«A Chivas se le olvidó ganar». La frase, lanzada con contundencia en la mesa de análisis de La Última Palabra, resume el momento que vive el Rebaño en la Leagues Cup bajo la dirección de Gabriel Milito. El empate 1-1 en tiempo regular frente a LAFC y la posterior derrota en la tanda de penales volvieron a encender las alarmas alrededor de un equipo que juega bien por momentos, pero que no logra transformar ese buen funcionamiento en victorias.
El duelo ante el conjunto angelino dejó una sensación repetida: Guadalajara compite, genera ocasiones, se planta con valentía… y al final se queda corto. El equipo rojiblanco ahora está obligado a jugarse la vida ante FC Dallas y Seattle Sounders, consciente de que otro tropiezo podría significar un fracaso prematuro en el torneo y aumentar todavía más la presión sobre el proyecto de Milito.
Eduardo De la Torre fue uno de los primeros en poner en palabras la contradicción que vive el equipo: «Si hablamos de los últimos cuatro partidos, claro que se les olvidó ganar; lo que afortunadamente tiene Chivas es que no se le olvida jugar bien. Primero es jugar bien, después vienen los goles y después vienen los triunfos». Para él, la base está, pero el problema radica en la falta de efectividad en los momentos clave.
Paul Aguilar, por su parte, puso el foco en el contexto del grupo y en la propuesta tan ofensiva de Milito: recordó que desde el sorteo le parecía un sector complicado y que el primer gol recibido ante LAFC fue un síntoma de las dificultades que tendría Chivas. A su juicio, medirse a equipos de la MLS que han mejorado en organización defensiva y manejo del contragolpe supone un reto mayúsculo para un Guadalajara que muchas veces queda expuesto atrás. Aguilar fue claro: no se alegra del mal momento de los clubes mexicanos frente a la MLS, pero cree que la apuesta del Rebaño tiene riesgos evidentes.
El señalamiento más recurrente entre los analistas fue la falta de contundencia. A día de hoy, prácticamente todo el peso goleador del equipo recae en un solo futbolista: Roberto «Piojo» Alvarado. Él ha sido el único en responder frente al arco contrario en este arranque de temporada, mientras que el campeón de goleo Armando González atraviesa una sequía alarmante, sin marcar desde el 5 de abril.
Carlos Hermosillo fue tajante al hablar del atacante: «Sí, Chivas olvidó ganar. No juega mal, genera, pero el único que mete gol es el Piojo Alvarado y vale la pena analizar los dos goles, que son extraordinarios por los movimientos. Lo que no se les puede olvidar y lo que no se le puede olvidar a Armandito, por más presión que tenga, es hacer goles y creo que ya lleva varios meses». Para el exdelantero, lo que hoy separa a Chivas de un mejor rendimiento no es el sistema ni la actitud, sino la falta de un killer que transforme las oportunidades en marcadores favorables.
Raoul Ortiz cerró la discusión con una visión más cruda: «¿Esta pregunta es de títulos? Porque si es de títulos es de hace diez años para acá y ya se le olvidó. Y si es de partidos, me parece que sí. Yo no estoy de acuerdo con que juega bien, porque parte de jugar bien es ganar, parte de jugar bien es anotar más que el rival y recibir menos goles que el rival». Su postura desmonta la idea de que un buen rendimiento sin resultados sea aceptable: en la élite, jugar bien implica necesariamente imponerse en el marcador.
Este contraste entre la percepción de «buen juego» y la realidad del marcador abre un debate profundo sobre el proyecto de Milito. Hay lapsos en los que Chivas domina la posesión, presiona alto y se planta con personalidad en campo rival, pero esa superioridad no se traduce en la red. En el futbol actual, los equipos que trascienden son aquellos que saben golpear en los momentos justos, incluso sin ser brillantes los 90 minutos.
El caso de Armando González es, quizá, el símbolo más evidente del problema. Pasó de ser la referencia goleadora y campeón de goleo a un atacante que parece atrapado por la ansiedad. Mientras más se habla de su sequía, más pesado se vuelve el arco rival. Un delantero que vive del gol no solo necesita confianza del cuerpo técnico, sino también un entorno táctico que lo potencie: acompañamiento, movimientos sin balón que lo beneficien y un volumen de juego que lo alimente constantemente.
Para Milito, el dilema es claro: no puede renunciar a su idea ofensiva, pero sí debe ajustarla para volverla más eficiente. Chivas genera, pero no siempre genera bien. Muchas jugadas se diluyen en centros forzados, disparos lejanos apresurados o malas decisiones en el último pase. Afinar esa toma de decisiones en tres cuartos de cancha podría marcar la diferencia entre otro empate frustrante y una victoria que cambie el ánimo del vestidor.
Otro punto clave es la gestión emocional. La frase «se les olvidó ganar» no solo alude a la estadística, sino a la sensación de que el equipo no sabe cerrar partidos. Un gol recibido en mal momento, un penal fallado o una desconcentración defensiva terminan minando la confianza. Cuando la dinámica es negativa, incluso los buenos pasajes de juego parecen insuficientes porque el equipo entra a la cancha con el miedo latente de volver a tropezar.
El contexto de la Leagues Cup añade presión adicional. El torneo se ha convertido en un termómetro de la rivalidad entre Liga MX y MLS. Cada derrota de un equipo mexicano frente a un club estadounidense se interpreta como un síntoma de que el futbol azteca ha perdido terreno. Por eso, lo que le pasa a Chivas no solo se ve como un bache individual, sino como parte de un problema más amplio de competitividad internacional.
Para la afición rojiblanca, acostumbrada a vivir en una montaña rusa de emociones, el presente es especialmente frustrante. Ven un equipo que no es superado ampliamente en la cancha, que propone, que intenta, pero que no concreta. Esa sensación de quedarse «a medio camino» genera impaciencia, sobre todo en una institución que históricamente se mide por los títulos y no por las buenas intenciones.
Desde el punto de vista táctico, una solución podría pasar por diversificar las vías de gol. No es sano que prácticamente todo dependa de Alvarado. Se necesita que los interiores lleguen más al área, que los laterales aporten sorpresa y que los centrales aprovechen mejor las jugadas a balón parado. Un gol de un defensa o de un mediocampista en un momento clave puede romper la inercia negativa y liberar a los hombres de ataque.
También será determinante la lectura que haga Milito de los próximos rivales. FC Dallas y Seattle Sounders son equipos que, al igual que LAFC, manejan con oficio las transiciones. Si Chivas se vuelca al frente sin control, puede quedar expuesto y pagar caro cada pérdida de balón. La clave para sobrevivir en el grupo podría estar en encontrar un equilibrio más sobrio: seguir proponiendo, pero con una estructura defensiva que no se rompa tan fácil.
Más allá del análisis puntual de la Leagues Cup, el momento sirve como radiografía de un tema recurrente en Guadalajara: la dificultad para sostener procesos. Cada mala racha despierta el fantasma de los cambios de entrenador, la reestructuración y las salidas apresuradas. Si la directiva apuesta de verdad por Milito, tendrá que blindar el proyecto ante la crítica inmediata y pensar en cómo construir un equipo que no solo «juegue bonito», sino que aprenda a ganar partidos cerrados.
Porque, en el fondo, de eso se trata la discusión: a Chivas no se le olvidó del todo jugar, pero sí parece haber perdido el hábito de ganar. Recuperar ese instinto no es solo cuestión de táctica; pasa por reconstruir la confianza, fortalecer mentalmente a sus figuras clave y entender que, en torneos cortos como la Leagues Cup, no hay margen para seguir acumulando lecciones sin puntos. El tiempo para reaccionar es ahora, antes de que esa frase lapidaria deje de ser un comentario de programa y se convierta en la etiqueta definitiva de esta etapa del Rebaño.
