«Lo importante es estar en Liguilla, no el número de puntos»: Miguel Herrera quiere a un Atlante protagonista en su regreso a Primera
El regreso de Atlante al máximo nivel del futbol mexicano viene acompañado de una cara ya conocida en el banquillo: Miguel «Piojo» Herrera. En su tercera etapa al frente de los Potros de Hierro, el entrenador dejó claro que el objetivo no es simplemente competir, sino recuperar el protagonismo que, según él, la historia del club y su afición demandan.
Herrera asumirá el reto desde el partido inaugural del Apertura 2026, donde Atlante marcará oficialmente su vuelta a la Primera División después de más de diez años de ausencia. Pese a que llegan sin el músculo financiero de otros clubes y con un plantel más modesto en nombres, el técnico se rehúsa a etiquetarlos como víctimas o equipo «débil» del torneo.
«Le tengo un afecto enorme a esta institución y por eso acepté regresar», explicó el estratega, agradeciendo a la directiva y en particular a Emilio Escalante por confiar de nuevo en su proyecto. «Venimos con la convicción de que Atlante vuelva a ser un equipo protagonista, como en las dos etapas anteriores en las que me tocó dirigirlo. Esa es la misión».
Fiel a su estilo directo, el Piojo fue muy claro al trazar la meta deportiva: entrar a la Liguilla, sin obsesionarse con la cantidad de puntos que puedan sumar en la fase regular. La prioridad, afirma, es meterse entre los ocho mejores y a partir de ahí pelear de tú a tú con cualquiera.
«Lo que cuenta es calificar, no con cuántos puntos llegas», sentenció Herrera. «Tenemos que estar entre los primeros ocho. Después, si lo hacemos con 22, 23 puntos o alguno más, será consecuencia del trabajo. Sabemos que hay clubes muy sólidos, con años de continuidad y presupuestos muy fuertes, pero no nos vamos a achicar por eso».
El calendario no les da margen para el relajamiento. Atlante abrirá el torneo con un arranque exigente frente a Necaxa, América y Cruz Azul, tres rivales que, por historia o actualidad, suelen pelear en la parte alta de la tabla. A pesar de ello, el técnico atlantista insiste en que no hay temor ni complejo de inferioridad.
«Nos toca un inicio muy bravo, pero eso también nos ayuda a medirnos rápido», explicó. «Si salimos bien librados de esos juegos, el equipo va a tomar una confianza enorme. Y si sufrimos, será una llamada de atención temprana para corregir y ajustar».
Sobre la conformación del plantel, Herrera detalló que ya tiene definidos a los refuerzos que necesitaba. Aunque reconoce que no cuenta con la plantilla más espectacular, promete un equipo intenso, ordenado y con una idea de juego clara.
«Nos sigue faltando gente por incorporarse, pero los refuerzos que buscamos ya están arreglados», comentó. «Quizá no tengamos la nómina más lujosa, pero queremos ser el equipo que mejor juegue, el que más intente, el que corra, meta y luche los 90 minutos. Esa es la identidad que busco para Atlante».
El entrenador también reconoció que llega con una sensación de revancha profesional después del fracaso que significó no poder llevar a Costa Rica al Mundial. Sin embargo, matiza: no se trata solo de resarcirse, sino de aprovechar cada oportunidad como un nuevo examen de sus capacidades.
«Para mí, cada nuevo trabajo es una revancha, un reto personal», admitió. «Soy consciente de que en Costa Rica las cosas no salieron como esperábamos, pero el futbol siempre da otra oportunidad. Hoy la tengo con Atlante y la quiero aprovechar al máximo».
Más allá de los resultados, Herrera subraya la importancia de reconstruir la conexión emocional entre el equipo y la afición atlantista, una de las más leales del país pese a los años de altibajos deportivos y cambios de sede. Para el técnico, hacer del estadio una plaza incómoda para los rivales es tan importante como sumar puntos.
«Atlante tiene una hinchada muy fiel, que ha aguantado descensos, mudanzas y temporadas complicadas», señaló. «Nuestra obligación es darles un equipo con el que se sientan orgullosos, que deje todo en la cancha. Si logramos que la gente vuelva a identificarse, el rival lo va a sentir cada vez que venga a jugar contra nosotros».
En el plano táctico, el Piojo adelanta que no renunciará a su sello: un futbol ofensivo, con laterales profundos, presión alta y transiciones rápidas. Sin embargo, reconoce que el contexto de un recién ascendido exige encontrar equilibrio para no volverse un equipo vulnerable atrás.
«Siempre he sido un técnico al que le gusta atacar, pero también sé que en este tipo de proyectos tienes que ser muy inteligente», explicó. «No podemos regalarnos. Tendremos orden defensivo, líneas compactas y, a partir de recuperar la pelota, buscar profundidad con velocidad. La clave será que todos entiendan que se ataca y se defiende en bloque».
Otro de los puntos que el estratega considera fundamentales es la competencia interna. Aunque el plantel no sea tan amplio como el de otros clubes, Herrera quiere que cada posición tenga al menos dos alternativas reales para mantener la intensidad durante todo el torneo.
«Si los futbolistas sienten el puesto asegurado, el rendimiento baja», afirmó. «Buscamos tener gente joven apretando a los más experimentados. Eso eleva el nivel de los entrenamientos y, cuando llega la hora del partido, se nota. Además, con el calendario tan cargado, necesitaremos de todos».
El proyecto también contempla dar oportunidad a jugadores formados en las fuerzas básicas de Atlante. Herrera considera que, en un club que regresa a la Primera División, la aparición de canteranos puede ser un factor diferencial tanto en lo deportivo como en lo económico.
«Atlante históricamente ha sacado buenos futbolistas», recordó. «Es importante que el chico de fuerzas básicas vea que sí hay un camino para llegar al primer equipo. Si alguno levanta la mano y demuestra que está listo, va a jugar, sin importar la edad. El que mejor esté, entra».
En cuanto a la presión externa, el Piojo asegura que la asume como parte natural de dirigir a un club con tradición. Sabe que habrá críticas, comparaciones con otros proyectos y exigencias inmediatas, pero considera que el vestidor debe blindarse para no distraerse del objetivo central: consolidarse en la categoría.
«La presión existe siempre, estés en un equipo grande o en uno que recién asciende», señaló. «Afuera se puede decir lo que sea, pero dentro tenemos que tener claro el camino: mantener la categoría, meternos a Liguilla y, si se da, pelear por algo más. El discurso es ambicioso, pero también realista».
Herrera también se refirió al aspecto mental, un factor que, a su juicio, será determinante para que Atlante no se caiga en los momentos complicados que inevitablemente llegarán a lo largo del torneo. La idea es construir un grupo fuerte, capaz de reaccionar rápido a las derrotas y de no marearse con los triunfos.
«En torneos así habrá rachas, buenas y malas», advirtió. «Lo importante es no volverse locos. Cuando ganemos, seguir trabajando igual; cuando perdamos, analizar, corregir y pasar la página. Quiero un equipo mentalmente duro, que no se derrumbe por un resultado adverso».
De cara al aficionado neutral, el Piojo ve en Atlante una oportunidad para que el futbol mexicano recupere a uno de sus clubes históricos en el escaparate principal. Apuesta por que, con buenos partidos y un estilo atractivo, los Potros puedan volver a ser un equipo simpático para quien no tiene colores tan definidos.
«Atlante es de esos equipos que mucha gente ve con cariño aunque no le vaya directamente», comentó. «Si jugamos bien, si peleamos todos los balones y si hacemos buenos partidos contra los llamados grandes, la gente se va a enganchar. Eso también es parte de devolverle al futbol mexicano un Atlante competitivo y respetado».
Con todo esto sobre la mesa, el mensaje de Miguel Herrera es claro: el objetivo inmediato es la Liguilla, sin obsesionarse con una cifra de puntos específica, y a mediano plazo, consolidar un Atlante que deje de pensar en la tabla de descenso y comience a mirar hacia los puestos de honor.
«Lo repito: lo vital es entrar entre los ocho», concluyó. «Si logramos eso en nuestro primer torneo de regreso, habremos dado un paso enorme. A partir de ahí, Atlante tiene que acostumbrarse a estar en esas instancias. Eso es lo que pide su historia… y lo que merece su gente».
