América de almada no ha enfrentado a un buen equipo: debaten su racha

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«América no ha enfrentado a un buen equipo»: en la mesa de LUP enfrían la euforia por las Águilas de Almada

El arranque de torneo del América ilusiona a su afición: líder en la Liga MX, primer lugar en su sector de la Leagues Cup y con un estilo más agresivo que el del semestre anterior. Sin embargo, en la mesa de debate de La Última Palabra el tono fue muy distinto. Para varios analistas, el buen momento azulcrema todavía no resiste un análisis riguroso porque, sostienen, el equipo de Guillermo Almada no se ha medido con rivales de verdadera jerarquía.

Carlos Hermosillo fue uno de los primeros en poner el freno de mano a la euforia. Reconoció que el América ha cumplido ganando todo lo que tiene por delante, pero subrayó que el calendario ha sido benévolo.
«En la liga y en la Leagues Cup no se enfrentan todavía a un buen equipo, eso no le quita mérito, es una realidad. Jugó contra Querétaro, Atlante, Santos…», señaló el exdelantero, enfatizando que, aunque los partidos hay que ganarlos, todavía no existe una prueba de fuego que permita medir el verdadero techo del plantel.

En la misma línea se expresó Yayo de la Torre, quien pidió moderar las expectativas sobre un supuesto «nuevo ciclo dorado» con Almada. Para él, la calidad de los oponentes explica, en parte, la sensación de superioridad que hoy desprende el América.
«Vámonos con calma, la Leagues Cup y Liga MX han sido rivales muy débiles en los dos torneos, hablamos que van de media tabla para abajo», apuntó, insistiendo en que los números actuales del conjunto de Coapa deben leerse con ese contexto.

A pesar de esas reservas, en la mesa también hubo voces que ven en Almada una oportunidad de recuperar la versión más atractiva del América: un equipo que no solo gana, sino que juega bien y domina a sus rivales. Eduardo de la Torre lo expresó así:
«Es una gran oportunidad, con Almada no solo pueden ganar, también gustar. Es su historia, no solo ganar. Si sucede eso, el mérito total sería de Almada. No sé si llegue a tener los títulos de Jardine, pero creo que pueden llegar a jugar muy bien».

La comparación con André Jardine fue inevitable. El técnico brasileño dejó una vara muy alta con títulos y una racha de resultados que devolvieron al América al protagonismo habitual. Sin embargo, el debate giró en torno a si es justo, o siquiera lógico, exigirle a Almada que replique de inmediato esa cosecha en un contexto distinto, con cambios en la plantilla y con una situación económica que, señalan, ya no permite el mismo nivel de inversión en figuras extranjeras.

Joaquín del Olmo aportó un matiz clave: a su juicio, Almada es un entrenador de «impacto inmediato», que suele funcionar bien en procesos cortos y con planteles maduros, pero cuya estadía prolongada suele ser más complicada. Además, advirtió que el protagonismo de futbolistas mexicanos en el América actual podría estar más ligado a las finanzas del club que a un plan deportivo a largo plazo.
«Almada es para tiempos cortos, cuando hay planteles con gente de experiencia, de jerarquía. Lo de los mexicanos hay que ver por qué, si realmente es porque no hay más, porque no van a invertir más. Me da gusto que estén jugando mexicanos», dijo.

Hermosillo coincidió con esa lectura: celebró la aparición y continuidad de jóvenes nacionales, pero deslizó la sospecha de que el club está obligado a mirar hacia abajo en la cantera por cuestiones presupuestales.
«Me da gusto, yo sí creo que va a tener un buen desarrollo Almada. Yo no sé si tienen o no dinero, no sé si la filosofía que traen los nuevos es porque no les alcanza para más y tienen que darles la oportunidad a los jóvenes», comentó, dejando abierta la duda sobre cuál es la verdadera estrategia de la directiva.

Por su parte, Nacho Hierro ofreció una visión dual sobre el futuro inmediato y el mediano plazo. Considera que, en este torneo, América tiene todo para ser protagonista gracias a la intensidad habitual de los equipos de Almada, aunque advirtió que esa misma exigencia puede derivar en conflictos internos con el paso del tiempo.
«En este torneo a América le va a ir bien, porque Almada tiene ese impacto en sus equipos. A la larga, ese desgaste que genera provoca que tenga fricciones con los vestidores. No sé para cuánto tiempo le dé, creo que el tiempo que esté va a ser un equipo ganador», pronosticó.

¿Racha engañosa o base de una nueva era?

El gran tema de fondo es si este arranque es un simple espejismo inflado por un calendario cómodo o el cimiento real de una nueva etapa competitiva. Los críticos señalan que, mientras el América no se mida a clubes que pelean regularmente por el título, es prematuro hablar de «era dorada». Ganarle con autoridad a equipos instalados en la parte baja de la tabla, coinciden, es una obligación histórica del club, no una hazaña.

Sin embargo, desde una óptica más analítica, hay elementos que sí pueden servir como indicador de futuro: la solidez defensiva ante rivales que, aunque modestos, han generado pocas ocasiones claras; la cantidad de variantes ofensivas utilizadas por Almada; y la integración de jugadores jóvenes a una estructura que mantiene resultados. Esos factores, más allá del peso del rival, suelen ser signos de un proyecto bien encaminado.

El peso de los próximos rivales

Lo que ocurra cuando América se enfrente a contendientes de la parte alta de la tabla y a clubes de mayor presupuesto en Leagues Cup será determinante para acallar -o confirmar- las dudas. Partidos ante equipos acostumbrados a pelear liguillas, con planteles más profundos y exigencias similares, pondrán bajo la lupa la capacidad de Almada para ajustar sobre la marcha, rotar su plantilla y responder ante la adversidad.

Si en esa clase de duelos el América mantiene el control de los partidos, consigue resultados y muestra personalidad, el discurso de que «no ha enfrentado a un buen equipo» perderá fuerza. En cambio, si el rendimiento cae en cuanto suba el nivel de exigencia, las palabras de Hermosillo y Yayo de la Torre cobrarán una relevancia distinta.

La presión histórica del americanismo

Otro punto que sobrevuela el debate es la presión inherente a dirigir al América. No basta con ganar: se exige hacerlo con autoridad, sin largas rachas de dudas y, preferentemente, levantando trofeos cada cierto tiempo. Almada llega con fama de técnico ofensivo, trabajador y capaz de potenciar planteles, pero se enfrenta a un entorno donde el tiempo de tolerancia es mínimo.

Para muchos seguidores, la simple condición de líder en dos competencias ya es motivo suficiente para ilusionarse. Sin embargo, el americanismo también es exigente con el «cómo». El recuerdo de equipos que dominaban desde el juego y el carácter -no solo desde el marcador- es el estándar con el que inevitablemente se le comparará.

Los jóvenes, ¿apuesta real o necesidad?

El protagonismo de canteranos y jugadores mexicanos jóvenes en la actual plantilla abre un debate interesante. En el discurso, se presenta como una apuesta por el talento nacional y una corrección de rumbo tras años de depender de fichajes extranjeros. Pero las dudas sobre la capacidad de inversión del club siembran la sospecha de que la «apuesta» pudo ser, en realidad, una obligación financiera.

Sea cual sea el origen de esa decisión, el reto para Almada será convertir esa circunstancia en virtud. Si logra consolidar a varios jóvenes como titulares confiables, no solo le dará más profundidad y frescura al equipo, sino que creará un legado más allá de los resultados inmediatos, algo que pesa mucho en la memoria del aficionado.

¿Puede igualar o superar a Jardine?

La pregunta sobre si Almada puede replicar o superar los logros de Jardine está en el centro de la conversación. Desde los títulos hasta la forma de competir en fases finales, la comparación es inevitable. Los analistas más mesurados subrayan que las condiciones no son las mismas: el entorno institucional cambió, el mercado se ha encarecido y la plantilla vive un proceso de renovación.

Bajo ese escenario, más que copiar la hoja de ruta de Jardine, Almada tendrá que construir la suya, adaptada a sus recursos y a su estilo. Si consigue combinar resultados con una identidad clara de juego y, además, potenciar la base mexicana, su paso podría valorarse de manera muy positiva incluso si el número de trofeos no es idéntico al del técnico brasileño.

El margen de error y el juicio mediático

Lo que sí parece claro es que el margen de error será mínimo. Un par de tropiezos frente a rivales de mayor jerarquía podría encender las alarmas y dar combustible a quienes hoy sostienen que el liderato se debe, principalmente, a la debilidad de los contendientes. Cada partido grande será, en la práctica, un examen público para Almada y sus futbolistas.

En contraste, si el técnico uruguayo responde bien a las primeras crisis -porque toda temporada las tiene-, realiza correcciones tácticas adecuadas y mantiene al equipo peleando arriba, el relato puede virar rápidamente de la desconfianza a la admiración. En clubes como América, la narrativa cambia con la misma velocidad con la que se suman victorias o derrotas.

Entre la ilusión y la cautela

El balance, por ahora, se mueve entre dos polos: una afición que empieza a entusiasmarse con un América líder y más dinámico, y un grupo de analistas que apela a la prudencia, recordando que aún no se ha superado la barrera de los rivales verdaderamente fuertes. Almada, ubicado justo en medio de esas expectativas, tiene ante sí un escenario ideal: un buen arranque que le da confianza y, al mismo tiempo, un entorno crítico que le recuerda que todavía no ha ganado nada.

El tiempo y, sobre todo, los partidos grandes dirán si este América está construyendo el inicio de una nueva época o si la racha quedará como un buen arranque inflado por un calendario benevolente. Por ahora, en la mesa de La Última Palabra, el veredicto es claro: «América no ha enfrentado a un buen equipo» y todavía es pronto para hablar de una etapa dorada con Guillermo Almada.