América, proyecto cuestionado entre envidia y futuro frente a cruz azul

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«No le creen a América porque a muchos no les cae bien, lo envidian»: en LUP encendieron el debate sobre el proyecto azulcrema

En la mesa de análisis de La Última Palabra de este lunes 10 de agosto, el tema central giró alrededor de una pregunta que divide opiniones en el futbol mexicano: ¿qué club tiene hoy un mejor proyecto a futuro, América o Cruz Azul? A partir de esa discusión, surgieron críticas, elogios y hasta acusaciones de envidia hacia las Águilas.

Uno de los que tomó la voz fue Raoul «Pollo» Ortiz, quien defendió con fuerza el trabajo de Guillermo Almada al frente del América. El analista subrayó que el técnico ha apostado de forma consistente por jóvenes y que, a pesar de los resultados positivos, el proyecto no recibe el reconocimiento que merecería por la percepción negativa que rodea al club de Coapa.

Ortiz planteó un escenario hipotético: si otro equipo estuviera sumando victorias y lanzando canteranos como lo hace actualmente América, la reacción sería radicalmente distinta. «Acá, ganando casi todos sus partidos, la gente no le cree. Si esto lo estuviera haciendo otro equipo… Pero parte de la percepción es que el América a muchos no les cae bien, y lo entiendo, lo envidian, es normal», sostuvo. Para él, la resistencia a reconocer el proyecto azulcrema no pasa por la cancha, sino por la carga histórica y emocional que genera la camiseta amarilla.

Detrás de esa postura hay un fenómeno recurrente en el futbol mexicano: América suele ser el blanco perfecto, ya sea para la crítica deportiva o para la burla. Su protagonismo mediático, el nivel de inversión, la presión por títulos y su papel de «villano» tradicional generan un entorno donde cualquier acierto se relativiza y cualquier error se amplifica. Es justamente en ese contexto en el que Ortiz insiste en que el trabajo de Almada está subvalorado.

El técnico uruguayo, además de sumar puntos, ha incorporado a varios elementos jóvenes al primer equipo, intentando renovar la base sin dejar de competir por el título. Para los defensores del proyecto, esto es una muestra clara de planificación: no se trata solo de ganar hoy, sino de construir una estructura que sostenga al club en los próximos años. Sin embargo, la narrativa que rodea al América suele centrarse más en si es «odiado» o «amado» que en el contenido real de su proyecto deportivo.

Pese a esa defensa, el propio Pollo Ortiz no dudó en señalar las fallas puntuales del plantel. Fue especialmente duro con la gestión alrededor de la «Pantera» Zúñiga, a quien calificó como un fichaje fallido. «Lo de Zúñiga ha resultado un desastre, a quien se le haya ocurrido fue terrible. El alérgico del gol, la Pantera Zúñiga no puede jugar en América, hay que darle un GPS, un croquis», disparó. Sus palabras reflejan que, aunque vea un plan sólido en términos generales, considera que hay decisiones de mercado y de armado de plantilla que no están a la altura de un club que presume ambición continental.

Este tipo de críticas marcan otro ángulo del debate: un buen proyecto no solo se mide por la promoción de jóvenes o la estabilidad en el banquillo, sino también por la calidad de las incorporaciones, la coherencia entre el estilo del entrenador y los jugadores que llegan, y la capacidad para corregir errores sin que el vestidor se fracture. En el caso del América, la exigencia de su entorno no perdona fichajes que no respondan de inmediato.

Del otro lado de la balanza apareció la figura de Cruz Azul. Carlos Hermosillo, exdelantero cementero y uno de los referentes históricos del club, fue claro al señalar que, en este momento, ve con mejores ojos el proyecto de La Máquina que el del América. Para Hermosillo, el equipo celeste ha aprendido de sus constantes tropiezos y ha conseguido diseñar un plan más sólido pensando en lo que viene.

«América tuvo un gran proyecto que lo llevó al Tricampeonato. Cruz Azul tiene un muy buen proyecto, han aprendido de los errores, yo veo más a futuro el proyecto de Cruz Azul», explicó. Su argumento se apoya en la sensación de que la institución celeste ha comenzado a corregir viejos vicios: se ha moderado la improvisación directiva, se ha buscado mayor estabilidad en el banquillo y se percibe una línea de trabajo más ordenada en lo deportivo.

Hermosillo también puso sobre la mesa un contraste temporal: mientras que América ya vivió recientemente un ciclo ganador muy bien estructurado -el del Tricampeonato- que lo consolidó como el gran dominador del futbol mexicano durante ese periodo, Cruz Azul estaría entrando ahora en su propia etapa de madurez como proyecto. Para el exjugador, el techo de crecimiento cementero a mediano plazo luce más atractivo que el de unas Águilas que, aunque competitivas, aún parecen en construcción tras aquel periodo dorado.

A la discusión se sumó Eduardo «Yayo» de la Torre, quien aportó una visión más matizada. A su juicio, tanto Cruz Azul como América trabajan con bases firmes, pero en el entorno del futbol mexicano hablar de proyectos a muy largo plazo es casi una ilusión. «Cualquier equipo que tenga crisis, el proyecto se medio acaba en México: Cruz Azul, América, Pumas… Eso de hablar muy a futuro está muy complicado», advirtió. La presión inmediata por resultados, los cambios constantes de directiva y las expectativas de la afición hacen que incluso los mejores planes puedan derrumbarse en cuestión de meses.

No obstante, el Yayo reconoció un punto que coincide con lo dicho por Ortiz: con Guillermo Almada al frente, América sí tiene el potencial de consolidar un proyecto relevante. «Lo que me gusta del América es que sí podrían hacer un gran proyecto», señaló. En otras palabras, la estructura deportiva y el perfil del entrenador ofrecen un terreno fértil, pero el éxito dependerá de si el club resiste las tentaciones de cortar procesos ante la primera tormenta.

Más allá de las opiniones encontradas, el debate en la mesa de análisis deja al descubierto una tensión permanente en el futbol mexicano: la diferencia entre «proyecto» y «momento». Un proyecto implica continuidad, una idea clara, categorías inferiores alineadas al estilo del primer equipo, fichajes estratégicos y respaldo institucional. El momento, en cambio, se mide por la racha de resultados y la sensación inmediata que transmite el equipo. América parece vivir un choque entre ambas dimensiones: suma puntos y promueve jóvenes, pero el ruido alrededor del club impide que todos vean eso como un proyecto consolidado.

En cambio, Cruz Azul se percibe como un caso que viene desde abajo, tras varios años de fracasos sonados, y que ahora se presenta como un ejemplo de aprendizaje. Esa narrativa de «resurgimiento» suele ser más digerible para el aficionado neutral que la de un club como América, identificado históricamente con el poder y el éxito. De ahí que para muchos comentaristas resulte más fácil elogiar el camino cementero y, al mismo tiempo, relativizar lo que sucede en Coapa.

El componente emocional es clave: América no solo compite en la cancha, también lo hace contra una imagen construida a lo largo de décadas. La idea de que «a muchos no les cae bien y lo envidian», como apuntó Pollo Ortiz, no nace de un análisis táctico, sino de la forma en que el club se ha posicionado en el imaginario colectivo. Esa animadversión condiciona el juicio sobre cualquier decisión, ya sea el uso de jóvenes, la contratación de figuras o incluso la elección de entrenador.

Si se observa con frialdad, el panorama muestra matices: América cuenta con una base sólida, un técnico con una filosofía reconocible y un flujo de talento joven que empieza a consolidarse. Sus errores en algunas contrataciones no borran que existe una línea de trabajo. Cruz Azul, por su parte, parece haber encontrado un equilibrio entre urgencia de títulos y planificación, con una dirigencia que, según voces como la de Hermosillo, ha aprendido de años de improvisación.

El verdadero reto para ambos clubes será sostener sus proyectos frente al primer gran golpe deportivo: una eliminación dolorosa, una racha negativa o un conflicto interno. En ese punto se sabrá si lo que hoy se elogia como «proyecto» es realmente una estructura pensada a largo plazo o solo una buena racha disfrazada de plan. Mientras tanto, el debate seguirá encendido, especialmente en torno al América, que difícilmente dejará de ser, para bien o para mal, el equipo al que o se le ama o se le envidia.