«Juego mejor que Raphael Veiga»: en *La Última Palabra* destrozan al América y califican de fracaso su eliminación en Concachampions
El América volvió a quedar a deber en el plano internacional. La derrota 1-0 ante Nashville SC en el Estadio Banorte significó su adiós de la Concacaf Champions Cup, un torneo que dentro del club estaba marcado como prioridad absoluta. La caída encendió las críticas y, en la mesa de *La Última Palabra*, no dudaron en catalogar lo sucedido como un rotundo fracaso para la institución azulcrema.
Carlos Hermosillo fue uno de los más duros analistas con el rendimiento de las Águilas. El exdelantero subrayó que, tratándose de un equipo grande del futbol mexicano, el América tenía la obligación de imponer condiciones ante un rival de la MLS y avanzar sin excusas. Para él, el golpe no solo es deportivo, sino también de prestigio, porque refuerza la percepción de que los clubes mexicanos han perdido terreno frente a la liga estadounidense.
Hermosillo lamentó que tanto América como Cruz Azul hayan quedado fuera ante equipos de la MLS, recordando que son dos de los conjuntos más representativos del país. Según su visión, cuando estas instituciones fallan en competencias internacionales, el golpe alcanza a todo el futbol mexicano, que pierde protagonismo en la región y alimenta la narrativa de que el nivel de la Liga MX va a la baja.
El analista insistió en que estos clubes «tendrían que sacar la cara» por el balompié nacional y responder en la cancha, sobre todo en un torneo que tradicionalmente ha sido una vitrina para medir fuerzas con Estados Unidos y Canadá, y que ofrece el boleto al Mundial de Clubes. En ese contexto, la eliminación del América se lee como una oportunidad desperdiciada y como un síntoma de problemas más profundos en el equipo.
La crítica al rendimiento del cuadro de André Jardine fue más allá del resultado puntual. Hermosillo destacó que América viene arrastrando una inercia negativa: un equipo que parece levantarse por momentos, pero que vuelve a caer en cuanto se le exige al máximo. A su juicio, el conjunto está atrapado en una irregularidad que ya no puede explicarse solo por detalles o mala suerte.
Lo más llamativo de su intervención fue el señalamiento directo hacia los refuerzos que llegaron por pedido explícito del técnico. Hermosillo recordó que a Jardine le otorgaron prácticamente todo lo que solicitó para reforzar la plantilla al inicio del torneo, con incorporaciones como Rodrigo Dourado, Vinicius Lima y Raphael Veiga, jugadores que debían marcar diferencia, sobre todo en noches como la de la Concachampions.
El exgoleador reconoció el tricampeonato de Jardine y aseguró sentir respeto por lo que ha logrado, pero subrayó que precisamente por ese respaldo de la directiva ahora las exigencias deben ser más altas. Si el entrenador tuvo la libertad de armar el plantel con los perfiles que deseaba, la responsabilidad por el pobre funcionamiento y por quedarse corto en el objetivo internacional recae directamente sobre él y sus elegidos.
Hermosillo también cuestionó de forma frontal el nivel actual de Raphael Veiga. Con un tono irónico, aseguró que «juega mejor» que el propio mediocampista brasileño y pidió que «lo contraten» a él mismo. Más allá de la broma, el mensaje fue claro: para un futbolista que llegó con etiqueta de figura y con expectativas de ser el líder creativo del equipo, su impacto en la eliminatoria ante Nashville fue prácticamente nulo.
En la misma línea, mencionó a Vinicius Lima y a Rodrigo Dourado como ejemplos de refuerzos que no han terminado de justificar la inversión ni el lugar que ocupan en el once. Para Hermosillo, la comparación con Diego -en alusión a Diego Valdés, pieza clave en el tricampeonato- es inevitable: mientras el chileno fue determinante en los títulos, los nuevos fichajes aún están lejos de ese protagonismo.
En el debate también se puso sobre la mesa la idea de que, cuando un club como América entra en una espiral negativa, levantarlo se vuelve una tarea compleja. La presión mediática, la exigencia de la afición y la historia del equipo hacen que cualquier tropiezo se convierta en escándalo. Y si a eso se suma la eliminación en un torneo que el propio entorno americanista consideraba prioridad, la tormenta se intensifica.
La eliminación no solo deja al América sin aspiraciones internacionales este año, también abre interrogantes sobre el proyecto deportivo. ¿Está realmente bien conformado el plantel? ¿Se eligieron los refuerzos adecuados? ¿El sistema de Jardine potencia o limita a las nuevas figuras? Estas preguntas comienzan a tomar fuerza entre analistas y aficionados, sobre todo cuando se observa que el equipo no logra mantener una línea de rendimiento sólida.
Otro punto que se ha vuelto recurrente es la comparación con otros equipos mexicanos que también quedaron fuera de la Concachampions frente a rivales de la MLS. El caso de Cruz Azul, que dejó vacante el trono sin siquiera poder ganar su serie ante LAFC, refuerza la sensación de un problema estructural: clubes que se habían acostumbrado a dominar el área hoy sufren y son superados por rivales que hace unos años parecían un peldaño abajo.
Para América, el fracaso pega doble: en lo deportivo y en lo simbólico. El club había apuntado a este torneo como un paso necesario para consolidarse de nuevo como referencia continental y para acercarse al escaparate del Mundial de Clubes. Quedar fuera tan pronto, y frente a un equipo que en el papel lucía asequible para la poderosa plantilla azulcrema, alimenta la narrativa de que este proyecto no termina de cuajar.
En este contexto, el futuro de André Jardine se vuelve un tema de conversación inevitable. El propio técnico ha dejado claro que su continuidad dependerá de lo que decidan Santiago Baños y Emilio Azcárraga, aceptando que la directiva tiene todo el derecho de evaluar su trabajo. Aunque el tricampeonato le da crédito, la exigencia en América es constante y los tropiezos en torneos internacionales suelen pesar más que los éxitos locales.
A nivel de vestidor, el fracaso en Concachampions obliga a una autocrítica profunda. Jugadores llamados a ser líderes, como los refuerzos extranjeros y las figuras consolidadas, deberán responder dentro de la cancha y asumir su cuota de responsabilidad. El discurso de que «hay tiempo para mejorar» pierde fuerza cuando el equipo se queda sin uno de sus grandes objetivos de la temporada y deja escapar un título internacional que era, en teoría, alcanzable.
También aparece la dimensión emocional y anímica: un golpe como el de la eliminación puede fracturar la confianza del grupo o, por el contrario, servir como punto de quiebre para reconstruirse. Todo dependerá de cómo reaccionen el cuerpo técnico y los futbolistas en los siguientes partidos de liga. Si el equipo se hunde en la irregularidad, la presión crecerá hasta niveles insostenibles; si consigue encadenar buenos resultados, podría amortiguar, que no borrar, el mal sabor de boca.
De cara al futuro inmediato, la reflexión en América deberá ir más allá de la típica promesa de «volver más fuertes». Se vuelve necesario revisar el modelo de selección de refuerzos, el equilibrio entre figuras consagradas y jugadores de cantera, la gestión de momentos clave y la forma de competir ante rivales de la MLS, que hoy parecen mejor trabajados física y colectivamente.
La crítica de Hermosillo, con frases contundentes como «yo juego mejor que Raphael Veiga», es un reflejo de un sentir más amplio: para buena parte de la opinión pública, este América está por debajo de lo que se espera de una institución de su tamaño. Mientras no se traduzca el potencial de la plantilla en resultados internacionales, cada eliminación en Concachampions seguirá leyéndose como lo que muchos ya no dudan en llamar: un fracaso rotundo.