Guillermo Almada marca línea en su debut: para América lo primero era ganar, sin importar el cómo. En su presentación oficial al frente de las Águilas, el técnico uruguayo inició con el pie derecho al derrotar 1-0 a Querétaro en el cierre de la Jornada 1 del Apertura 2026 de la Liga MX, en un partido mucho más complicado de lo que el marcador sugiere.
El encuentro en el Estadio Azteca dejó varias señales claras: América aún está lejos de su mejor versión colectiva, el plantel luce corto por ahora y el funcionamiento ofensivo necesita ajustes; sin embargo, el equipo encontró la manera de imponerse pese a un penal fallado por Henry Martín y a la expulsión de Alan Cervantes. En ese contexto, el gol de Isaías Violante terminó valiendo oro para inaugurar el ciclo Almada con tres puntos.
Desde el silbatazo inicial se notó la intención del nuevo entrenador: un América agresivo, con vocación ofensiva y presión alta sobre la salida de Querétaro. A pesar de los desajustes lógicos de un equipo que lleva poco tiempo trabajando bajo una nueva metodología, las Águilas se instalaron con frecuencia en campo rival y generaron las oportunidades más claras del encuentro.
El momento clave llegó cuando Henry Martín tuvo en sus botines la posibilidad de abrir el marcador desde los once pasos. El capitán erró el penalti y el ambiente se tensó en la grada. Lejos de caerse anímicamente, el equipo mantuvo la iniciativa y continuó atacando. Esa insistencia terminó encontrando recompensa con la anotación de Violante, que aprovechó una de las llegadas más claras para firmar el 1-0 definitivo.
La noche, sin embargo, no fue sencilla. La expulsión de Alan Cervantes obligó a Almada a reajustar sobre la marcha. Con un hombre menos, el técnico se vio forzado a cerrar espacios, modificar la estructura en el mediocampo y dosificar esfuerzos para no regalarle metros a un Querétaro que se plantó con personalidad y que, por momentos, puso en aprietos a la zaga azulcrema.
Al finalizar el partido, Almada dejó claro que, en este contexto, el resultado era lo verdaderamente importante:
«Era imperioso ganar hoy, más allá de la forma. Después se dio un partido durísimo. Querétaro fue un rival que dignifica mucho nuestra victoria. Creo que fue merecida porque, si bien tuvimos imprecisiones, atacamos permanentemente y generamos las situaciones más claras. Quizá algún error en el manejo del partido les dio oportunidades, pero insisto: Querétaro fue un rival durísimo. Nos llevamos una victoria que dignifica el trabajo de los futbolistas», explicó en conferencia de prensa.
El entrenador uruguayo no ocultó que, en este arranque, el América está lejos de tener a toda su plantilla disponible. No pudo contar con los mundialistas Israel Reyes, Alejandro Zendejas, Brian Rodríguez y Sebastián Cáceres, piezas clave en cada una de las líneas. Esta ausencia obligó a utilizar varios suplentes y a acelerar procesos de adaptación de jugadores que, en circunstancias normales, irían entrando de manera más gradual.
Sobre ese punto, Almada fue autocrítico, pero también paciente: sabe que el equipo aún es una obra en construcción.
«Tenemos que seguir evolucionando en el volumen de juego. Llevamos poco tiempo trabajando. Me gustó la valentía de salir a buscar el partido, más allá de las imprecisiones, la búsqueda permanente del triunfo y la intensidad que pusimos. Pero tenemos que mejorar la profundidad y el volumen de juego. Seguramente, cuando completemos el plantel, vamos a tener otras posibilidades que fortalecerán a todo el grupo y nos permitirán seguir creciendo», sentenció.
La frase «era imperioso ganar» sintetiza a la perfección el contexto que rodea a Almada. Llega a un club que vive bajo la exigencia permanente del título, con una afición que no tolera periodos largos de adaptación y una directiva que ha dejado claro que la prioridad absoluta es seguir levantando trofeos. En ese entorno, un tropiezo en la primera jornada habría encendido alarmas innecesarias y aumentado la presión desde el comienzo.
Este debut deja también algunas pistas sobre la identidad que el uruguayo pretende imprimir. Fiel a lo mostrado en etapas anteriores, apuesta por un equipo intenso, que muerde arriba, que busca el arco rival sin especular y que intenta sostener un ritmo alto durante los 90 minutos. Aun con la falta de fineza en el último toque y ciertas descoordinaciones, la intención ofensiva del América bajo Almada quedó marcada.
Otro aspecto relevante fue la respuesta mental del plantel. Fallar un penal y sufrir una expulsión en el mismo juego suele ser una combinación letal para muchos equipos. Sin embargo, el grupo mantuvo la concentración, se adaptó al nuevo escenario y defendió la ventaja con orden, algo que el propio técnico subrayó como un factor positivo para construir un equipo competitivo a lo largo del torneo.
En el análisis individual, la actuación de Isaías Violante merece mención especial. No solo por el gol que definió el encuentro, sino por la personalidad mostrada en un duelo que significaba el arranque de una nueva era. Jugadores como él pueden ganar terreno en la consideración de Almada mientras los mundialistas recuperan ritmo y se reintegran al grupo. Este tipo de partidos abre puertas y genera competencia interna, algo fundamental en clubes que aspiran a pelear por todo.
Mirando hacia adelante, el gran reto para América será transformar esta victoria sufrida en un punto de partida, no en un simple alivio momentáneo. Con el regreso de los seleccionados nacionales, el técnico tendrá más variantes para rotar, ajustar sistemas y encontrar asociaciones que potencien el volumen de juego que tanto menciona. La expectativa es que el equipo no solo gane, sino que lo haga con un estilo reconocible y dominante.
Tácticamente, el margen de mejora es amplio: mayor precisión en la circulación, mejores decisiones en el último tercio, más coordinación entre laterales y extremos y una gestión más serena de los momentos críticos del partido. Almada es consciente de ello y, por sus propias palabras, parece dispuesto a asumir el reto de construir un América que no dependa únicamente del empuje, sino también de una estructura sólida y un plan de juego claro.
En el plano anímico, empezar sumando tres puntos siempre cambia la narrativa. El vestidor gana confianza en el nuevo cuerpo técnico, los jugadores refuerzan la idea de que el esfuerzo tiene recompensa y el entorno se tranquiliza, al menos por unos días. Esto da margen de maniobra a Almada para trabajar con menos ruido externo y con la autoridad que otorga un debut victorioso, aún si el rendimiento no fue brillante.
La Jornada 1 del Apertura 2026 deja así una conclusión doble: América todavía está lejos de su techo futbolístico, pero ya mostró carácter para superar la adversidad. Almada, por su parte, entiende que en un club de esta magnitud ganar no es negociable, y por eso asumió sin rodeos que, en este primer paso, lo fundamental era sumar de a tres, incluso si el camino no fue el más pulcro.
Con los primeros tres puntos en el bolsillo y la promesa de un plantel más completo en las próximas semanas, comienza realmente la era Almada en Coapa. De ahora en adelante, la exigencia será que el equipo no solo siga ganando, sino que también empiece a convencer. Porque en América, como bien sabe el uruguayo, el resultado manda, pero la forma tarde o temprano también pasa la factura.