Chilavert roza el insulto racista a vinicius y desata nueva polémica

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«El primer insulto vino del mon… de Vinicius»: Chilavert roza el término racista al hablar del jugador del Real Madrid

José Luis Chilavert volvió a colocarse en el centro de la polémica al defender con vehemencia a Gianluca Prestianni y cargar duramente contra Vinicius Junior, a quien calificó de «provocador» y «llorón». En una entrevista concedida a una emisora argentina, el exarquero paraguayo estuvo a un paso de llamar «mono» al brasileño del Real Madrid, frase que cortó a mitad pero que dejó clara la intención y el tono de sus declaraciones.

El contexto de esta controversia nace en el duelo de Champions League entre Benfica y Real Madrid, partido en el que Vinicius denunció haber sido víctima de insultos racistas por parte de Prestianni. Aunque las acusaciones hacia el jugador argentino aún no han sido probadas, el señalamiento público fue inmediato, y Chilavert se erigió como su defensor más estridente, cuestionando la versión del delantero merengue y atacando su comportamiento dentro de la cancha.

Según Chilavert, Vinicius no es una víctima sino el principal generador de conflictos. El paraguayo aseguró que el brasileño «siempre es el que empieza», sosteniendo que sus actitudes son provocadoras y que, una vez se calienta el ambiente, recurre a la carta del racismo para hacerse pasar por perjudicado. En su relato, remarcó que en las imágenes se ve al atacante del Real Madrid insultando a Prestianni, llamándolo «cagón» en repetidas ocasiones.

«Me solidarizo con Prestianni porque Vinicius es el primero que va e insulta a todos. Uno ve la cámara en la que le dice ‘cagón, cagón’ a Prestianni», afirmó Chilavert, responsabilizando al brasileño de encender la chispa del conflicto.

La frase más polémica llegó cuando el exguardameta quiso cuestionar por qué en España se ha puesto el foco sobre Prestianni y no sobre el jugador del Real Madrid. «¿Por qué en España quieren sacrificar a Prestianni? Si el primer insulto vino del lado del mon… de Vinicius, que es de piel negra», lanzó, cortándose justo antes de pronunciar la palabra «mono», un término históricamente utilizado de forma racista contra futbolistas negros. Aunque no terminó la palabra, el sentido de la frase generó una inmediata lectura discriminatoria.

Lejos de rectificar, Chilavert continuó elevando el tono de su discurso. Criticó las medidas actuales de control en el fútbol moderno y se quejó de la presencia del VAR, de los micrófonos y de los protocolos, en especial los relacionados con la lucha contra el racismo. A su juicio, todas estas herramientas han «deformado» la esencia del juego y han convertido al futbolista en alguien más «vigilado» y menos «libre» para expresarse, incluso a través de insultos durante el partido.

En ese punto, el paraguayo fue todavía más allá y utilizó expresiones abiertamente homofóbicas para describir lo que, según él, ha pasado con el balompié desde la irrupción de la tecnología. Aseguró que el fútbol se ha «amariconado» con la llegada del videoarbitraje y la instalación de sistemas de audio que registran todo lo que se dice en el campo. «El futbol es un rectángulo donde juegan hombres y nos decíamos de todo antes. Desde que pusieron el video, el micrófono y todo eso, el futbol está amariconado», sentenció, echando de menos una época en la que los insultos eran aceptados como parte del «folclore» del juego.

Chilavert también se pronunció sobre el posible castigo a Prestianni. A su entender, el argentino debería ser protegido y no sancionado. Argumentó que, si la supuesta agresión verbal racista termina en suspensión, se abre la puerta a que «la colectividad de gays, lesbianas y compañía» se convierta en «ejemplo a seguir», en una comparación que mezcla homofobia con una defensa de la «dureza» tradicional del futbolista. De esta forma, el exarquero no solo negó el peso de las acusaciones de racismo, sino que atacó directamente a colectivos históricamente discriminados.

Este episodio refleja la tensión creciente entre dos visiones opuestas del fútbol contemporáneo. Por un lado, la postura de quienes, como Chilavert, añoran un juego sin cámaras ni micrófonos, donde los insultos eran considerados parte de la competencia y se mantenían en el ámbito privado del vestuario o de la cancha. Por otro, la de quienes impulsan protocolos contra el racismo, la homofobia y cualquier forma de violencia verbal, bajo la premisa de que lo que ocurre en el campo también tiene impacto en la sociedad.

El caso de Vinicius se ha convertido en un símbolo de este conflicto. El brasileño ha denunciado en múltiples ocasiones actos racistas en diferentes estadios, lo que ha llevado a que las autoridades del fútbol intensifiquen campañas y protocolos. Sus gestos, protestas y reacciones generan adhesiones y críticas: para algunos, es un jugador valiente que expone un problema estructural; para otros, como Chilavert, un futbolista que exagera, provoca y luego se refugia en el discurso antirracista cuando la situación se le vuelve en contra.

Las palabras de Chilavert también reabren el debate sobre la responsabilidad de las figuras públicas. Un exjugador con amplio recorrido y notoriedad mediática influye en la forma en que una parte de la afición interpreta los episodios de racismo en el fútbol. Cuando se minimizan los insultos o se ridiculizan los protocolos antidiscriminación, se corre el riesgo de legitimar comportamientos que los organismos deportivos intentan erradicar desde hace años.

Otro punto delicado es la utilización de términos y expresiones que combinan racismo y homofobia. Calificar al fútbol actual con palabras que denigran a personas LGBTIQ+ no solo refuerza estereotipos, sino que también alimenta la idea de que la «hombría» en el deporte está ligada a la capacidad de soportar agravios, insultar y agredir verbalmente sin consecuencias. Este discurso contrasta con los esfuerzos de muchos clubes, ligas y federaciones que buscan crear entornos más inclusivos para jugadores, aficiones y cuerpos técnicos.

Al mismo tiempo, la polémica evidencia cómo el VAR y la tecnología han cambiado la manera en que se vive y se juzga un partido. Antes, muchos intercambios verbales quedaban en el anonimato; hoy, una cámara o un micrófono pueden registrar una frase discriminatoria y convertirla en un escándalo global en cuestión de minutos. Esa exposición ha obligado a revisar códigos de conducta y normas disciplinarias, algo que sectores tradicionales consideran una amenaza a la «esencia» del fútbol, mientras otros lo ven como un paso necesario hacia un deporte más responsable.

La figura de Prestianni, en medio de todo esto, queda atrapada entre acusaciones que aún no han sido demostradas y una defensa que, en lugar de centrarse en los hechos, opta por atacar al denunciante y desacreditar las políticas contra la discriminación. Si se confirma que hubo insultos racistas, su caso se sumará a una larga lista de episodios que muestran que el problema persiste. Si no se prueba, seguirá quedando la pregunta sobre cómo manejar señalamientos de este tipo sin caer en linchamientos mediáticos, pero también sin desproteger a las víctimas reales de racismo.

Vinicius, por su parte, continúa en el centro del huracán: aplaudido por quienes valoran su denuncia constante del racismo, criticado por quienes consideran excesivos sus gestos y reacciones sobre el campo. La intervención de figuras como Chilavert no hace sino extremar las posiciones, llevando el debate desde el análisis del juego hacia un terreno cargado de insultos, términos discriminatorios y confrontaciones ideológicas.

En última instancia, el episodio deja varias preguntas abiertas: ¿dónde trazar la línea entre provocación deportiva y agresión discriminatoria? ¿Hasta qué punto la tecnología debe intervenir en lo que se dice en el terreno de juego? ¿Es posible preservar la intensidad competitiva sin tolerar insultos racistas u homófobos? Las respuestas no son simples, pero lo que resulta evidente es que declaraciones como las de Chilavert, al borde del insulto racial y repletas de expresiones despectivas, alimentan un clima que hace más difícil avanzar hacia un fútbol libre de violencia verbal y exclusión.