Monterrey destituiría a tato noriega tras el clausura 2026 y busca relevo

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Monterrey tendría decidido destituir a ‘Tato’ Noriega tras el Clausura 2026 y ya explora sustitutos

El proyecto deportivo de Rayados vive horas decisivas. A pesar de la millonaria inversión realizada en los últimos años, la directiva regiomontana no ha logrado convertir ese poderío económico en títulos, y todo apunta a que José Antonio «Tato» Noriega tendría las horas contadas al frente de la presidencia deportiva una vez que concluya el Clausura 2026.

La cúpula albiazul, de acuerdo con versiones internas, habría tomado la determinación de prescindir de Noriega al término del torneo, en un intento por dar un giro profundo a la estructura deportiva. El balance de resultados se considera insuficiente para el tamaño de la plantilla y el gasto en fichajes, y sólo un cambio drástico de escenario deportivo podría modificar el plan.

En el periodo reciente, Monterrey se ha convertido en uno de los clubes que más ha gastado en la Liga MX. Han llegado futbolistas de renombre internacional como Sergio Ramos y Sergio Canales, además de otros elementos procedentes de Europa como Lucas Ocampos, Óliver Torres y Anthony Martial. Sin embargo, la brecha entre la inversión y los logros deportivos es cada vez más evidente: el equipo no ha conseguido coronarse en la liga desde el Apertura 2019.

La etapa de Noriega comenzó en 2022 con la misión de transformar a Rayados en un verdadero dominador del futbol mexicano. El momento más cercano a ese objetivo fue la Final perdida frente al América a mitad de 2024. Aquella serie dejó la sensación de que el proyecto estaba cerca de consolidarse, pero, con el paso de los torneos, esa ilusión se ha ido diluyendo ante la falta de títulos y la irregularidad en instancias definitivas.

Según revelaciones del periodista argentino César Luis Merlo, no sólo Noriega estaría en la lista de salidas: también Héctor Lara, pieza importante en la estructura deportiva, habría sido señalado para abandonar la institución en las próximas semanas. La idea es acometer una renovación profunda del área deportiva para pasar de los grandes nombres a fichajes considerados más estratégicos, coherentes con una planeación a mediano plazo.

La información ha sido reforzada por el reportero Iván del Ángel, quien señala que, desde hace varias semanas, el Consejo de Administración de Monterrey ha sometido a revisión detallada la gestión de «Tato». Las fuentes consultadas apuntan a que el Consejo ya habría dado luz verde para comenzar la búsqueda de un nuevo presidente deportivo, con el objetivo de tener sustituto definido durante la larga pausa que vivirá el fútbol mexicano a mitad de año.

Dentro del análisis interno pesan varios factores: la incapacidad para levantar la Liga MX, la sensación de que el equipo no compite a la altura en los momentos clave, y la percepción de que, por más que se invierte en figuras, el modelo no ha generado una identidad futbolística clara. En un entorno tan exigente como el regio, donde la afición demanda protagonismo constante, la paciencia se ha ido agotando.

Entre los perfiles que se han mencionado de manera extraoficial para ocupar la presidencia deportiva albiazul destacan dos tipos de candidatos: uno que actualmente se encuentra trabajando en otro club, y otro con amplia trayectoria en equipos grandes de México, pero sin puesto en la Liga MX en este momento. En este último grupo han surgido nombres como Santiago Baños y Ricardo Peláez, aunque hasta ahora no existe confirmación ni acercamientos oficiales reconocidos.

La elección del nuevo director deportivo no será un trámite menor. Rayados busca a alguien capaz de equilibrar la necesidad de seguir compitiendo por las principales figuras del mercado con la obligación de construir planteles mejor balanceados, que no dependan solamente de estrellas de renombre internacional. La apuesta, según se comenta dentro del club, sería transitar de la «colección de nombres» a un proyecto con estructura, idea de juego y continuidad.

El Clausura 2026 añade un componente particular al contexto. La Liguilla se disputará sin seleccionados mexicanos y con prisa por finalizar en mayo, debido a la obligación de liberar a los jugadores convocados con antelación, conforme al calendario internacional. Tras la conclusión del torneo, la Liga MX se detendrá cerca de dos meses, una ventana que Monterrey pretende aprovechar para cerrar el nuevo organigrama deportivo y trazar el plan de contrataciones para el siguiente ciclo.

Ese lapso de inactividad competitiva será clave. La directiva regiomontana sabe que, si el relevo en la presidencia deportiva se concreta, el nuevo responsable deberá llegar con tiempo suficiente para evaluar plantel, definir bajas, priorizar refuerzos y revisar la situación contractual de varios jugadores clave. Se busca evitar el escenario repetido de otros años, donde las decisiones se han tomado a contrarreloj y en medio de la presión por resultados inmediatos.

Otro punto en la mesa es la relación entre la dirección deportiva y el cuerpo técnico. Uno de los reproches que ha surgido hacia la gestión de Noriega tiene que ver con la alineación -o falta de ella- entre el perfil de fichajes y la idea de juego del entrenador en turno. El sustituto que llegue tendría como tarea central construir una línea clara de trabajo: elegir al técnico con una filosofía definida y luego moldear la plantilla a partir de esa visión, no al revés.

Dentro del entorno del club se reconoce que la presión no se limita a la Liga MX. Rayados también tiene la exigencia de figurar en torneos internacionales de la región, consolidarse como un protagonista habitual en Concachampions y competir seriamente cuando se abran puertas a competiciones de mayor alcance. La directiva entiende que, sin una estructura estable en la presidencia deportiva, esos objetivos seguirán quedando en el terreno de las intenciones.

El futuro inmediato de Noriega, por lo tanto, parece atado a un auténtico milagro deportivo: un cierre de Clausura 2026 que rompa con la sequía de títulos o, al menos, deje una impresión tan contundente que obligue al Consejo a replantear sus conclusiones. No obstante, las señales que se filtran desde dentro del club apuntan a que la decisión está prácticamente tomada y que el verano marcará el final de su etapa en Monterrey.

De confirmarse su salida, el balance de su gestión quedará marcado por una paradoja: fue la era de algunos de los fichajes más rimbombantes en la historia reciente del club, pero también un periodo en el que la distancia entre expectativas y realidad competitiva se hizo demasiado grande. La afición, acostumbrada a ver a Rayados como un candidato natural al título, mira ya hacia el recambio con la esperanza de que el próximo proyecto, más allá de los nombres, devuelva al equipo al lugar que su inversión y su historia le exigen.

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