Fifa sin credibilidad: críticas en Lup por polémicas arbitrales del mundial 2026

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‘Hoy FIFA ya no tiene credibilidad’: en LUP estallan contra las polémicas del Mundial 2026

En la recta final del Mundial 2026, con solo cuatro selecciones en la lucha por el título -Francia, España, Argentina e Inglaterra-, el debate futbolístico se ha visto opacado por un tema que pesa cada vez más: la credibilidad de la FIFA. En el programa La Última Palabra, varios analistas coincidieron en que el organismo que preside Gianni Infantino atraviesa una de sus peores crisis de confianza.

Los panelistas señalaron que no se trata solo de errores arbitrales o decisiones puntuales, sino de un desgaste que viene de años atrás y que ahora, con la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá, se ha hecho mucho más evidente por la mezcla de futbol, política y poder económico.

Uno de los puntos que más encendió la discusión fue la injerencia de figuras políticas en decisiones disciplinarias. La participación de personajes como Donald Trump en temas que deberían ser exclusivos del ámbito deportivo, así como las restricciones impuestas por el gobierno estadounidense a algunas selecciones y árbitros, fueron mencionadas como señales claras de que el futbol está siendo condicionado por factores ajenos al juego.

Para los analistas de LUP, ese cruce de intereses terminó de explotarle en la cara a la FIFA con las controversias arbitrales en las fases de eliminación directa. Las decisiones tomadas en partidos clave han desatado sospechas, incomodidad y un clima de desconfianza generalizado, tanto entre aficionados como entre protagonistas del torneo.

Carlos Hermosillo fue tajante al recordar que el organismo ya venía arrastrando un historial complicado desde el famoso caso de corrupción conocido como FIFA Gate. El exdelantero subrayó que el escándalo, destapado hace algunos años, dejó al descubierto una estructura interna que difícilmente puede reconstruir su imagen de la noche a la mañana. Desde su óptica, lo que ocurre hoy solo profundiza esa herida.

«Lo que pasó con el FIFA Gate no fue un invento; fue un golpe durísimo a la estructura del futbol mundial. Y ahora ves que el presidente de Estados Unidos interviene para que se sancione a un jugador, le ‘muestra’ una tarjeta roja desde la política, y FIFA lo permite… ¿dónde queda la autoridad del organismo? Yo, sinceramente, no creo que FIFA tenga credibilidad en este momento», afirmó Hermosillo, cuestionando la independencia del ente rector.

Eduardo De la Torre, por su parte, recalcó que el problema no se limita a decisiones administrativas o políticas, sino que ya contaminó directamente la esencia del juego. Para él, las resoluciones arbitrales en este Mundial 2026 han puesto a la FIFA en una posición muy delicada frente a la afición y frente a las propias selecciones.

«Es inevitable que pierda credibilidad. Hablamos de decisiones arbitrales que influyen de manera directa en partidos decisivos. No sé cómo van a hacer en el próximo Mundial para contrarrestar todo esto o qué nueva medida van a inventar para tratar de tapar el daño. Lo político es un tema aparte, en el que quizá Infantino no siempre tiene la última palabra, pero la influencia externa se siente y pesa mucho más de lo que debería», señaló De la Torre.

A la par de la discusión sobre política y justicia deportiva, otro elemento se puso sobre la mesa: el uso masivo de la tecnología y su impacto en la identidad del futbol. Varios panelistas consideraron que el Mundial que organiza la FIFA se está distanciando cada vez más del futbol que surgió en las calles y los barrios, el que históricamente fue presentado como un deporte universal, sencillo y accesible.

Ignacio Hierro fue especialmente crítico con esta transformación. Aseguró que la FIFA, en su intento por sofisticar y controlar cada aspecto del juego, ha terminado por romper con ese espíritu original que hizo del futbol un fenómeno global.

«FIFA hoy no es solo futbol; es un conglomerado de intereses. Y cuando ves lo que pasa fuera de la cancha, incluso dejando a un lado las decisiones arbitrales, lo que se percibe es que ha perdido credibilidad ante gobiernos, ante el dinero y frente a situaciones que no le hacen ningún bien al deporte. El origen del juego está en ese futbol de barrio, donde hace 30 años decíamos que era un deporte que, pese a la falta de tecnología, se podía practicar en cualquier rincón del mundo con las mismas reglas básicas. Hoy, mi sensación es que este futbol de élite se aleja cada vez más de lo que se juega en la calle», remarcó Hierro.

A este diagnóstico se sumó Fabián Estay, quien recordó que la pérdida de confianza en la institución no empezó con Infantino, sino que es un proceso que se arrastra desde varias administraciones anteriores. Para el exfutbolista, los patrones de comportamiento se han repetido con diferentes nombres al frente, lo que alimenta la percepción de que nada cambia realmente.

«No es algo exclusivo de este Mundial. Esto viene desde la época de Joao Havelange, siguió con Joseph Blatter y ahora con Infantino. Basta ver con quién se sienta, con quién se reúne. ¿Cuántas veces lo hemos visto al lado del presidente de la federación argentina o del presidente de la Conmebol? ¿Crees que eso no está cocinado? Además, la FIFA siempre pregonó que la política no debía mezclarse con el futbol, y hoy ellos mismos han abierto la puerta para que eso suceda. Por supuesto que Infantino ha perdido muchísima credibilidad», sostuvo Estay.

Los analistas también abordaron el papel de las nuevas herramientas tecnológicas, como el videoarbitraje y los sistemas de detección semiautomática, que llegaron con la promesa de hacer el juego más justo y transparente. Sin embargo, en el Mundial 2026, muchos aficionados tienen la sensación de que, lejos de terminar con la polémica, estos recursos han generado más dudas y tiempo de discusión.

En varios partidos de eliminación directa, se han vivido pausas largas, revisiones extensas y decisiones explicadas de manera confusa. Esto ha reforzado la idea de que, aun con tecnología, la línea entre la interpretación y el error sigue siendo muy delgada. Para la mesa de LUP, el problema no es solo la herramienta, sino quién la maneja, bajo qué criterios y con qué presiones externas.

Otro ángulo señalado fue el del aficionado común. Mientras la FIFA vende el Mundial como un espectáculo global impecable, muchos seguidores sienten que el torneo ya no les pertenece. Los altos precios de entradas, la mercantilización extrema y la sensación de que todo está diseñado para la televisión y los patrocinadores alejan al hincha tradicional y alimentan la narrativa de que la institución prioriza el negocio por encima del deporte.

Esa distancia también se refleja en la cancha: la constante intervención del VAR, las revisiones disciplinarias condicionadas por factores extradeportivos y las dudas sobre la designación de árbitros dejan la impresión de que el resultado de un partido puede depender tanto de lo que pasa en los despachos como de lo que ocurre sobre el césped.

Dentro de este contexto, la salida anticipada de figuras arbitrales de peso del torneo, como se ha reportado en el caso de algunos colegiados que ya no estarían considerados por FIFA para las fases finales, añade una capa más de sospecha. Cualquier cambio, relevo o exclusión se interpreta bajo el prisma de la presión política o mediática, debilitando aún más la confianza en la neutralidad del organismo.

Los comentaristas también destacaron que el Mundial 2026, al disputarse en un país como Estados Unidos, ha quedado especialmente expuesto a la agenda política interna y a su influencia global. Las restricciones de visado, las condiciones impuestas para el ingreso de ciertos seleccionados o árbitros y la utilización del evento como escaparate político alimentan el relato de que el futbol está siendo utilizado como herramienta de poder blando.

A futuro, los analistas ven un reto enorme para la FIFA. Reconstruir credibilidad no será cuestión de una campaña de imagen, sino de cambios estructurales profundos: mayor transparencia en sus decisiones, independencia real frente a los gobiernos, criterios claros en el uso de la tecnología y procesos arbitrales que no dejen margen para la sospecha. Sin embargo, muchos dudan de que el actual liderazgo tenga voluntad real de impulsar esas transformaciones.

También se planteó que, si la FIFA no corrige el rumbo, podría abrirse una brecha más profunda entre el futbol de élite -regido por acuerdos comerciales multimillonarios- y el futbol de base, el que se juega en canchas improvisadas y ligas amateurs. Esa fractura, coincidieron, sería una de las peores noticias para el futuro del deporte, porque el encanto del futbol siempre radicó en su sencillez y en la ilusión de que cualquiera, desde cualquier barrio, podía soñar con llegar a la cima.

En el cierre del debate, la conclusión fue casi unánime: el Mundial 2026 está dejando goles, emociones y grandes historias deportivas, pero también una sombra muy marcada sobre la FIFA. Para voces como las de Hermosillo, De la Torre, Hierro y Estay, el organismo que debería proteger la esencia del futbol se encuentra, hoy más que nunca, en el banquillo de los acusados, con una credibilidad seriamente dañada y una afición que observa cada movimiento con creciente desconfianza.