‘Estados Unidos jugó con la agresividad que me hubiera gustado ver a México’: el duro diagnóstico tras el debut mundialista
La goleada de Estados Unidos 4-1 sobre Paraguay en su presentación en el Mundial 2026 encendió las comparaciones inmediatas con el estreno de la Selección Mexicana. Mientras uno de los anfitriones desbordó intensidad, presión alta y determinación ofensiva, el Tricolor dejó más dudas que certezas pese a vencer 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural del torneo.
En la mesa de debate de *La Última Palabra* el juicio fue contundente. No se cuestionó el resultado de México, sino la forma. Para varios analistas, la actuación estadounidense evidenció la falta de agresividad y personalidad que se esperaba ver en el equipo dirigido por el combinado mexicano.
Raoul Ortiz fue directo al trazar la comparación:
«Estados Unidos dio un gran partido, jugó con la agresividad que me hubiera gustado ver a México. Paraguay salió con mucho miedo, con un futbol que no le caracteriza. En la Eliminatoria había sido un equipo aguerrido, pero hoy el escenario se los comió».
La diferencia más visible entre ambos anfitriones, según el panel, estuvo en la intensidad sin balón y en la convicción para ir al frente desde el silbatazo inicial. Mientras México aprovechó dos expulsiones rivales sin terminar de imponer autoridad, Estados Unidos sometió a Paraguay desde los primeros minutos.
Ortiz destacó especialmente la determinación del conjunto de las Barras y las Estrellas:
«El jugador norteamericano salió con una personalidad tremenda, a apretar desde el primer minuto. Fueron a robar arriba, metieron goles tempraneros. Me gustó mucho el gol de Balogun y el cuarto de Reyna es un golazo».
Más allá del marcador abultado, lo que llamó la atención fue la forma en que Estados Unidos interpretó el partido: presión coordinada, transiciones rápidas, agresividad en los duelos individuales y una claridad notable para castigar cada error paraguayo. Algo que, a juicio de los analistas, escaseó en el debut mexicano.
La deuda de México: ganar no fue suficiente
El triunfo 2-0 sobre Sudáfrica debería haber dado tranquilidad, pero ocurrió lo contrario. La afición salió inconforme: el equipo no aprovechó con contundencia la superioridad numérica ante un rival que terminó con nueve hombres, y dejó la sensación de haber administrado el marcador en lugar de ir por la goleada.
En el debate se insistió en que, en un Mundial donde el criterio de desempate puede ser la diferencia de goles, la falta de ambición ofensiva es un pecado caro. Para muchos, México tuvo la oportunidad perfecta para mandar un mensaje de autoridad y no lo hizo.
Ahí es donde la comparación con Estados Unidos resultó inevitable: mientras el cuadro mexicano pareció conformarse con un resultado cómodo, el estadounidense olió sangre desde el arranque y no levantó el pie del acelerador. Esa mentalidad competitiva es la que varios esperaban ver reflejada en el Tricolor.
Hermosillo: el físico de Estados Unidos «te mata»
Carlos Hermosillo, voz autorizada por su trayectoria y por haber jugado en la Major League Soccer, puso el foco en un punto que considera clave: la preparación física y el ritmo de competencia del futbolista estadounidense.
«Dicen: ‘Paraguay no jugó bien’, pero es que no los dejaban ni salir. Cuando un equipo es intenso en la recuperación del balón, ¿cómo le haces? No sabían ni cómo salir. Físicamente en Estados Unidos son diez mil veces mejores que nosotros, físicamente te matan», sentenció.
Hermosillo no se limitó a elogiar el despliegue físico; lo vinculó con un trabajo estructural de muchos años, una planificación que hoy empieza a rendir frutos en torneos de máxima exigencia. El exdelantero insistió en que, mientras ellos han profesionalizado procesos desde la base, México sigue arrastrando vicios y retrasos.
Un proyecto cocinado a fuego lento
Joaquín del Olmo retomó precisamente esa línea histórica. Para él, lo que hoy se ve de Estados Unidos en el Mundial 2026 no es casualidad ni «moda», sino el resultado de una estrategia de largo plazo.
«Es un proceso que ha hecho la Federación de Estados Unidos desde hace mucho tiempo. Te hablo desde el 96: ya había jugadores en Holanda, y los prestaban gratis o la Federación les pagaba el sueldo. En México seguimos esperando los pasaportes», recordó.
La diferencia, desde su óptica, es estructural:
– Estados Unidos apostó desde hace décadas por exportar talento joven a Europa, incluso asumiendo costos económicos.
– Acompañó el crecimiento de la MLS con inversión en fuerzas básicas, infraestructura y metodologías modernas.
– Priorizaron el desarrollo atlético y la formación integral del jugador.
México, en contraste, ha enfrentado trabas burocráticas, límites a jugadores extranjeros que no siempre favorecen al joven nacional y una resistencia histórica a la salida temprana de futbolistas a ligas europeas.
Paraguay, víctima de su propio temor y del rival
En el análisis no se exculpó a Paraguay, pero se matizó la crítica. Gustavo Alfaro reconoció que en ciertos aspectos fueron superados y que el equipo no logró mostrar el carácter combativo que lo había distinguido en la Eliminatoria. No obstante, desde la mesa se subrayó que buena parte de esa versión tan deslucida tuvo que ver con la presión asfixiante de Estados Unidos.
Paraguay, normalmente un conjunto sólido, intenso y difícil de doblegar, lució paralizado por el contexto y la propuesta del rival. La combinación de miedo escénico y superioridad física y táctica de los estadounidenses terminó por borrar cualquier reacción sudamericana.
¿Qué le falta a México para alcanzar ese nivel de agresividad?
La discusión derivó inevitablemente hacia el futuro inmediato del Tricolor. No se trata solo de jugar «bonito» o mantener la posesión, sino de incorporar hábitos competitivos que hoy se ven con mayor claridad en Estados Unidos:
– Presionar alto de manera coordinada, no solo con uno o dos jugadores.
– Aumentar la intensidad en la recuperación tras pérdida, reduciendo las pausas.
– Apostar por un ritmo físico sostenido los 90 minutos.
– Asumir riesgos ofensivos cuando el partido lo demanda, en lugar de replegarse con ventajas mínimas.
La sensación general es que México tiene talento técnico para competir con cualquiera, pero todavía arrastra una brecha en la parte física, mental y estructural. Ganar ya no basta si el objetivo es trascender más allá de la fase de grupos o de los tradicionales octavos de final.
El impacto anímico y mediático de un debut así
La presentación de Estados Unidos no solo llenó de confianza a su selección; también envió un mensaje al resto del torneo. Técnicos como Mauricio Pochettino advirtieron que lo mostrado «no es nada» comparado con el techo que puede alcanzar este equipo si sostiene esa dinámica.
México, en cambio, entra a la segunda jornada con una presión distinta: ganó, pero debe convencer. La comparación constante con su vecino del norte no desaparece, y cada actuación de uno potenciará la lectura de la del otro, al ser coanfitriones y compartir región.
Para el entorno del Tricolor, esto puede funcionar como un llamado de atención: no basta con cumplir el trámite del resultado; el Mundial exige imponer condiciones, marcar territorio y demostrar evolución en relación con procesos mundialistas anteriores.
Un espejo incómodo, pero necesario
En el fondo, el debate no es un simple elogio a Estados Unidos ni una descalificación absoluta a México. Es un espejo incómodo que evidencia la urgencia de acelerar cambios en la formación, la mentalidad y la preparación de la Selección Mexicana.
Los analistas coinciden en que el talento existe y que el triunfo ante Sudáfrica no debe minimizarse. Sin embargo, el contexto obliga a más: si el país es sede de un Mundial, la exigencia natural es competir al máximo nivel, sin depender de expulsiones rivales ni de partidos controlados a medio gas.
La frase de Raoul Ortiz resume el sentimiento general: Estados Unidos jugó con la agresividad que muchos esperaban ver en México. La gran incógnita es si el Tricolor será capaz de ajustar sobre la marcha, elevar su intensidad y transformar las críticas en una respuesta contundente en la cancha durante el resto del torneo.
