Liga Mx en crisis estructural: sin ascenso, sin jóvenes y sin futuro

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«Aquí quieren seguir formando jugadores de 23 años»: el presidente de Leones Negros desnuda la crisis estructural de la Liga MX

Sin ascenso, sin descenso y con una estructura que, según varios directivos, frena la aparición de talento joven, el futbol mexicano atraviesa uno de sus momentos más cuestionados. Para Alberto Castellanos, presidente de Leones Negros de la UDG, el problema no es solo deportivo: es un modelo que está reduciendo la competencia, encareciendo el acceso a Primera División y desmotivando a los jugadores.

El dirigente universitario expuso que, mientras en otros países los futbolistas se estrenan en la élite a los 16 o 17 años, en México se sigue insistiendo en «formar» jugadores de 23 años en una categoría de desarrollo. La idea que se planteó desde la estructura del futbol nacional, recuerda, fue convertir la Liga de Expansión en una liga Sub‑23, algo que para él es un retroceso evidente.

Según Castellanos, esa visión choca con la realidad del futbol internacional: hay ligas donde incluso jóvenes de 15 años ya han debutado en Primera. «Aquí quieren seguir formando jugadores a los 23 años cuando afuera ya están consolidando carreras, acumulando minutos y compitiendo en torneos importantes», denuncia. El resultado, advierte, es un ciclo de maduración tardío y una menor exportación de talento.

La falta de transferencia de jugadores al extranjero tras la última eliminación de la Selección Mexicana es, para el presidente de Leones Negros, un síntoma claro de estas fallas. Ha pasado más de un mes desde que México quedó fuera ante Inglaterra y ningún futbolista local ha dado el salto a Europa. Ese congelamiento en el mercado internacional, subraya, exhibe el estancamiento del entorno donde se forman los jugadores.

A este panorama deportivo se suma el golpe estructural que significó eliminar el ascenso y descenso. Castellanos recuerda que, cuando Juan Carlos Rodríguez ocupaba el cargo de alto comisionado, los clubes de Expansión buscaron claridad sobre su lugar en la pirámide del futbol nacional. En lugar de un proyecto que fortaleciera la competencia, se encontraron con la confirmación de que el camino a Primera División se cerraba aún más.

Para el propio Castellanos y otros especialistas, lo más grave de suprimir el ascenso y descenso es la reducción drástica del universo de futbolistas con posibilidades reales de competir al máximo nivel y, eventualmente, aspirar a la Selección Nacional. Con menos equipos involucrados en pelear por algo tangible, la exigencia baja.

Arturo Villanueva, analista invitado al mismo espacio televisivo donde habló Castellanos, lo resumió así: actualmente hay entre cinco y siete clubes de Liga MX que, si a mitad de temporada ya no pelean por títulos ni puestos importantes, se «instalan en la mediocridad». Al no existir descenso ni siquiera multas significativas para los últimos lugares, esos equipos terminan navegando sin presión, lo que recorta oportunidades para jugadores que necesitan partidos de alto riesgo para crecer.

El momento elegido para oficializar el fin del ascenso y descenso también dejó molestos a los clubes de Expansión. De acuerdo con Castellanos, la notificación se dio el 9 de junio, apenas dos días antes del inicio del Mundial. Mientras el país vivía el entusiasmo por la participación de la Selección, a los equipos de la categoría inferior se les informaba que su puerta de acceso a Primera quedaba cerrada.

Los clubes afectados debatieron internamente si debían alzar la voz en ese instante, pero optaron por no generar un conflicto público en plena efervescencia mundialista. En lugar de eso, decidieron acudir por la vía legal. Solo se les concedieron 21 días para presentar su caso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), por lo que terminaron interponiendo su recurso el 30 de junio. Castellanos insiste en que el respeto a la afición y al momento deportivo del país pesó más que la conveniencia de hacer ruido mediático.

Más allá de la pelea jurídica, la eliminación del ascenso golpeó de lleno la economía de las instituciones de Expansión. Sin la posibilidad real de llegar a Primera, el valor de sus proyectos se desplomó, los ingresos se hicieron más limitados y la única salida fue recortar gastos de manera agresiva. Los jugadores han sido los más afectados por esta nueva realidad.

El presidente de Leones Negros ilustra el cambio con cifras claras: en su club, llegaron a pagar salarios de hasta 300 mil pesos mensuales. Hoy, el futbolista mejor remunerado gana alrededor de 100 mil pesos, y el resto de la plantilla percibe entre 40 y 50 mil pesos al mes en promedio. Es un descenso considerable en un contexto donde, además, se pide a los jugadores profesionalismo absoluto y un alto nivel de compromiso.

«No es raro ver a los jugadores muy molestos. Están encabronados, esa es la realidad, y de ahí nace la cantidad de protestas que hemos visto», apunta Castellanos. A su juicio, se les exige como profesionales de élite, pero se les ofrece un entorno económico y deportivo cada vez más precario, sin una ruta clara de crecimiento hacia la máxima categoría.

El discurso oficial, según el dirigente, pretende presentar a la Liga de Expansión como una categoría que no ha evolucionado ni ha aportado valor al sistema. Sin embargo, asegura que esa narrativa está construida para justificar decisiones que benefician principalmente a los dueños de los clubes de Primera División. En la práctica, hoy solo existen 18 plazas para estar en la máxima categoría, y al cerrarse el ascenso, esas «vías de acceso» se vuelven más escasas y, por lo tanto, más caras.

Castellanos recuerda que Leones Negros cuenta con un certificado con derecho al ascenso, un aval que no puede, en su opinión, «borrarse de un plumazo». Ese certificado representa una inversión histórica, un compromiso con la infraestructura y con la formación de talento que, de la noche a la mañana, ha sido devaluado por una decisión administrativa.

Un sistema que frena la competencia y encarece el sueño de Primera

Detrás de la discusión deportiva hay un tema de modelo de negocio. Al reducirse el número de clubes con posibilidades reales de ascender, el valor de una franquicia en Liga MX se dispara. Esto favorece a quienes ya están dentro y dificulta que nuevos proyectos deportivos, con trabajo de cantera, infraestructura y respaldo social, puedan llegar por méritos deportivos.

En la práctica, la falta de descenso también genera temporadas intrascendentes para varios equipos que, sin peligro en la tabla, dejan de invertir en proyectos a largo plazo. El resultado se ve cada torneo: plantillas recicladas, poca apuesta por los jóvenes y ausencia de proyectos estructurados más allá de uno o dos clubes.

Para los futbolistas, especialmente los que militan en la Liga de Expansión, el panorama es todavía más complejo. La categoría se vende como un espacio para desarrollarse, pero sin el premio máximo del ascenso ni un sistema robusto de exportación al extranjero, muchos se quedan atrapados en una liga puente que no conduce a ningún lado. A los 25 o 26 años, varios ya han perdido su ventana para dar el salto a Primera o a Europa.

El retraso en el debut de los jóvenes, una herida silenciosa

Mientras en Europa y Sudamérica los grandes clubes planifican la irrupción de talentos de 16 o 17 años en sus primeros equipos, en México persiste la idea de que hasta los 22 o 23 años el jugador está «terminando de formarse». Esto se traduce en menos minutos para los jóvenes en Primera y en una mentalidad conservadora que privilegia al veterano sobre el prospecto.

El proyecto de convertir la Liga de Expansión en una competencia Sub‑23 refuerza ese retraso. Se obliga a los futbolistas a «madurar» en una categoría artificial, sin la presión real de un ascenso en juego, en lugar de mezclarlos desde antes con jugadores consolidados, como ocurre en otras ligas donde los juveniles compiten de lleno con los mayores.

Este desfase tiene consecuencias directas en la Selección. Un futbolista que debuta en Primera a los 23 años llega tarde al escenario internacional. A esa edad, sus pares en otras ligas ya acumulan torneos continentales, partidos en copas europeas y experiencia en ambientes de máxima presión. El salto de intensidad, cuando se enfrentan a potencias, es mucho más brusco para el mexicano.

El impacto en la proyección internacional del talento mexicano

La ausencia de transferencias recientes de jugadores mexicanos a Europa, después de la última eliminación mundialista, no es un hecho aislado. Es el reflejo de un mercado que ve menos competencia interna, menos jóvenes con muchos minutos de calidad y más resistencias para negociar salidas al extranjero.

Los clubes de Liga MX, protegidos por un sistema sin descenso, suelen apostar por jugadores extranjeros ya hechos o por nacionales de trayectoria media, en lugar de impulsar ventas tempranas de promesas juveniles. Sin una política clara de exportación ni incentivos fuertes para formar y vender talento, el mercado europeo voltea cada vez menos a México.

En ese contexto, la Liga de Expansión podría ser una mina de oro de talento en bruto. Pero sin una vía deportiva clara hacia Primera y con salarios deprimidos, los proyectos se concentran más en sobrevivir que en construir plataformas de alto rendimiento que sirvan como trampolín internacional.

¿Qué cambios se necesitan para reactivar el sistema?

Desde la óptica de Castellanos y de otros actores del futbol, el primer paso sería restablecer el ascenso y descenso con reglas claras, plazos realistas y certidumbre para los clubes que invierten en infraestructura. No se trata solo de abrir una puerta simbólica, sino de garantizar que un proyecto bien gestionado tenga una ruta deportiva real para acceder a Primera.

También se vuelve indispensable replantear el modelo de desarrollo de talento: adelantar la edad de debut, reducir la dependencia de ligas Sub‑23 y fomentar que los jóvenes de 17, 18 o 19 años tengan espacios en plantillas de máximo nivel. Para eso se requieren incentivos reglamentarios, pero también un cambio cultural en directivos y entrenadores.

Otra pieza clave es fortalecer a la Liga de Expansión como una categoría profesional con identidad propia, no solo como un «laboratorio» para la Primera. Mejorar condiciones contractuales, garantizar estabilidad institucional y construir un ecosistema donde clubes y jugadores vean futuro ayudaría a evitar la fuga de talento a ligas menores en el extranjero o al retiro prematuro.

Entre la protesta y la esperanza de una reforma

El descontento de jugadores y directivos en la Liga de Expansión no surge de la nada: responde a salarios a la baja, proyectos deportivos truncos y una sensación generalizada de que el sistema actual está pensado para blindar a un grupo reducido de clubes. Sin embargo, la vía legal que han emprendido varias instituciones, incluida la apelación ante el TAS, muestra que aún hay resistencia a aceptar este modelo como definitivo.

Castellanos insiste en que los certificados con derecho al ascenso no son un papel sin valor, sino el reflejo de compromisos asumidos durante años. Para él, cambiar las reglas de manera abrupta y en momentos estratégicamente escogidos, como la víspera del Mundial, solo alimenta la desconfianza y la percepción de que las decisiones se toman de espaldas a la afición y a los profesionales del juego.

Mientras no se revise a fondo la estructura del futbol mexicano, la imagen idílica que se proyecta en grandes eventos contrasta con la realidad de una base debilitada. La Liga MX puede seguir siendo un torneo atractivo y con buen nivel, pero, como advierte el presidente de Leones Negros, si no se corrigen las fallas de fondo, México seguirá formando jugadores demasiado tarde, con pocas oportunidades de competir al máximo nivel y con un horizonte internacional cada vez más estrecho.