Selección mexicana rumbo al mundial 2026: ¿está lista para el sexto partido?

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En la mesa de debate de *La Última Palabra* reina un optimismo moderado: pese a las dudas que todavía genera el funcionamiento del equipo, la mayoría de los analistas cree que la Selección Mexicana tiene argumentos suficientes para romper su techo histórico y llegar, al menos, a los Cuartos de Final del Mundial 2026, es decir, disputar el famoso «sexto partido».

El Tri aterrizará en la Copa del Mundo con inercia positiva, después de vencer a Serbia en su último amistoso previo al torneo y mantener el invicto en su preparación rumbo a 2026. Sin embargo, ese buen momento en los resultados no ha borrado las interrogantes sobre el nivel real del conjunto dirigido por Javier Aguirre, ni ha despejado la preocupación por varias decisiones en la alineación inicial.

Confianza en alcanzar el «sexto partido»

En el programa coincidieron en que México está en condiciones de aspirar a los Cuartos de Final, una ronda que históricamente se le ha negado al Tricolor en los mundiales modernos. Joaquín del Olmo fue uno de los más directos al señalar que visualiza al equipo jugando ese sexto encuentro, aunque no dejó pasar la oportunidad para lanzar críticas a la estructura del futbol mexicano.

Del Olmo subrayó que, paradójicamente, un hipotético logro histórico podría evidenciar problemas de calendario y planeación en la Liga MX, ya que el torneo doméstico arrancaría cuando el Mundial todavía no haya concluido, lo que podría provocar que la primera jornada se dispute sin varios seleccionados. Para él, sería una muestra clara de la desorganización del balompié nacional, incluso en un escenario deportivo exitoso.

Carlos Hermosillo se alineó con la idea de que el objetivo mínimo para considerar que México hizo «un gran Mundial» es instalarse entre los ocho mejores. Desde su perspectiva, el discurso de Javier Aguirre sobre «cumplir el objetivo» solo cobra sentido si ese objetivo está claramente definido en torno a alcanzar los Cuartos de Final. Cualquier meta más modesta, consideró, se quedaría corta para un anfitrión que jugará en casa y que conoce mejor que nunca su entorno.

Optimismo sí, pero con pies en la tierra

Aunque en general el ambiente en la mesa fue positivo, los analistas insistieron en no dejarse llevar únicamente por el ánimo. La Selección Mexicana llega sin derrotas, pero eso no significa que el equipo ya haya alcanzado su máximo nivel. Para varios de ellos, el Tri todavía está lejos de su tope futbolístico, y los rivales de la fase de grupos pondrán a prueba la verdadera solidez de la propuesta de Aguirre.

Se destacó que el grupo no puede confiarse solo por jugar en territorio conocido o por el apoyo de la afición. En un Mundial, señalaron, los errores en detalles mínimos se pagan caros, y México históricamente ha quedado eliminado por cuestiones de concentración, manejo de partido o desaciertos puntuales, más que por una diferencia abismal de calidad futbolística.

La banda derecha, el foco de las mayores dudas

En cuanto a la estructura del once titular, uno de los sectores más cuestionados fue la banda derecha. Arturo Villanueva, por ejemplo, reconoció que ve capacidad en el Tri para hacer un papel destacado e incluso llegar al tan mencionado sexto partido, pero admitió que, al observar detenidamente el rendimiento sobre el césped, todavía encuentra pocos argumentos sólidos que respalden un optimismo desmedido.

Villanueva fue muy concreto: la principal zona de preocupación está del lado derecho. Señaló que vio a Jorge Sánchez titubeante en el amistoso contra Serbia, con decisiones apresuradas y problemas en la marca, mientras que Roberto «Piojo» Alvarado tampoco consiguió adueñarse del carril con claridad ni generar ventajas constantes en el mano a mano. Para él, se trata de una franja del campo que, ante rivales más exigentes, podría convertirse en un punto débil recurrente.

Los analistas coincidieron en que Aguirre tendrá que trabajar de manera específica en los automatismos defensivos y ofensivos por ese sector, ya sea reforzando la competencia interna, modificando perfiles o incluso contemplando alternativas tácticas, como laterales más contenidos y extremos que participen con mayor compromiso defensivo.

El debut ante Sudáfrica, primera gran prueba

Todas estas dudas y reflexiones aparecen a pocos días del estreno mundialista frente a Sudáfrica, duelo que se disputará en el Estadio Ciudad de México. Ese compromiso no solo representará el punto de partida del Tri en la Copa del Mundo, sino también el primer examen serio para medir si las buenas sensaciones de los amistosos se traducen en fiabilidad competitiva bajo máxima presión.

En la mesa se subrayó que empezar con el pie derecho será clave para descargar presión. Si México consigue un triunfo convincente en su presentación, el discurso alrededor del equipo podría cambiar rápidamente, reforzando la confianza del grupo y dando margen a Aguirre para ajustar detalles sin la urgencia de tener que remar contra la corriente desde la primera jornada.

La portería, un debate que no se cierra

Otro de los temas que encendió el análisis fue la lucha por el arco. Existe un consenso amplio en que Raúl «Tala» Rangel parte con ventaja para ocupar la posición de portero titular en el Mundial. Su presente, sus condiciones y la confianza que le ha demostrado el cuerpo técnico lo colocan un paso adelante en la competencia interna.

Sin embargo, el nombre de Guillermo Ochoa sigue apareciendo en cada discusión, no solo por lo que representa en la historia reciente del Tri, sino por su peso dentro del vestidor. Algunos comentaristas, encabezados por Carlos Hermosillo, rechazaron tajantemente la idea de que el veterano guardameta pueda disputar un nuevo Mundial como titular en detrimento de opciones más frescas como Carlos Acevedo.

Hermosillo consideró ilógico desplazar a Acevedo o a Rangel para darle el puesto a Ochoa, y apuntó que, si el veterano arquero está en la lista, tendría que ser más por su liderazgo, experiencia y capacidad para apoyar al grupo desde un rol secundario que por una justificación puramente deportiva. Desde su óptica, el mensaje hacia el vestidor sería contradictorio si se apuesta por un homenaje por encima del presente futbolístico.

Óscar Guzmán se sumó a esa postura, recordando que Javier Aguirre ya tomó decisiones valientes en el pasado, cuando dejó en la banca a un portero tan mediático como Jorge Campos en 2002. Para Guzmán, la convocatoria en sí misma ya es un reconocimiento a la trayectoria de Ochoa, pero no debe confundirse con un pase automático a la titularidad. En su opinión, no hay bases competitivas para que el portero estelar no sea «Tala» Rangel.

La delantera y el caso Santiago Giménez

En el frente de ataque también hubo análisis y reservas. Yayo de la Torre expresó que esperaba ver más minutos de Santiago Giménez en el amistoso ante Serbia para medir con precisión su estado futbolístico y su adaptación a la idea de juego de Aguirre. La falta de actividad en ese partido dejó, a su juicio, una incógnita sobre el rol real que tendrá el delantero en el esquema.

La sensación general es que, aunque Giménez llega con credenciales importantes desde el futbol europeo, todavía debe demostrar con la camiseta de la Selección que puede ser el referente indiscutible en los momentos clave. Algunos panelistas consideran que el cuerpo técnico busca evitar que el ataque dependa únicamente de él, repartiendo responsabilidades ofensivas entre varios jugadores para no caer en una «Santi-dependencia».

Al mismo tiempo, se resaltó que México necesita una delantera más contundente de la que ha mostrado en mundiales anteriores. La generación de ocasiones de gol ha sido, históricamente, uno de los puntos fuertes del Tri en fase de grupos, pero la falta de eficacia en el área rival ha terminado pasando factura en las rondas de eliminación directa. Para cambiar esa narrativa, Aguirre requerirá que sus atacantes, incluido Giménez, sean más fríos y certeros en los momentos de definición.

El peso del contexto: jugar en casa y la presión histórica

Más allá de nombres y posiciones, en el análisis se puso sobre la mesa un factor que puede ser determinante: el contexto de un Mundial en territorio conocido. Jugar en casa -o en sedes donde México tendrá un apoyo mayoritario- implica un impulso emocional enorme, pero también una carga de presión superior. Históricamente, el Tri se ha quedado en Octavos de Final, y cada fracaso alimenta la narrativa de la maldición del «quinto partido».

Los comentaristas coincidieron en que 2026 representa una oportunidad inmejorable para romper esa barrera psicológica. La combinación de un calendario relativamente favorable en la fase inicial, el apoyo masivo de la afición y un entrenador experimentado como Javier Aguirre podría ser el cóctel ideal para dar el salto. Pero advirtieron que, si el equipo no sabe gestionar mentalmente ese peso, la presión podría convertirse en un enemigo interno.

Se mencionó también la importancia del liderazgo dentro del vestidor. Jugadores con recorrido mundialista, como algunos veteranos que aún se mantienen en la órbita de la Selección, tendrán la misión de equilibrar el ánimo del grupo, evitar la desconcentración y asegurar que las expectativas externas no se conviertan en ansiedad o bloqueos en los momentos definitorios.

El reto táctico de Javier Aguirre

Entre los aspectos adicionales que se discutieron, destacó el desafío táctico que enfrentará Javier Aguirre. Su experiencia previa en Copas del Mundo es una ventaja, pero también lo obliga a demostrar evolución y adaptación a un futbol mucho más dinámico y versátil que el de 2002 o 2010. El técnico deberá encontrar un equilibrio entre la solidez defensiva que lo caracteriza y la vocación ofensiva que exige una Selección que jugará arropada por su gente.

Los analistas subrayaron que el margen de error será mínimo. Aguirre no solo tendrá que acertar en la elección del portero o del nueve titular, sino también en la estructura del mediocampo, la dosificación de esfuerzos de los jugadores que vienen de temporadas largas en Europa y el manejo de los cambios durante los partidos. Un ajuste táctico tardío o una mala lectura del rival podría costar una eliminación prematura, incluso con un plantel competitivo.

Asimismo, se señaló que el cuerpo técnico tendrá que preparar variantes para distintos escenarios de juego: partidos donde México tenga que proponer y llevar la iniciativa, y otros en los que quizás convenga replegarse, ceder la pelota y apostar por la transición rápida. La flexibilidad táctica será clave si el Tri aspira a superar a rivales de mayor jerarquía en instancias de eliminación.

Profundidad del plantel y competencia interna

Otro punto que se abordó fue la profundidad del plantel. Para llegar lejos en un Mundial no basta con un once titular sólido; se requieren recambios capaces de mantener o incluso elevar el nivel cuando entren al campo. En este sentido, los analistas valoraron que, en varias posiciones, México cuenta con una competencia interna interesante, aunque no exenta de dudas.

En defensa, la prioridad será consolidar una pareja de centrales fiable y laterales que no solo defiendan bien, sino que ofrezcan salida limpia y amplitud. En el medio campo, la mezcla entre contención, creatividad y llegada desde segunda línea será determinante para que el Tri no se vuelva predecible. Y en ataque, además del centro delantero, los extremos y mediapuntas deberán aportar goles y asistencias, no solo desequilibrio individual.

La idea que predominó es que la verdadera fortaleza de México no estará necesariamente en una superestrella, sino en la capacidad colectiva de suplir ausencias, adaptarse a contratiempos y mantener un nivel competitivo alto más allá de los once iniciales.

¿Hasta dónde puede llegar realmente México en 2026?

Tras revisar línea por línea, el consenso en la mesa de *La Última Palabra* se mantuvo: la vara está en los Cuartos de Final. Llegar al sexto partido no solo sería un objetivo cumplido, sino el punto que marcaría un antes y un después para el futbol mexicano. Algunos se atrevieron incluso a soñar con unas Semifinales, pero dejaron claro que, para que eso ocurra, el Tri deberá tocar techo en prácticamente todos los aspectos: físico, táctico, mental y anímico.

Los analistas insistieron en que no basta con apelar a la fe o al impulso de la afición. Si México quiere dejar de vivir de la ilusión y empezar a construir historia, tendrá que resolver sus dudas en la banda derecha, definir con claridad su portero titular, potenciar a su delantero centro y, sobre todo, aprender a manejar los partidos grandes con una madurez que en otras ediciones ha faltado.

En síntesis, la confianza está ahí, pero va acompañada de una lista detallada de tareas pendientes. El Mundial 2026 se presenta como el escenario ideal para que el Tri rompa por fin su techo de cristal. De Javier Aguirre y de la respuesta de sus jugadores dependerá que esa confianza se convierta en realidad o se quede, una vez más, en promesa incumplida.