Federación alemana rompe con infantino y niega apoyo a su reelección en la Fifa

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Federación Alemana se desmarca de Infantino y niega apoyo a su reelección en la FIFA

La figura de Gianni Infantino vuelve a estar bajo presión en Europa. La Federación Alemana de Futbol (DFB, por sus siglas en alemán) habría decidido no respaldar la nueva candidatura del actual presidente de la FIFA para un nuevo mandato, profundizando la brecha que desde hace meses se percibe entre varias asociaciones de la UEFA y la dirigencia del máximo organismo del futbol mundial.

Según información procedente de Alemania, la DFB, encabezada por su presidente Bernd Neuendorf, rechazó firmar un documento de apoyo a la reelección de Infantino que circuló entre distintas federaciones europeas. Ese texto buscaba recabar adhesiones de cara al próximo congreso de la FIFA, previsto para marzo del año entrante, donde se definirá la continuidad o no del dirigente suizo al frente del organismo.

Alemania marca distancia de la FIFA

La negativa alemana no es un gesto aislado ni simbólico: representa una señal contundente de distancia política e institucional hacia la presidencia actual de la FIFA. De acuerdo con las informaciones difundidas, un alto directivo del organismo internacional intentó conseguir la firma de 16 federaciones europeas durante el Mundial de 2026, con el objetivo de mostrar a Infantino como un candidato prácticamente blindado desde el viejo continente.

Sin embargo, la Federación Alemana se negó a rubricar el documento, enviando un mensaje claro: no está dispuesta a brindar un cheque en blanco a la gestión del suizo. Alemania, una de las potencias históricas del futbol y una de las voces con mayor peso dentro de la UEFA, se coloca así en el sector crítico de la organización, en un momento en el que en Europa crece el debate sobre el rumbo que está tomando el gobierno del futbol mundial.

Neuendorf e Infantino: una relación fría

La presidencia de la DFB, encabezada por Bernd Neuendorf, mantiene desde hace tiempo una relación tensa con Infantino. Las diferencias abarcan tanto aspectos de gobernanza y transparencia como decisiones deportivas y reglamentarias. El distanciamiento se ha venido fraguando en los últimos años a raíz de diversos episodios, entre ellos los constantes cambios de formato de competiciones, la sobrecarga de partidos internacionales y la percepción de que la FIFA prioriza intereses políticos y comerciales por encima de la integridad deportiva.

La postura de Neuendorf de no firmar el apoyo a la reelección no solo refleja un desacuerdo personal con Infantino, sino también la incomodidad de buena parte del futbol alemán con la forma en que se toman las decisiones en Zúrich. Dentro de la DFB existe la sensación de que el organismo mundial exige alineamiento automático sin ofrecer a cambio suficiente apertura al debate ni mecanismos efectivos de control.

Crece la oposición europea: UEFA contra las formas de la FIFA

En este contexto, la DFB no está sola. En las últimas semanas, varios dirigentes de federaciones integradas en la UEFA han manifestado, de forma más o menos pública, su descontento con el liderazgo de Infantino. El malestar se ha ido acumulando por distintas razones: desde la organización de torneos y el calendario internacional, hasta la falta de claridad en ciertos procesos disciplinarios y decisiones que se perciben como interferencias políticas.

Tanto es así que en Europa se ha hablado ya de que la UEFA estaría sondeando posibles candidatos que puedan enfrentarse a Infantino en la próxima elección de la FIFA. Más que un simple relevo de nombres, lo que algunos presidentes de federación plantean es un cambio de modelo: una dirigencia más colegiada, con mayor transparencia, límites más claros al poder presidencial y un marco de decisión menos personalista.

El detonante: el caso Balogun y la intervención política

La tensión entre la UEFA y Gianni Infantino se disparó de forma particular durante el Mundial de 2026. El episodio clave tuvo lugar tras un partido de dieciseisavos de final, en el que el delantero de la selección de Estados Unidos, Folarin Balogun, fue expulsado, lo que automáticamente lo dejaba fuera de los octavos de final.

Después de ese encuentro, y según se ha dado a conocer, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se comunicó directamente con Infantino para hablar sobre la tarjeta roja mostrada al atacante. La llamada, presentada oficialmente como un «diálogo» acerca de la sanción, terminó desembocando en una decisión polémica: la FIFA resolvió retirar el castigo a Balogun, permitiéndole jugar el siguiente partido frente a Bélgica.

Aunque finalmente fue la selección belga la que avanzó a los cuartos de final con una goleada sobre el combinado norteamericano, el daño ya estaba hecho. Para muchos dirigentes europeos, el mero hecho de que una autoridad política interviniera, y que la FIFA modificara una sanción disciplinaria tras esa llamada, supuso una línea roja. En su lectura, se vulneró un principio básico: la independencia de las decisiones arbitrales y disciplinarias con respecto al poder político.

La reacción de la UEFA: alarma por la integridad del juego

En varias federaciones europeas, ese caso fue interpretado como un ejemplo extremo de lo que consideran una peligrosa tendencia de la FIFA bajo la gestión de Infantino: abrir la puerta a la influencia externa en decisiones que deberían ser puramente deportivas. Aunque la UEFA no lo expresó en un comunicado formal conjunto, la inconformidad se instaló en los pasillos de sus federaciones asociadas.

El episodio Balogun reforzó la narrativa de que el actual presidente de la FIFA está dispuesto a tomar decisiones excepcionales si eso le permite mantener relaciones políticas estratégicas o evitar conflictos con gobiernos poderosos. Para muchos en Europa, esto deteriora la credibilidad de la FIFA y erosiona la confianza en la equidad de las competiciones internacionales.

Por qué la DFB dice «no» a Infantino

El rechazo alemán a respaldar la reelección de Infantino se explica por una combinación de factores:

– Preocupación por la gobernanza: en la DFB existe el temor de que la concentración de poder en la figura del presidente reduzca los controles internos y deje decisiones clave en manos de un círculo muy reducido.
– Transparencia cuestionada: Alemania, como otros países europeos, reclama mayor claridad en la forma en que se asignan sedes de torneos, se negocian derechos comerciales y se aplican sanciones.
– Carga de calendarios y formato de torneos: los continuos cambios de formato y la ampliación de competiciones, impulsados por la FIFA, generan saturación de partidos para clubes y selecciones, y las federaciones europeas son algunas de las más afectadas.
– Interferencias políticas: casos como el de Balogun se interpretan como un síntoma de que la FIFA no está protegiendo con firmeza la independencia del arbitraje y de los órganos disciplinarios.

Para la DFB, respaldar sin condiciones a Infantino equivaldría a avalar una línea de actuación con la que no está de acuerdo. Su negativa no solo busca marcar postura, sino también enviar una señal al resto de las federaciones: es posible disentir y pedir cambios estructurales dentro de la FIFA.

Lo que está en juego en la próxima elección de la FIFA

La elección presidencial prevista para el congreso de marzo del próximo año será mucho más que una simple votación interna: podría definir el equilibrio de poder entre la FIFA y la UEFA para el siguiente ciclo. Si Infantino logra asegurar un amplio respaldo, especialmente fuera de Europa, consolidará su liderazgo y tendrá margen para seguir impulsando su agenda.

Pero si el bloque europeo se organiza y presenta un candidato alternativo con apoyos significativos, se abriría un escenario inédito de competencia real por la presidencia, algo poco habitual en la historia reciente del organismo. En ese contexto, la posición de Alemania, por su peso simbólico y deportivo, será observada con lupa tanto dentro como fuera del continente.

Un conflicto que va más allá de una persona

Aunque el foco está puesto en Gianni Infantino, el trasfondo del conflicto entre la DFB, la UEFA y la FIFA es más amplio. Tiene que ver con la tensión histórica entre un modelo más centralizado, donde la FIFA concentra el poder decisorio global, y la aspiración de las grandes confederaciones -en especial la europea- de tener mayor capacidad de influencia en las grandes decisiones.

Para muchas federaciones europeas, el debate actual pasa por redefinir el equilibrio: quieren una FIFA fuerte, pero también más controlada y con mecanismos efectivos para garantizar que las normas se aplican por igual a todos, sin excepciones motivadas por intereses geopolíticos o económicos. De ahí que el próximo congreso no solo se lea como un examen para Infantino, sino como un referéndum sobre el tipo de liderazgo que se busca para el futbol mundial.

¿Qué puede ocurrir si Infantino no cuenta con Europa?

Incluso si Infantino lograra la reelección apoyándose sobre todo en votos de otras confederaciones, un distanciamiento profundo con la UEFA tendría consecuencias. Europa concentra las ligas más poderosas, los clubes más influyentes y una parte sustancial del negocio global del futbol. Una ruptura abierta podría derivar en tensiones sobre el calendario, boicots simbólicos o resistencia a ciertos proyectos impulsados desde la FIFA.

Por ahora, el escenario no ha llegado a ese extremo, pero la postura de la DFB y la inconformidad de varias federaciones europeas son una advertencia. Si no se reconstruyen puentes de diálogo y no se atienden las demandas de mayor transparencia y límites claros al poder político sobre lo deportivo, el futbol mundial podría entrar en una etapa de confrontación institucional mucho más visible.

Conclusión: la DFB abre una grieta que la FIFA no puede ignorar

La decisión de la Federación Alemana de no firmar el documento de apoyo a la reelección de Gianni Infantino resume el clima actual de desconfianza entre una parte importante de Europa y la cúpula de la FIFA. El caso Balogun, la llamada de Trump, las dudas sobre la independencia de las sanciones y los desacuerdos sobre la gobernanza han terminado confluyendo en un rechazo explícito a un nuevo mandato del dirigente suizo.

La pregunta que queda abierta es si este gesto alemán será el inicio de un frente más amplio dentro de la UEFA y de otras confederaciones, dispuesto a impulsar un cambio de liderazgo, o si la FIFA logrará, una vez más, recomponer alianzas y asegurar continuidad. Lo que está claro es que el próximo congreso no será un trámite: será una prueba decisiva sobre qué modelo de poder regirá el futbol mundial en los próximos años.