«Tenemos certificados de ascenso y no pueden desaparecerlos de un plumazo»: la defensa de Leones Negros ante la Liga MX
La discusión sobre el regreso del ascenso y descenso en el futbol mexicano volvió a encenderse, y uno de los clubes que ha decidido plantarse con firmeza es Leones Negros de la Universidad de Guadalajara. Su presidente, Alberto Castellanos, dejó claro que el tema no es solo deportivo, sino también legal, económico y hasta moral para el desarrollo del futbol en el país.
Según explicó, varios clubes de la Liga de Expansión cuentan con derechos adquiridos que no pueden ignorarse solo porque cambien los estatutos de la Federación o de la Liga MX.
«Los que estamos en esta categoría, al menos 12 equipos tenemos derechos generados. Tenemos certificados de afiliación con derecho al ascenso y eso no se puede borrar de un plumazo porque a alguien se le ocurrió modificar las reglas», advirtió el directivo.
El peso de los certificados de afiliación
Estos certificados de afiliación con derecho al ascenso son documentos otorgados en su momento por la propia Federación Mexicana de Futbol a clubes que cumplieron con requisitos deportivos, administrativos, financieros y de infraestructura.
Para Castellanos, no se trata de una simple formalidad: es la base jurídica sobre la que los clubes de Expansión pueden exigir que se respete la posibilidad de subir a Primera División cuando se lo ganen en la cancha.
El presidente de Leones Negros subrayó que esos derechos no se anulan solo con una votación interna:
«Si se reconoce que esos certificados existen, entonces también se tiene que reconocer que no pueden cancelarse unilateralmente. Hay una historia detrás, inversiones, proyectos, canteras completas construidas bajo esa promesa de ascender», señaló.
La eliminación del ascenso como golpe económico
Más allá de lo deportivo, Castellanos fue muy claro al hablar del impacto que la clausura del ascenso ha tenido en la Liga de Expansión. La falta de una recompensa deportiva de alto impacto como subir a Primera ha frenado inversiones, ha reducido presupuestos y, en consecuencia, ha golpeado directamente los salarios de los jugadores.
«En su momento llegamos a pagar salarios de 300 mil pesos mensuales. Hoy, el que más gana con nosotros es uno solo que está en 100 mil pesos. El resto, en promedio, cobra entre 40 y 50 mil pesos», reveló.
El contraste es brutal y deja en evidencia que, sin ascenso, el negocio cambia completamente: el valor de la franquicia se estanca, los patrocinios se negocian a la baja y la taquilla pierde atractivo al no haber un gran objetivo al final del torneo.
El dirigente reconoció que el descontento en los vestidores es enorme:
«Los jugadores están muy encabronados, esa es la realidad. De ahí vienen tantas protestas, tanto enojo. Sienten que les apagaron la ilusión y que su techo está limitado desde el escritorio, no por su rendimiento».
Una narrativa hecha para proteger intereses
Castellanos también denunció que desde la élite del futbol mexicano se ha construido un discurso para justificar la desaparición del ascenso y descenso.
«Te manejan la narrativa de que no hemos evolucionado, de que no agregamos valor a la Liga de Expansión, pero eso está armado para proteger sus intereses», dijo, en referencia a los dueños de clubes de Liga MX.
Su argumento es que, mientras se cierran las puertas deportivas, el valor de las franquicias existentes se incrementa, porque hay solo 18 lugares disponibles para estar en Primera.
«Solo hay 18 vías para llegar a Primera División, y al convertirse en un circuito cerrado, esos accesos suben de precio. Es un mercado artificialmente limitado, donde gana el que ya está adentro y pierde el que busca ganarse el lugar compitiendo», explicó.
El impacto en la formación de futbolistas
En lo deportivo, el presidente de Leones Negros recordó una idea que ha resonado con fuerza en los últimos años: la importancia del ascenso y descenso como herramienta formativa.
Citó recientemente al director de Selecciones Menores, Andrés Lillini, quien resaltó que los futbolistas crecen más en entornos de alta exigencia.
«Hace unos días, Lillini dijo que los escenarios donde los jugadores realmente forjan el carácter es peleando el ascenso y evitando el descenso. Es ahí donde aprenden a competir de verdad, donde cada punto cuenta. Y eso es precisamente lo que quieren quitar en este futbol», lamentó Castellanos.
La reflexión no es menor: sin esa presión deportiva, muchos equipos se quedan en una zona de confort. Los partidos pierden dramatismo, se diluye el sentido de urgencia y la tabla general deja de tener consecuencias profundas.
En lugar de moldear jugadores acostumbrados a resolver partidos decisivos, se corre el riesgo de formar futbolistas que crecen en contextos menos exigentes, lo que inevitablemente termina repercutiendo en el nivel de las selecciones nacionales y en el espectáculo.
El modelo de liga cerrada bajo la lupa
El sistema actual, cercano a un modelo de liga cerrada, ha sido defendido por algunos como una forma de garantizar estabilidad económica, evitar descensos traumáticos y consolidar proyectos a largo plazo. Sin embargo, desde la trinchera de clubes como Leones Negros, la realidad es distinta.
Castellanos sostiene que, en México, adoptar un esquema sin ascenso ni descenso no tomó en cuenta las características del futbol local:
«Se presume que tenemos una liga de ‘alto nivel futbolístico’, pero al mismo tiempo se elimina uno de los principios deportivos más básicos. No se puede presumir competitividad mientras se cierran vías para que quien hace bien las cosas suba y quien las hace mal baje», argumentó.
Además, recordó que la pasión de las aficiones muchas veces se construye alrededor de historias de heroísmo: equipos modestos que ascienden, clubes históricos que vuelven desde categorías inferiores, ciudades enteras que se vuelcan detrás de un sueño. Sin esa posibilidad, la narrativa del futbol se empobrece.
El caso particular de Leones Negros
Leones Negros no es un club improvisado. Representa a una de las universidades más importantes del país y tiene una base social, académica y de afición muy sólida. Su historia en Primera División, sus descensos, su retorno a categorías profesionales y su paso por la Liga de Ascenso han moldeado una identidad ligada precisamente a la lucha por subir.
En ese contexto, la decisión de cerrar el ascenso golpea doblemente: frena un proyecto deportivo universitario y manda el mensaje de que, por bien que trabajes, tu techo está marcado.
Para una institución educativa que promueve el mérito, la competencia sana y la superación constante, el sistema actual se percibe como una contradicción con sus propios valores.
Estrategia y próximos pasos de los clubes de Expansión
Castellanos comentó que varios clubes de la Liga de Expansión han buscado articularse para defender de manera conjunta sus derechos. Entre los puntos centrales está la exigencia de que se reconozca la vigencia de los certificados de afiliación y se establezca un calendario claro para la reapertura del ascenso.
La ruta contempla recursos ante instancias deportivas y, de ser necesario, vías legales externas al ámbito federativo, siempre con el argumento de que se están violando derechos adquiridos y se limita la libre competencia dentro de una actividad económica como la del futbol profesional.
El presidente de Leones Negros dejó entrever que, aunque no se trata de una pelea sencilla, el descontento en la categoría es suficiente para sostener una lucha de largo plazo. La meta es recuperar el principio básico de que todo club, si cumple con los requisitos administrativos y deportivos, pueda aspirar a jugar en la máxima categoría.
Consecuencias para jugadores y afición
Mientras la dirigencia pelea en los despachos, quienes más resienten día a día las decisiones son los jugadores y la afición. Los futbolistas ven reducidos sus ingresos, sus ventanas de exposición y sus oportunidades de dar el salto a escenarios más competitivos.
La hinchada, por su parte, se enfrenta a torneos donde la emoción del «todo o nada» al final de la temporada se ha diluido.
La frustración de los jugadores, de acuerdo con Castellanos, no solo tiene que ver con el dinero, sino con el techo deportivo: saber que, aunque hagan un torneo perfecto, su club no puede ascender, los lleva a cuestionarse su futuro profesional en el país. Algunos optan por emigrar a otros mercados, otros se resignan a contratos cada vez más modestos.
¿Qué está en juego para el futbol mexicano?
El debate de fondo no es únicamente si regresa o no el ascenso, sino qué tipo de futbol quiere construir México. Un futbol cerrado, controlado por unos cuantos dueños que blindan sus inversiones, o uno que permita la movilidad y premie el mérito deportivo.
Para clubes como Leones Negros, la respuesta es clara: sin ascenso y descenso, se rompe el equilibrio natural de la competencia. Además, se manda una señal desalentadora a inversionistas regionales, universidades, gobiernos estatales y empresarios que en su momento apostaron por proyectos en el interior de la República con la esperanza de llegar a Primera.
En ese escenario, la postura de Castellanos tiene un mensaje de fondo: el ascenso no es solo una línea en un reglamento, es el corazón del sistema competitivo. Y mientras existan certificados de afiliación que reconozcan ese derecho, la lucha por recuperarlo seguirá vigente.
El carácter que se forja peleando por algo más
Al final, la discusión vuelve siempre al mismo punto: el carácter que se forja cuando se juega por algo grande. La presión de salvar la categoría, la ilusión de ascender, la tensión de una liguilla por el boleto a Primera, todo eso construye jugadores más fuertes, más maduros y más competitivos.
Eliminar esa dimensión, insisten dirigentes como Castellanos, es empobrecer el futbol desde dentro. Por eso, mientras la Liga MX se promociona como un torneo de alto nivel, desde la Liga de Expansión se recuerda que ese nivel solo será auténtico cuando todos los clubes tengan de nuevo la posibilidad real de ganarse su lugar en la cancha.