Antonio Carlos Santos arremete contra Brasil: «Esta Selección es una decepción para quienes amamos el futbol»
El estreno de Brasil en el Mundial 2026 estuvo lejos de la imagen dominante que suele asociarse con la Canarinha. El equipo sudamericano apenas pudo rescatar un empate 1-1 frente a Marruecos en su primer compromiso del Grupo C, resultado que encendió las alarmas y desató una oleada de críticas. Una de las más contundentes llegó desde la mesa de análisis de La Última Palabra, donde Antonio Carlos Santos, histórico del América y voz autorizada del futbol brasileño, no se guardó nada.
El exmediocampista, figura en la Liga MX y miembro del Salón de la Fama internacional, calificó el desempeño brasileño como una auténtica desilusión. Para él, el combinado dirigido por Carlo Ancelotti se quedó muy por debajo de las expectativas, no solo por el marcador, sino por la pobre versión futbolística ofrecida frente a un rival que ya había demostrado su potencial en el escenario internacional.
Santos señaló que, para quienes disfrutan del juego, el debut de Brasil fue el primer gran golpe del torneo. Recordó que se criticó duramente a México por su actuación en su presentación, pero subrayó una diferencia clave: el equipo mexicano terminó ganando, mientras que Brasil, considerado habitualmente un aspirante natural al título, no pudo pasar del empate ante un cuadro marroquí que ya venía con cartel de protagonista en África y que había alcanzado instancias decisivas en competiciones previas.
El exjugador insistió en que la Selección de Brasil no llega a este Mundial en el rol de favorita, algo impensable en otras épocas. Desde su perspectiva, desde la conquista de 2002 el equipo verdeamarelo no se presenta con una autoridad incuestionable, y esta versión de 2026 lo confirma. Para Santos, la plantilla tiene nombres importantes, pero aún no se comporta como un verdadero candidato al título.
Uno de los puntos más duros de su análisis se dirigió al funcionamiento del equipo y a las decisiones desde el banquillo. Santos puso en tela de juicio la labor de Ancelotti, al considerar que el técnico se equivoca tanto en el planteamiento inicial como en los cambios. A su juicio, la Selección carece de una idea clara y de la jerarquía que tradicionalmente se le exige a Brasil en un escenario mundialista.
En el plano individual, el «Negro» Santos fue especialmente crítico con algunos veteranos. Mencionó que ve a Casemiro físicamente al límite, «casi desmoronándose», fuera de ritmo y llegando tarde a las jugadas. En su visión, un mediocampista que había sido sinónimo de equilibrio y firmeza defensiva ahora luce superado y expuesto, lo que deja a Brasil vulnerable en una zona clave del campo.
También cuestionó el rol y la actuación de Raphinha. Según Santos, el atacante habló en días previos sobre la dificultad de cambiar un partido en una sola jugada, pero en la cancha se le vio corriendo de forma desordenada, presionando a destiempo y tomando decisiones equivocadas. Para él, un jugador con la técnica y los recursos que ha mostrado en el Barcelona debería aprovechar más los espacios, desequilibrar con el balón y marcar diferencia en el uno contra uno, algo que, asegura, no está ocurriendo con la camiseta de la Selección.
Santos rescató que, con la entrada de Fabinho en la segunda mitad, Brasil mostró una leve mejoría, especialmente en la recuperación del balón y en la organización defensiva. Sin embargo, consideró que ese ajuste fue insuficiente para maquillar un primer tiempo que, a su entender, pudo haber terminado en tragedia. En su lectura, los minutos iniciales fueron tan malos que Marruecos debió irse arriba hasta por tres goles, ante una zaga insegura y jugadores brasileños a los que «les rebotaba la pelota», algo impropio de una potencia tradicional.
El exfutbolista fue más allá al afirmar que Marruecos «desnudó» a Brasil de manera contundente. Para él, el campeón africano expuso todas las carencias actuales de la Canarinha: falta de contundencia, desconexiones defensivas, ausencia de liderazgo en el medio campo y poca claridad en ataque. Este partido, sostuvo, sirve como un espejo incómodo que obliga a Brasil a mirarse de frente y reconocer que está lejos de su mejor nivel.
Uno de los ejes de su crítica fue la ausencia de figuras con personalidad dominante como las que marcaban época en otros ciclos mundialistas. Santos recordó nombres como Dunga, símbolo de carácter y orden táctico; Ronaldo Nazário, referente de gol y temido por cualquier defensor; o Ronaldinho, capaz de cambiar el rumbo de un encuentro con una jugada genial. Según él, Brasil vive anclado a ese recuerdo, pretendiendo ser ese mismo gigante, pero la realidad es que la Selección actual no muestra ni el liderazgo ni la calidad colectiva de aquellos tiempos.
En su análisis, subrayó que el gran problema no es solo de nombres, sino de autoridad futbolística. En su opinión, un debut de Mundial es el escenario ideal para que una selección con aspiraciones envíe un mensaje contundente al resto de los participantes: mostrar a qué va y qué pretende. Santos lamentó que Brasil dejara pasar esa oportunidad, presentándose como un equipo dubitativo, sin mando y sin la convicción necesaria para imponer condiciones desde el primer partido.
Además, el brasileño puso sobre la mesa la responsabilidad de los propios jugadores. Aunque reconoció que la Selección cuenta con futbolistas de alta calidad en clubes europeos de élite, remarcó que el peso de la camiseta nacional es distinto y exige asumir el rol de protagonista. Para él, varios elementos parecen jugar «en automático», confiando en su talento individual, pero sin asumir el compromiso de liderar en momentos de presión, algo que, históricamente, diferenciaba a Brasil de otras potencias.
Desde una perspectiva más amplia, el discurso de Santos refleja una preocupación recurrente en torno al presente de Brasil: el desequilibrio entre la riqueza ofensiva y la solidez defensiva. Durante años, la Canarinha se distinguió por combinar creatividad y disciplina, juego bonito y eficacia. En este Mundial, según sus palabras, el equipo luce fragmentado: un ataque que no termina de engranar y una defensa que sufre más de la cuenta cuando el rival acelera.
Su comentario también abre el debate sobre la adaptación de Ancelotti al futbol de selecciones. Un entrenador acostumbrado a gestionar grandes planteles en clubes, con tiempo para trabajar y reforzarse cada temporada, ahora enfrenta el reto de construir una identidad en periodos cortos y bajo altísima presión. Santos considera que, hasta el momento, el italiano no ha logrado dar con la tecla correcta para explotar el potencial del grupo y, al mismo tiempo, corregir las grietas que aparecen en partidos de máxima exigencia.
Otro punto que queda implícito en sus palabras es la distancia entre el prestigio histórico de la camiseta y el rendimiento presente. Brasil sigue siendo, en el imaginario colectivo, el «gigante» de siempre, pero los resultados recientes en Mundiales y la imagen ofrecida frente a Marruecos alimentan la sensación de que esa grandeza hoy se sostiene más en lo que fue que en lo que realmente es. Para muchos analistas, la Selección debe reconstruir su identidad desde la humildad, aceptando que ya no intimida como antes y que debe ganarse de nuevo el respeto en la cancha.
Santos también comparó indirectamente la exigencia que se tiene con Brasil respecto a otras selecciones como México. Recordó que el Tri fue criticado duramente por su accionar en su primer encuentro, pese a obtener la victoria, mientras que Brasil, con un empate y una actuación irregular, pareciera seguir amparándose en su historia. De fondo, su mensaje es claro: el escudo y las cinco estrellas ya no bastan; el rendimiento actual debe estar a la altura de la fama.
Más allá del tono severo, sus señalamientos apuntan a una conclusión: si Brasil quiere aspirar realmente al título, debe reaccionar de inmediato. El equipo necesita ajustar el funcionamiento táctico, definir mejor sus roles en la cancha y recuperar la intensidad competitiva que caracterizaba a generaciones anteriores. Los veteranos deben aportar liderazgo y temple, mientras que los jóvenes tienen que asumir el desafío de convertirse en los nuevos referentes, sin esconderse detrás de los nombres del pasado.
El empate ante Marruecos, visto desde esta óptica, no es solo un tropiezo en la fase de grupos, sino una llamada de atención. En un Mundial donde varias selecciones emergentes compiten de igual a igual con las tradicionales, Brasil ya no puede confiar únicamente en su talento individual. Para figuras como Antonio Carlos Santos, el mensaje está sobre la mesa: o la Canarinha se reinventa y muestra una versión más sólida y convincente en los próximos partidos, o corre el riesgo de convertirse, una vez más, en una gran decepción para quienes aún esperan ver al Brasil dominante de otras épocas.
