompió su propio récord para hacerse con el pase del exjugador de Tigres, desembolsando cerca de 20 millones de dólares con la expectativa de encontrar en él a la gran figura ofensiva del proyecto deportivo.
El contraste entre la ilusión generada y la realidad deportiva no ha pasado desapercibido. En sus dos primeros encuentros, Correa no ha logrado marcar diferencias dentro del terreno de juego y ahora se suma la preocupación por su estado físico. El temor en River no es solo por la lesión puntual, sino por la posibilidad de que se trate de un problema muscular que lo obligue a detener su adaptación justo en el arranque del semestre.
Desde el entorno del club se espera que los estudios médicos determinen con precisión el grado de la molestia. Una distensión o desgarro en la zona del muslo podría dejarlo fuera de competencia durante varias semanas, un escenario que complicaría los planes del cuerpo técnico para consolidar una dupla ofensiva estable y le restaría variantes en un calendario cargado de partidos.
Mientras en River crece la incertidumbre, en Monterrey la situación se vive con un tono muy distinto. Aficionados de Tigres aprovecharon las redes sociales para burlarse de la mala fortuna del delantero en su nuevo club. Entre comentarios sarcásticos, algunos celebraron que el equipo mexicano hubiera recibido una cifra millonaria por un jugador al que consideran «problemático», mientras otros ironizaron con frases como «no hay devoluciones» o «le salió cara la apuesta a River».
El traspaso de Correa ya venía marcado por la controversia. El futbolista presionó públicamente para salir de Tigres pese a tener contrato vigente y apenas un año en la institución. Argumentó que su familia había recibido amenazas a través de redes sociales y que deseaba regresar a Argentina, situación que utilizó como principal motivo para forzar su venta. Esa postura generó molestia en un sector de la afición felina, que sintió que el jugador les dio la espalda demasiado pronto.
Con su decisión, Correa se sumó a una lista de futbolistas argentinos que dejaron la Liga MX al poco tiempo de llegar para volver a su país, como Iván Marcone, Pol Fernández o Fernando Gago. En todos estos casos, el regreso al fútbol argentino reabrió el debate sobre la adaptación de algunos jugadores sudamericanos al balompié mexicano y sobre el peso de los factores familiares y emocionales a la hora de tomar decisiones profesionales.
En el plano deportivo, la lesión llega en un momento especialmente sensible para River. El equipo no ha encontrado todavía su mejor versión en el Clausura 2026 y la seguidilla de malos resultados empieza a generar impaciencia. Dos derrotas en dos partidos, con un solo gol anotado y muchas dudas en el funcionamiento colectivo, han encendido las críticas hacia el planteamiento táctico y el rendimiento de las principales figuras, entre ellas Correa.
La presión sobre el delantero es doble. Por un lado, el cartel con el que llegó lo obliga a mostrar resultados inmediatos: goles, asistencias e influencia directa en el juego. Por otro, el contexto de su salida de Tigres lo dejó expuesto a la mirada severa tanto de aficionados mexicanos como argentinos, que analizan cada una de sus actuaciones bajo la lupa de su polémico traspaso. Cualquier error, lesión o rendimiento por debajo de lo esperado se multiplica en el debate público.
Desde el punto de vista físico, su situación también abre una discusión sobre el proceso de adaptación de un jugador que cambia de liga, calendario y cargas de entrenamiento. Pasar del fútbol mexicano al argentino implica ajustes en intensidad, ritmo de juego y exigencias semanales. Si Correa arrastraba alguna fatiga acumulada o no completó una pretemporada a pleno, es posible que su musculatura no estuviera en las mejores condiciones para soportar minutos a alta competencia de manera inmediata.
El cuerpo técnico de River deberá decidir ahora si acelera o no su regreso en caso de que la lesión no sea grave. En los últimos años se ha vuelto frecuente que jugadores de élite recaigan en molestias musculares por volver antes de tiempo, algo que el club no puede permitirse después de haber hecho una inversión histórica. Cuidar al futbolista, aun en medio de la urgencia por sumar puntos, será clave para no transformar un problema menor en una ausencia prolongada.
A nivel anímico, una lesión en pleno desembarco en un nuevo club puede ser un golpe duro. Correa llegó con la etiqueta de «salvador» y, en cambio, se encuentra con un comienzo trabado, marcado por derrotas y ahora por el paso por la enfermería. Cómo gestione esta situación, su entorno cercano y el propio vestuario será determinante. Un apoyo fuerte del grupo y del entrenador puede ayudarlo a transformar esta adversidad en un punto de inflexión positivo.
También entra en juego la relación con la hinchada. El público de River es exigente y, al mismo tiempo, sabe respaldar a los jugadores que muestran compromiso. Si Correa se recupera bien, vuelve en buen nivel y deja claro en la cancha que está dispuesto a «romperse el alma» por el equipo, es probable que el recuerdo de este mal inicio se diluya. Pero si las lesiones o las actuaciones discretas se repiten, el clima puede tornarse hostil mucho antes de lo previsto.
Otro aspecto a considerar es el impacto de este contratiempo en el mercado y en la planificación a mediano plazo. Un fichaje tan caro condiciona los movimientos de la institución: limita refuerzos en otros puestos y concentra la apuesta ofensiva en un solo nombre. Si ese futbolista no responde, ya sea por nivel o por salud, la estructura deportiva se resiente. De allí que River necesite que Correa no solo se recupere, sino que encuentre continuidad y regularidad.
Para el propio jugador, este episodio puede marcar un punto de reflexión. Después de forzar su salida de Tigres, todas las miradas están puestas en si tomó o no la decisión correcta. Un buen rendimiento en River validaría su apuesta personal y justificaría el ruido que generó su traspaso. En cambio, un paso opaco o interrumpido constantemente por lesiones alimentará el discurso de quienes consideran que se equivocó en la forma y en el momento de su partida de México.
En las próximas horas, el parte médico oficial será clave para despejar incógnitas. River necesita certezas: saber cuánto tiempo estará fuera, en qué condiciones podrá volver y cómo reorganizará el equipo mientras tanto. Correa, por su parte, deberá enfocarse en la recuperación y en prepararse mentalmente para un regreso en el que todo el ambiente futbolístico estará observando cada una de sus intervenciones.
Lo que parece claro es que el cuento de hadas que muchos imaginaban con su regreso al fútbol argentino no ha comenzado como se esperaba. Un traspaso récord, dos derrotas al hilo, una lesión tempranera y una ola de críticas y burlas desde México conforman un escenario complejo. Aun así, la temporada es larga y el margen para revertir esta sensación inicial sigue abierto. El verdadero juicio sobre el fichaje de Ángel Correa no se dictará por este tropiezo, sino por lo que sea capaz de hacer cuando vuelva a estar en plenitud física y futbolística.
