«Fracasaron, vuelven los fantasmas»: en LUP desmenuzan la eliminación de Cruz Azul y señalan a Huiqui
La fase de grupos de la Leagues Cup llegó a su fin, pero el golpe que recibió Cruz Azul sigue dando material para el análisis. En la mesa de La Última Palabra, la eliminación celeste se leyó sin suavizantes: se habló de fracaso, de fantasmas que reaparecen y de la responsabilidad directa de Joel Huiqui en un nuevo episodio doloroso para la afición cementera.
Cruz Azul arrancó la jornada con un escenario ideal: podía presumir el liderato general de la Liga MX y perfilarse como el representante mexicano más sólido en la Leagues Cup. Sin embargo, un gol en los instantes finales tiró por la borda ese escenario y dejó al equipo fuera de la competencia. La pregunta saltó de inmediato: ¿regresaron las famosas «cruzazuleadas»? En LUP, varios panelistas coincidieron en que lo ocurrido revive viejos traumas del club.
El contexto hacía todavía más dura la caída. Bajo el mando de Joel Huiqui, la Máquina venía de conquistar un título de Liga MX y un Campeón de Campeones en muy pocos partidos, lo que colocó al técnico en un pedestal de efectividad casi perfecto. Parecía que la nueva era celeste había desterrado definitivamente las historias de tragedias en los últimos minutos. Pero esta eliminación, para la mesa de análisis, ya entra sin duda en la categoría de fracaso.
Fabián Estay fue tajante al calificar el tropiezo: «Por supuesto, es un fracaso. Como también lo es lo de Pumas, Chivas y Tigres. No escuché a ningún técnico, ni de México ni de Estados Unidos, decir que este torneo no les importaba. Hay que asumir la Leagues Cup con seriedad. Esta es la segunda derrota de Huiqui y su primer fracaso claro como entrenador». Para el exjugador, el discurso de «torneo menor» no alcanza para justificar un desenlace así.
Aunque algunos evitaron usar abiertamente el término «cruzazuleada», el concepto flotó en el ambiente con otro nombre: los «fantasmas» de Cruz Azul. Esos mismos que aparecían cuando el equipo tenía todo para ganar y, a último momento, veía escaparse títulos o partidos clave. Esta vez, la historia se repitió en un escenario internacional, y el sabor de déjà vu resultó inevitable.
Paul Aguilar lo expresó sin rodeos: «Yo veo las dos cosas: fantasmas y fracaso. Y además, la manera en que sucede. Tuvimos cinco o seis minutos finales en los que ninguno de los dos equipos quería atacarse, como si el empate fuera suficiente. Y otra vez, Cruz Azul se queda del lado equivocado. Siempre había una frase que los perseguía: ‘Del segundo nadie se acuerda’. Y paradójicamente, fue el propio Cruz Azul el que terminó alimentando ese estigma».
Para Ignacio Hierro, la lupa debía apuntar de forma más directa al banquillo. «Es un fracaso de Huiqui, sobre todo por cómo se dan las cosas. Era justo lo que se temía: la falta de experiencia, tener el empate controlado y aun así perderlo en los últimos minutos. A Cruz Azul le ha pasado muchas veces: cuando está cerca de lograr algo importante, termina dejándolo ir. Eso habla de detalles que el cuerpo técnico no supo manejar».
La Leagues Cup suele ser menospreciada por parte de algunos sectores de la afición, pero dentro de LUP se matizó esa postura. Óscar Guzmán y Joaquín del Olmo coincidieron en que, si clubes como Monterrey o León logran colarse a la Concachampions a través de este torneo, entonces la competencia adquiere un valor real y tangible. En otras palabras: lo que para algunos es «poco importante», para otros puede ser una vía directa a un torneo continental.
Detrás de la etiqueta de fracaso hay elementos futbolísticos concretos. Cruz Azul había mostrado solvencia en la Liga MX, con una estructura reconocible, un bloque equilibrado y capacidad para manejar ventajas. Sin embargo, en la Leagues Cup, la gestión de los momentos clave falló. La decisión de replegarse en los minutos finales, la falta de agresividad para buscar un gol que sentenciara el partido y los ajustes tardíos desde el banquillo se volvieron determinantes.
La figura de Joel Huiqui queda en el centro del huracán por un motivo adicional: la expectativa. Tras los títulos iniciales, se instaló la sensación de que por fin había encontrado la fórmula ganadora y que su carácter sereno podía blindar al equipo de la presión. Pero este revés alimenta la narrativa opuesta: que, en momentos límite, sigue faltando temple, lectura de juego y colmillo para cerrar partidos complicados.
También se reabre el debate sobre el peso psicológico en Cruz Azul. Cada nuevo tropiezo en instancias donde el resultado parecía controlado se suma a un archivo mental que jugadores, entrenadores y aficionados cargan año tras año. Los «fantasmas» de los que hablan en LUP no son solo metáfora: representan una presión extra, la sensación de que cualquier error se magnificará porque la historia reciente del club se ha construido con demasiados finales amargos.
Otro punto que se analizó es qué tanta responsabilidad recae en la plantilla y no solo en el técnico. En los últimos minutos, faltó liderazgo en la cancha. No apareció esa voz que ordenara, que pidiera calma con el balón, que decidiera atacar o defender con determinación. El equipo quedó a medio camino: ni se lanzó con decisión al frente ni se defendió con la concentración y el orden necesarios. Ese limbo táctico es, en parte, reflejo de la idea del entrenador, pero también de la capacidad de los futbolistas para tomar decisiones bajo presión.
De cara al futuro inmediato, el golpe puede servir de advertencia. Cruz Azul seguirá compitiendo en la Liga MX, donde el margen de maniobra todavía es amplio. Sin embargo, la exigencia cambiará: cada error será leído a la luz de esta eliminación. Huiqui tendrá que demostrar que es capaz de aprender rápido, ajustar su manejo de los partidos y recuperar la solidez emocional del grupo para evitar que la etiqueta de «primer fracaso» se convierta en una cadena de tropiezos.
En términos de proyecto deportivo, lo ocurrido en la Leagues Cup obliga a la directiva a revisar el plan. No se trata de tomar decisiones precipitadas, pero sí de evaluar si el plantel tiene la jerarquía suficiente para encarar torneos simultáneos y si el cuerpo técnico cuenta con el respaldo necesario para atravesar una crisis de confianza. Si se interpreta esta eliminación como un simple accidente, la oportunidad de corregir a tiempo podría perderse.
La comparación con otros equipos mexicanos que también quedaron fuera del torneo, como Pumas, Chivas y Tigres, ayuda a dimensionar el escenario. No es solo un problema de Cruz Azul: varios clubes de la Liga MX están acusando el golpe de un calendario exigente, viajes constantes y un formato que castiga cualquier desconcentración. Aun así, el caso de la Máquina resalta porque su historial de derrotas agónicas convierte cada caída en un tema de debate nacional.
Finalmente, la discusión en LUP deja una conclusión clara: por más que algunos quieran restarle mérito a la Leagues Cup, un club como Cruz Azul no puede permitirse relajarse en ningún frente. El escudo pesa, la historia pesa y, sobre todo, pesan los fantasmas que reaparecen cada vez que el equipo pierde un partido que parecía tener bajo control. Huiqui y sus jugadores tendrán ahora la tarea más difícil: transformar este fracaso en un punto de inflexión y no en el inicio de una nueva etapa de dudas.