«Hace tres meses me querían echar y hoy estamos así»: Efraín Juárez se ilusiona con la versión más competitiva de Pumas en años. El técnico auriazul tiene a Universidad Nacional instalada en la segunda posición del Clausura 2026 de la Liga MX y, aunque mantiene un discurso mesurado, reconoce que el equipo se ha ganado el derecho de soñar con llegar lejos en la Liguilla.
Con el cierre de la fase regular a la vuelta de la esquina, Pumas se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados del torneo. Lejos de las dudas del inicio, el equipo capitalino se ha consolidado en la parte alta de la tabla, algo que hace apenas unas semanas parecía impensable, sobre todo si se recuerda el ambiente de presión que rodeaba al banquillo.
Tras la victoria 4-2 sobre FC Juárez en Ciudad Universitaria, Juárez no eludió la memoria reciente: el arranque del Clausura estuvo marcado por resultados irregulares, críticas constantes y voces que pedían un cambio de entrenador. Sin embargo, el estratega insistió en que el proyecto necesitaba tiempo para cuajar, y hoy los resultados le dan la razón.
«Hace tres meses me querían echar y hoy estamos así», reconoció el técnico, visiblemente emocionado por el momento que viven. «Estoy agradecido y feliz con mi cuerpo técnico. Hoy, sabiendo lo que somos, viendo la tabla, que no somos poderosos económicamente, estamos felices, contentos, ilusionados con lo que pueda pasar y con cerrar el torneo de la mejor manera».
Aun así, Juárez no se conforma. El exdefensa universitario lamentó los puntos que se escaparon en duelos clave, particularmente ante Cruz Azul y Chivas, encuentros en los que Pumas dejó ir ventajas importantes. Desde su perspectiva, esos tropiezos marcan la diferencia entre un buen torneo y una campaña histórica.
«Si ganábamos esos dos partidos llegaríamos a un récord de puntos en el club», admitió. Esa frase refleja la mezcla de satisfacción y autocrítica que impera en el vestidor: los resultados son positivos, pero dentro del grupo consideran que todavía hay margen para ser más sólidos, sobre todo en la gestión de los partidos cerrados.
En cuanto al objetivo de cara al cierre de la fase regular, Juárez deja claro que el liderato general no es una obsesión. Sabe que terminar en la cima sería un premio simbólico, pero pone por encima la solidez del equipo y la posibilidad de llegar a la Liguilla con confianza y en buen momento futbolístico.
«Trataré de terminar lo más alto posible, cerrar en casa la Liguilla. No es obsesión el liderato, es el trabajo del día a día», explicó el estratega. Juárez recordó incluso una frase que solía repetir cuando trabajaba en Pachuca: «La cuenta se hace al final, hasta que se acaba el postre». Y ahora la aplica con Pumas: la evaluación real llegará en la fase final.
El duelo de cierre ante Pachuca no será sencillo. Los Tuzos también pelean por desbancar a Chivas y meterse entre los primeros puestos, por lo que el choque pinta como una especie de ensayo general de Liguilla. Para Juárez, será una prueba crucial del nivel competitivo de su equipo, tanto en lo táctico como en lo mental.
«Es un equipo que viene haciendo bien las cosas y será un partido importante de cara a la Liguilla», subrayó. En CU saben que un triunfo ante un rival directo no solo significaría una mejor posición en la tabla, sino también un golpe anímico que podría pesar en la fase definitiva del campeonato.
Más allá de los números, el cambio de percepción en torno a Pumas es evidente. Lo que empezó como un torneo de transición se ha convertido en una campaña donde el equipo compite de tú a tú con planteles más costosos. Juárez insiste en que la clave ha sido el compromiso del grupo y la claridad del plan de juego, por encima del presupuesto.
El técnico ha apostado por una mezcla de juventud y experiencia: jugadores formados en cantera y elementos de recorrido en la Liga MX han encontrado un equilibrio que le ha permitido al equipo ser intenso, dinámico y, sobre todo, competitivo en casi todas las canchas. Esa identidad, según el propio entrenador, es la que ha sostenido al equipo cuando los resultados no acompañaban.
Al interior del vestidor, el discurso de Juárez se repite: no hay triunfalismo, pero sí una ambición renovada. La idea no es solo clasificar, sino llegar a la Liguilla con la convicción de que Pumas puede pelear de verdad por el título, no únicamente «participar». El propio entrenador ha señalado que la gran diferencia con otros torneos es que el grupo cree en lo que hace y entiende cómo ganar diferentes tipos de partidos.
Otro factor que ha jugado a favor es la fortaleza en casa. Ciudad Universitaria ha vuelto a ser una plaza incómoda para los rivales. La combinación de la altura, el horario y una afición que ha recuperado la ilusión ha convertido la localía de Pumas en un punto clave, motivo por el cual Juárez recalca la importancia de finalizar lo más alto posible y asegurar la mayor cantidad de juegos de Liguilla como local.
En el entorno del club se habla también de la transformación personal de Efraín Juárez. De ser un técnico cuestionado y al borde del despido, pasó a convertirse en el líder de un proyecto que empieza a ilusionar incluso a los más escépticos. Su manejo de grupo, su serenidad en los momentos complicados y su insistencia en la evolución diaria del equipo han sido elementos valorados por la directiva.
Para los aficionados, la frase «Hace tres meses me querían echar y hoy estamos así» se ha convertido en un símbolo de resiliencia. Resume el contraste entre la crisis y la actual bonanza deportiva, y conecta con una afición que históricamente ha valorado el esfuerzo, la garra y la capacidad de sobreponerse a la adversidad, más allá de los nombres o las etiquetas.
De cara a la Liguilla, los retos son claros: corregir desconcentraciones defensivas, manejar mejor las ventajas en el marcador y mantener la intensidad durante los 90 minutos. Juárez sabe que en la fase final los errores se pagan caro y que la diferencia entre avanzar o quedar fuera puede estar en detalles aislados. Por eso insiste tanto en la concentración y en no relajarse pese a la buena posición.
Además, el entrenador ha señalado la importancia de gestionar el aspecto emocional. Un equipo que hace poco estaba bajo fuego mediático y ahora recibe elogios constantes corre el riesgo de caer en la complacencia. El trabajo del cuerpo técnico pasa también por mantener al grupo con los pies en la tierra, recordándoles que nada está ganado todavía.
En síntesis, Pumas llega al tramo final del Clausura 2026 con una mezcla de tranquilidad y ambición. Tranquilidad, porque el equipo ya ha demostrado que puede competir arriba; ambición, porque sienten que todavía no han tocado su techo. Efraín Juárez, lejos de aquella versión cuestionada del inicio, hoy se muestra firme, convencido y, sobre todo, ilusionado con lo que su equipo puede lograr en esta recta final del torneo.
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