Pumas y su fracaso en leagues cup: ¿sigue siendo un equipo grande?

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«Es un fracaso, no les dio para ganar». Con esa frase, lanzada en plena transmisión, se encendió la polémica alrededor de Pumas en la mesa de análisis de La Última Palabra, después de la dolorosa eliminación del club auriazul en la Leagues Cup. El torneo binacional volvió a exhibir a los universitarios y, de paso, reabrió un viejo debate: ¿Pumas sigue siendo un equipo grande del futbol mexicano o vive instalado en la medianía?

El panorama deportivo es duro. Pumas perdió sus dos partidos de la Leagues Cup, se quedó sin marcar un solo gol y recibió cinco tantos en contra. Con esos números, figuró como uno de los peores equipos tras la primera tanda de encuentros de la Jornada 2 del certamen. La eliminación temprana no solo golpea el ánimo del plantel, sino que obliga a revisar hasta dónde llegó la herencia de Efraín Juárez y qué tanto ha podido (o no) consolidar Esteban Solari en el banquillo.

En la mesa de LUP, la discusión se centró en dos ejes: llamar o no «fracaso» a la actuación en Leagues Cup y, a partir de ahí, medir la grandeza de Pumas. La mayoría de los panelistas coincidió en que quedar fuera tan pronto es, sin matices, un fracaso deportivo. Sin embargo, varios de ellos matizaron el juicio sobre el técnico argentino, recordando que en la Liga MX el equipo no ha tenido un arranque desastroso y que el trabajo de un entrenador no puede medirse únicamente por un torneo corto.

Fabián Estay fue claro al calificar lo ocurrido: para él, no hay excusas ni escudos discursivos que valgan. Señaló que Pumas sí intentó competir y jugar bien, pero simplemente no le alcanzó. Trajo al debate la etapa de Efraín Juárez, recordando que también quedó eliminado en Concacaf, y pidió dejar de repetir que al club «no le importa» la Leagues Cup. Desde su perspectiva, caerse tan rápido de la competencia es un fracaso rotundo, aunque esto no borra la etiqueta de grandeza de Pumas, que él considera intacta.

En el polo opuesto del debate apareció Joaquín del Olmo, quien defendió a Esteban Solari y se negó a cargarle a Efraín Juárez responsabilidades que ya no le corresponden. Para Del Olmo, el actual técnico sí le dio seriedad al torneo, como lo demuestran las alineaciones que utilizó, con cuadros competitivos. Sin embargo, aceptó que, pese al intento y a la seriedad con que encaró los partidos, al equipo «no le dio para ganar». En su lectura, el carácter y la garra que se le exige históricamente a Pumas también existen en Solari, pero hoy la realidad marca que el proyecto está en construcción.

En una postura más moderada se situó Yayo de la Torre. El exdirectivo pidió tiempo antes de emitir sentencias definitivas sobre Solari y su proceso. Recordó que Pumas sumó buenos puntos en sus primeros tres partidos de Liga MX y que no se puede ignorar ese contexto. Para él, lo correcto es evaluar al entrenador a lo largo de toda la temporada, no solo por lo ocurrido en la Leagues Cup. De la Torre incluso admitió que el formato y peso del torneo no le convencen, dejando entrever que, si bien el tropiezo es duro, no necesariamente define el éxito o fracaso de un proyecto a largo plazo.

Quien prendió fuego al estudio fue Raoul «Pollo» Ortiz. Fiel a su estilo frontal, fue más allá del mal torneo e hirió una fibra sensible: puso en duda la grandeza misma de Pumas. Ortiz argumentó que, si se analiza fríamente el palmarés reciente, el equipo lleva más de cinco mil días sin levantar un título de Liga, lo cual contrasta con la etiqueta de «club grande» que se le sigue adjudicando. Dejó claro que, a su juicio, con Efraín Juárez tampoco se ganó nada realmente importante, por lo que no se puede hablar de haber «perdido» algo ahora.

El Pollo fue al fondo del asunto: para él, alcanzar una final no puede venderse como logro mayor para un club que presume historia, afición masiva y respaldo institucional de la máxima casa de estudios del país. Reconoció la enorme pasión de la hinchada universitaria, la tradición del club y el orgullo de haber visto surgir a figuras como Hugo Sánchez, al que calificó como el mejor futbolista mexicano. Sin embargo, subrayó que, en términos de títulos recientes, Pumas vive «como siempre: instalado en la medianía».

Esa postura lo llevó a un fuerte cruce con Joaquín del Olmo. Ortiz le exigió que justificara, con argumentos concretos, por qué Pumas debe seguir considerándose grande si en la cancha no lo respalda con trofeos. Del Olmo prefirió no entrar a fondo en esa provocación, evitando una discusión más áspera, pero el choque dejó claro que el tema de la grandeza de Pumas divide incluso a voces con pasado universitario.

Yayo de la Torre también terminó envuelto en el intercambio. La discusión giró sobre qué tanto pesan los títulos en la jerarquía de los clubes. ¿Basta con una gran afición y tradición para sostener la etiqueta de grandeza, o los campeonatos son el factor decisivo? Yayo defendió una lectura más amplia, donde la historia, la identidad y la continuidad también cuentan. El Pollo, en cambio, insistió en que sin títulos recientes es difícil sostener ese estatus. No hubo acuerdo: unos lo ven como grande en esencia, otros lo reducen a un club popular sin la contundencia deportiva de antaño.

Al final, en lo único donde sí hubo consenso fue en el diagnóstico inmediato: la actuación de Pumas en la Leagues Cup es un fracaso. Un fracaso deportivo que deja al equipo fuera de competencia, desnuda carencias ofensivas y abre un nuevo capítulo de autocrítica dentro y fuera del club. Que ese tropiezo sea solo un accidente de un proyecto en crecimiento o la confirmación de una etapa prolongada de mediocridad, dependerá de lo que el equipo haga en la Liga MX y en los próximos torneos.

Más allá de la polémica en televisión, la eliminación obliga a mirar dentro del vestidor universitario. La falta de gol, las desatenciones defensivas y la incapacidad para imponer condiciones ante rivales del área no son nuevas en el club. Se han repetido una y otra vez en distintas competencias internacionales. La Leagues Cup, con todo y su formato discutible, expone que Pumas aún está lejos de ser un protagonista serio fuera del entorno doméstico.

Para Esteban Solari, el reto es doble: recomponer el rumbo en lo futbolístico y blindar al grupo del ruido externo. Los señalamientos sobre su jerarquía como técnico, la comparación constante con Efraín Juárez y el debate sobre la grandeza de Pumas pueden desviar la atención de lo esencial: mejorar rendimientos individuales, ajustar la idea de juego y encontrar variantes ofensivas que permitan traducir la posesión en goles. Sin resultados pronto, la paciencia que hoy le piden a la afición podría agotarse.

En el plano institucional, la crisis invita a revisar los objetivos reales que se trazan en cada torneo. Si Pumas se presenta a competencias internacionales sin la convicción total de pelear por el título, o con planteles cortos que no compiten al mismo nivel que sus rivales, el discurso de «equipo grande» se va desgastando. Los aficionados pueden entender una eliminación, pero no una sensación reiterada de improvisación o conformismo.

También está en juego el peso simbólico del club en el futbol mexicano. Pumas, históricamente, ha sido cantera, rebeldía, identidad universitaria y un estilo combativo. Cuando esa esencia no se refleja en la cancha, se rompe un pacto emocional con su gente. La Leagues Cup mostró a un equipo que quiso, pero no supo ni pudo. Recuperar esa mística pasa por más que discursos: requiere decisiones claras en fichajes, procesos formativos coherentes y un proyecto deportivo que tenga continuidad más allá de uno o dos torneos.

Por otro lado, el debate sobre qué significa ser «grande» pone el foco en la forma en que se evalúa a los clubes en México. Algunos sostienen que la grandeza es acumulativa: nace de los títulos, pero también de la huella social, la cantera, la historia y la afición. Otros, como el Pollo Ortiz, exigen resultados inmediatos y trofeos recientes para sostener esa etiqueta. Pumas se encuentra justo en ese cruce: su historia y su base social son incuestionables, pero sus números recientes abren la puerta a cuestionamientos legítimos.

Para la afición universitaria, la eliminación en Leagues Cup duele, pero no es nueva. Lo que sí podría marcar un punto de inflexión es cómo responda el equipo de aquí en adelante. Si la derrota sirve como alerta para corregir sobre la marcha y competir en serio en la Liga MX, el tropiezo se podrá leer como un bache. Si, por el contrario, la inercia de la medianía se prolonga, el debate sobre la grandeza de Pumas dejará de ser un recurso televisivo y se convertirá en diagnóstico generalizado.

Mientras tanto, La Última Palabra reflejó lo que muchos aficionados piensan y otros no se atreven a decir: Pumas vive entre su historia gloriosa y una realidad que no termina de estar a la altura. Y por mucho que se discuta el formato o la importancia de la Leagues Cup, caer así, sin ganar ni competir al máximo, es -como se repitió en la mesa- un fracaso que no se puede maquillar.