En Sudamérica distintos sectores del periodismo y de la afición han cuestionado con dureza a los seguidores mexicanos que, durante el Repechaje Intercontinental rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, alentaron abiertamente a Irak y corearon el clásico «olé» cada vez que la selección asiática tocaba el balón frente a Bolivia.
El partido, disputado en el Estadio Monterrey, definía el último boleto mundialista. Irak terminó imponiéndose 2-1 a la selección boliviana, resultado que selló su regreso a una Copa del Mundo después de cuatro décadas de ausencia. Sin embargo, más allá del marcador, lo que encendió el debate en el continente fue el ambiente en las tribunas y, en particular, la postura de la afición local.
Un ambiente de fiesta… pero con polémica
Desde días antes del encuentro, en las calles de Monterrey ya se percibía una notable cercanía entre hinchas mexicanos e iraquíes. Se compartieron cánticos, fotografías y muestras de apoyo mutuo, lo que creó un clima de camaradería poco común para un partido que no involucraba directamente a la Selección Mexicana.
Esa sintonía se trasladó al «Gigante de Acero». Durante el juego, buena parte de los aficionados presentes se volcó del lado de Irak: celebraban las combinaciones ofensivas, aplaudían los toques de balón y, sobre todo, entonaban el «olé» cada vez que los Leones de Mesopotamia dominaban la posesión. El apoyo fue tan evidente que, para muchos observadores sudamericanos, dio la impresión de que Irak era el «local» y Bolivia el visitante absoluto, pese a jugarse el duelo en territorio mexicano.
Reacciones airadas desde el sur del continente
Ese comportamiento no pasó desapercibido. Usuarios sudamericanos, así como algunos comunicadores deportivos de la región, criticaron en redes el hecho de que la parcialidad mexicana se inclinara tan claramente por Irak en un duelo ante una selección latinoamericana.
Los cuestionamientos se centraron en dos ideas principales:
1. Que, por una cuestión de «hermandad continental», los mexicanos debieron priorizar el apoyo a Bolivia, representante de Sudamérica.
2. Que alentar al rival con gritos de «olé» frente a un combinado latinoamericano se percibía como una falta de solidaridad y de respeto hacia el fútbol del sur.
Varios mensajes apuntaron a que, históricamente, cuando una selección de la región se juega un boleto mundialista en otro país sudamericano, suele recibir cierto respaldo de la afición neutral solo por compartir confederación y raíces culturales.
La defensa de los aficionados mexicanos
Del otro lado, muchos mexicanos reaccionaron con la misma intensidad para justificar su postura. Argumentaron que se trataba, ante todo, de un partido de festejo por el Repechaje Intercontinental, un evento raro y atractivo que se vivió como una fiesta futbolera, más allá de cualquier rivalidad regional.
Algunos hinchas explicaron que su apoyo hacia Irak se debió a la conexión histórica entre ambos países: la única participación mundialista iraquí hasta ahora había sido precisamente en México 1986. Ese recuerdo generó una simpatía especial hacia la selección asiática, en particular entre aficionados más futboleros, que veían en su clasificación una historia emotiva de «regreso» tras 40 años.
Otros subrayaron que, si Bolivia hubiera sido la que mostrara un juego más vistoso y terminara imponiéndose, el ambiente habría cambiado y también se habría celebrado su pase, porque el objetivo principal era disfrutar de un partido decisivo en suelo mexicano, independientemente del ganador.
El trasfondo cultural del «olé»
El uso del «olé» fue uno de los puntos más sensibles. En Latinoamérica, corear «olé» a favor de un equipo suele interpretarse como un gesto de superioridad futbolística frente al rival, una especie de burla elegante cuando se toca el balón con soltura y el contrincante no puede recuperarlo.
Para muchos sudamericanos, escuchar ese grito a favor de Irak y en contra de una selección como Bolivia, que ya estaba bajo presión por el contexto del partido y por su historial de dificultades en eliminatorias, significó una doble humillación. No se interpretó como un simple apoyo festivo, sino como un posicionamiento claro del público mexicano a favor del otro lado.
Sin embargo, en México el «olé» también se usa con frecuencia como parte del espectáculo, incluso en partidos de clubes donde no existe una rivalidad profunda. No siempre se percibe como burla explícita, sino como un recurso para subrayar la emoción del momento, sobre todo cuando la afición conecta con un equipo que sorprende o cae en gracia.
Irak, de vuelta a un Mundial tras 40 años
Mientras tanto, para Irak la noche fue histórica. Con la victoria 2-1 sobre Bolivia, la selección selló su regreso a una Copa del Mundo tras cuatro décadas de espera. Su única aparición anterior se remontaba al Mundial de México 1986, un hito que quedó grabado tanto para el país asiático como para los aficionados mexicanos que vivieron aquella justa.
La clasificación actual refuerza ese lazo simbólico: Irak consiguió su segundo boleto mundialista jugando otra vez en México, apoyado por una afición que, si bien no es la suya de origen, se identificó con su historia y con el significado de su regreso al máximo escenario del fútbol.
En el Mundial 2026, Irak compartirá grupo con Francia, Senegal y Noruega, tres rivales de gran nivel que pondrán a prueba al límite a los Leones de Mesopotamia. Pocos los consideran favoritos, pero el simple hecho de volver al torneo ya es visto como un logro mayúsculo para una selección que ha atravesado décadas complejas en lo deportivo, político y social.
¿Existe una «obligación» de apoyar al vecino continental?
El debate dejó una pregunta de fondo: ¿están realmente obligados los aficionados de un país a apoyar por sistema a las selecciones de su misma región? En Sudamérica pesa mucho la idea de unidad continental, alimentada por décadas de rivalidad con Europa y por la narrativa de «fútbol sudamericano contra el mundo».
Sin embargo, en otros contextos esa lógica no está tan arraigada. Muchos mexicanos remarcaron que el aficionado tiene derecho a simpatizar con quien quiera, sea por estilos de juego, por historias personales, por afinidades culturales o simplemente por el ambiente del momento. Para ellos, alentar a Irak no fue un acto «contra» Bolivia, sino una elección espontánea frente al equipo que más les generó empatía en la cancha.
El papel de las redes en la amplificación del conflicto
Las redes sociales jugaron un papel decisivo en inflar la polémica. Fragmentos de video donde se escuchan claramente los «oles» a favor de Irak circularon de manera masiva, acompañados de comentarios críticos desde distintos países sudamericanos. La viralización recortó el contexto -el ambiente festivo en el estadio, la convivencia previa en las calles, el carácter histórico del regreso de Irak al Mundial- y se centró exclusivamente en el gesto de la grada mexicana.
Al mismo tiempo, hinchas y periodistas mexicanos utilizaron esas mismas plataformas para matizar y responder a las quejas, defendiendo que el fútbol es, ante todo, pasión y libertad para elegir a quién alentar, incluso en un duelo que enfrenta a dos selecciones ajenas.
Un espejo del fútbol globalizado
El episodio también refleja cómo el fútbol se ha vuelto un fenómeno cada vez más global. Que una porción considerable de la afición mexicana apoye a Irak en un partido oficial contra Bolivia muestra hasta qué punto las identidades futbolísticas ya no están atadas únicamente a la geografía o a las confederaciones.
Hoy, un aficionado puede sentirse cercano a una selección por casi cualquier motivo: una vieja participación mundialista, una figura carismática, una historia de superación, una conexión cultural inesperada o, simplemente, por la simpatía que despierta ver a un equipo que rara vez tiene oportunidades de brillar.
¿Daño a la relación con el fútbol sudamericano?
Algunos analistas sudamericanos sugirieron que episodios como este pueden enfriar la relación simbólica que muchas veces se asume entre México y Sudamérica, sobre todo pensando en copas continentales y en la posibilidad de alianzas deportivas. Sin embargo, otros minimizaron la controversia, considerándola un conflicto pasajero alimentado por la inmediatez digital más que por diferencias profundas.
Para la mayoría de los jugadores y cuerpos técnicos, tanto de Bolivia como de Irak, lo esencial fue el resultado y el desempeño en la cancha. Lo que ocurrió en las tribunas, aunque mediáticamente ruidoso, quedó en segundo plano frente a la trascendencia del partido.
Un recordatorio de lo que mueve al aficionado
Al final, la controversia en torno a los gritos de «olé» en Monterrey sirve como recordatorio de que la afición no es un bloque homogéneo sujeto a reglas no escritas de lealtad regional. Cada hincha vive el fútbol a su manera, con sus propias simpatías y lecturas del juego.
Para unos, la actitud de los mexicanos fue una traición a la idea de unidad latinoamericana. Para otros, fue simplemente la expresión espontánea de un público que se emocionó con la historia de Irak y decidió regalarle su voz y su energía en una noche que, para los Leones de Mesopotamia, quedará marcada para siempre como la del regreso al Mundial.