Pollo Ortiz enciende las alarmas por la ‘Hormiga’ González: «Me asusta que haya sido solo un torneo bueno»
El inicio del Apertura 2026 no está siendo sencillo para Armando «la Hormiga» González. El delantero, que hace apenas unos meses se ganó titulares y elogios por su olfato goleador, atraviesa ahora una sequía que ya comienza a generar inquietud entre analistas y aficionados. Uno de los más preocupados es Raoul «Pollo» Ortiz, quien en la mesa de *La Última Palabra* puso sobre la mesa una duda incómoda: ¿y si González fue únicamente un «one season wonder»?
Durante el programa, el Pollo analizó el arranque del atacante mexicano, subrayando que, pese a que sigue generando opciones y se coloca bien dentro del área, no ha logrado convertir ninguna de las oportunidades claras que ha tenido. Esa falta de contundencia contrasta con el recuerdo fresco de su mejor versión, cuando se hablaba de él como uno de los delanteros con más proyección de la Liga MX.
«Siempre hemos dicho que la Hormiga tiene mucho gol», señaló Ortiz, «pero me llama mucho la atención este inicio de torneo. Me da miedo que termine siendo de esos jugadores que te regalan un torneo espectacular, te ilusionan, y después nunca dan el siguiente paso». La frase resume la preocupación: que aquel torneo brillante haya sido la excepción y no el inicio de una carrera sólida en la élite.
El caso de la Hormiga González se ha convertido en un ejemplo clásico de lo que en el futbol europeo llaman «one season wonder»: futbolistas que tienen un año sobresaliente, rompen estadísticas y generan altas expectativas, pero no consiguen sostener ese nivel en las campañas siguientes. Para un delantero, donde los números -goles, asistencias, participación directa en jugadas de peligro- son tan visibles, esa etiqueta puede ser demoledora.
Ortiz recalcó que el problema no es únicamente la falta de gol, sino lo que puede significar en lo mental para un jugador que apenas empieza a consolidarse. Un ariete joven que venía en ascenso y que de pronto deja de marcar puede entrar en un círculo vicioso: se presiona más, toma peores decisiones, se precipita en el área y termina alejándose todavía más de su mejor versión. De ahí el tono de alarma en su comentario.
Además, el Pollo subrayó que Armando sigue recibiendo oportunidades gracias a la confianza del cuerpo técnico y al recuerdo de lo que fue capaz de hacer en su gran torneo. El dilema es cuánto tiempo puede sostenerse esa paciencia si los goles no llegan. En un entorno como la Liga MX, donde los resultados mandan y la competencia por la titularidad es feroz, una racha larga sin anotar puede costarle minutos y, en el peor de los casos, el puesto.
Detrás del análisis, también aparece una crítica indirecta a la estructura que rodea a jugadores como la Hormiga. La gestión del éxito, el trabajo psicológico y el acompañamiento tras un torneo explosivo suelen ser determinantes. Sin un entorno que lo ayude a entender que un gran semestre no lo convierte automáticamente en figura consagrada, el riesgo de estancarse aumenta. Para muchos, González debe ahora demostrar que no solo puede repetir lo ya hecho, sino evolucionar: mejorar sus desmarques, participar más en la elaboración del juego y no vivir únicamente de su olfato goleador.
En ese sentido, varios analistas han señalado que lo que está en juego no es solo la estadística de goles del Apertura 2026, sino la narrativa completa de su carrera. Si la Hormiga consigue romper la sequía y recuperar la confianza, este arranque difícil quedará como un bache normal en el camino de cualquier delantero. Si no lo logra, aquel torneo inolvidable podría convertirse en una especie de maldición: el listón con el que siempre se le compare, pero que jamás vuelva a alcanzar.
El debate futbolístico alrededor de González también toca la responsabilidad del cuerpo técnico. Ajustar el sistema para potenciar sus virtudes, darle compañía adecuada en el ataque, trabajar movimientos específicos en el área y reforzar la parte mental son factores clave para que el delantero salga de esta mala racha. El propio Ortiz dejó entrever que, si el jugador sigue generando ocasiones, la lógica indica que tarde o temprano los goles llegarán… pero el futbol no siempre respeta la lógica ni los tiempos.
Mientras la conversación sobre la Hormiga calentaba la mesa, el programa lanzó otra pregunta central: ¿quién puede tener mejor papel rumbo al Mundial de 2030, Rafael Márquez o Mauricio Pochettino? La comparación no es menor, pues ambos representan dos caminos distintos de gestión y liderazgo de selecciones nacionales de gran exigencia.
Paul Aguilar fue claro al inclinarse por Rafa Márquez, siempre y cuando el exdefensa pueda aprovechar el flujo de jugadores que vienen subiendo desde categorías inferiores. Para Aguilar, la mayor virtud de Márquez es su capacidad para leer el futbol desde la base: «Me gustaría verlo con un proyecto amplio, que pudiera observar y utilizar jugadores de otras categorías. Creo que Rafa puede hacer un trabajo enorme, incluso por encima de Pochettino».
Carlos Hermosillo se sumó a esa línea, poniendo énfasis en la personalidad del histórico capitán. Según el exdelantero, la combinación de experiencia como jugador de élite, conocimiento del vestidor y carácter para tomar decisiones difíciles puede ser el diferencial de Márquez en el proceso rumbo al siguiente Mundial. «Indudablemente Rafa Márquez», afirmó. «Tiene jugadores interesantes, y su liderazgo pesa. Hablen de la poca experiencia en los banquillos si quieren, pero ha trabajado y me gusta la personalidad que tiene».
La figura de Márquez, además, conecta con una generación que lo vio levantar títulos, jugar en Europa al máximo nivel y ser referente absoluto en la selección. Esa autoridad ganada en la cancha puede trasladarse al banquillo si sabe gestionar egos, presiones y expectativas. Varios analistas insisten en que, en procesos largos, el liderazgo emocional y la claridad de ideas pueden valer tanto como la pizarra táctica.
En contraste, Arturo Villanueva fue crítico con el paso de Mauricio Pochettino por la selección de Estados Unidos. A su juicio, el argentino no logró explotar al máximo una generación que muchos etiquetaron como dorada, con futbolistas en ligas importantes y condiciones favorables a nivel de infraestructura y proyección internacional. «Ya vimos a Pochettino y no se siente que haya habido una mejora real», señaló. «Tiene mucha materia prima, pero no supo aprovecharla de la mejor manera. Tenía casi todo a su favor y, para mí, la selección norteamericana no creció».
Este contraste entre Márquez y Pochettino abre un debate más amplio sobre lo que necesita una selección para dar el salto de competitiva a verdaderamente protagonista. Algunos priorizan la experiencia y el recorrido de un técnico que ya ha dirigido a figuras mundiales y clubes grandes. Otros, en cambio, valoran más el conocimiento profundo del entorno local, la conexión emocional con la afición y la capacidad de formar un proyecto desde las bases.
Rumbo al 2030, la discusión no se limita al banquillo. También se evalúa la capacidad de cada entrenador para integrar a los jóvenes que vienen empujando fuerte en sus ligas y selecciones menores. En el caso de Márquez, su paso por trabajos formativos se ve como un punto a favor para detectar talentos, darles minutos clave y construir una columna vertebral sólida a mediano plazo. Con Pochettino, la crítica pasa por la sensación de que pudo haber sacado más provecho de un grupo con buenas condiciones individuales, pero sin consolidar una identidad clara en el campo.
En el fondo, tanto la preocupación por la Hormiga González como el debate Márquez-Pochettino hablan de lo mismo: la dificultad de sostener procesos en el futbol moderno. Un delantero puede pasar de héroe a señalado en un par de jornadas, y un técnico de «proyecto ideal» a cuestionado en un ciclo corto si los resultados no acompañan. La clave, coinciden varios panelistas, está en encontrar el equilibrio entre paciencia y exigencia.
Para Armando González, este Apertura 2026 puede ser un punto de inflexión. Si transforma la presión en motivación y responde con goles, se sacudirá la etiqueta de «un solo buen torneo» y se instalará definitivamente en el radar de los grandes proyectos. Si no, el miedo del Pollo Ortiz terminará materializándose y la conversación sobre la Hormiga dejará de girar alrededor de lo que puede llegar a ser, para centrarse en lo que pudo haber sido.
Y para las selecciones que miran al Mundial de 2030, el espejo de casos como el de la Hormiga también sirve de advertencia: no basta con un momento brillante, una generación prometedora o un nombre rimbombante en el banquillo. Sin continuidad, estructura y una idea clara de hacia dónde se quiere ir, lo que hoy ilusiona puede quedarse, igual que un torneo aislado, en una anécdota más del futbol.