«Te someten y te amenazan»: Javier San Román expone las consecuencias de exigir ascenso y descenso en México
La eliminación del ascenso y descenso por méritos deportivos volvió a encender la discusión sobre el rumbo del futbol mexicano. La decisión, que consolidó un modelo cerrado de 18 equipos en la Liga MX, generó críticas entre directivos, jugadores y aficionados que consideran que el sistema dejó de premiar el rendimiento dentro de la cancha.
Javier San Román, expresidente del Tampico Madero, habló sobre el tema en el programa *La Última Palabra* y compartió su experiencia dentro de las categorías inferiores del futbol nacional. De acuerdo con su testimonio, cuestionar las decisiones de los grupos con mayor poder puede provocar presiones, campañas de desprestigio e incluso amenazas contra los dirigentes que se atreven a manifestarse.
«Es una tristeza máxima lo que está pasando. Sé cómo se maneja y, desde que estás abajo, te amedrentan, te someten y te amenazan», afirmó San Román. También señaló que los presidentes de clubes como Atlético Morelia y La Paz han sido objeto de ataques en distintos medios de comunicación después de expresar su desacuerdo con el modelo actual.
El exdirectivo aseguró que esas campañas no serían aisladas. Según explicó, los propietarios o representantes de los equipos podrían enfrentar una presión cada vez mayor si mantienen una postura crítica. «Van a seguir saliendo notas en periódicos de mayor circulación y en televisoras, solamente por alzar la voz», sostuvo durante su participación.
San Román afirma que el cambio estaba decidido desde 2018
Javier San Román relató que la desaparición del ascenso y descenso no fue una medida improvisada. Aseguró que desde 2018 ya existía un plan para modificar por completo la estructura de las competencias profesionales en México.
El exresponsable del Tampico Madero dijo haber observado personalmente un pizarrón en la oficina de Alejandro Irarragorri, donde, según su versión, aparecía delineada la estrategia para cancelar el ascenso. La propuesta contemplaba otorgar recursos económicos a los equipos de categorías inferiores, aunque sin permitirles competir por un lugar en la máxima división.
«Fui el primero en renunciar desde 2018 porque vi lo que iba a pasar. En esa oficina estaba todo planeado para anular el ascenso. La idea era entregar dinero a las plantillas de abajo para que los equipos de arriba crecieran», declaró.
San Román explicó que decidió dejar su cargo porque no estaba dispuesto a perjudicar al Tampico Madero ni a modificar sus principios por las presiones de otros directivos. Desde su perspectiva, aceptar ese esquema habría significado renunciar a la posibilidad de que un club lograra llegar a la Liga MX mediante resultados deportivos.
Críticas a la certificación y al modelo económico
La Federación Mexicana de Futbol presentó una estructura en la que los clubes de la antigua Liga de Expansión, ahora identificada como Primera FMF, ya no pueden subir automáticamente a la Liga MX. Para conseguir una plaza en la máxima categoría, deben cumplir con determinadas condiciones administrativas y, en la práctica, adquirir un lugar disponible.
El nuevo sistema suele justificarse con argumentos relacionados con la estabilidad financiera, la infraestructura y la certificación de los clubes. Sin embargo, San Román considera que esos requisitos funcionan como una barrera para impedir la competencia deportiva entre instituciones con diferentes capacidades económicas.
«Esto no se trata realmente de certificaciones, finanzas o estructura. La pirámide del futbol sigue siendo la misma. Se elimina una liga y se construye una mentira, porque no conduce a nada», expresó.
Su crítica apunta a que los clubes de menores recursos quedan sin una recompensa deportiva clara. Aunque puedan formar jugadores, ganar torneos o sostener proyectos competitivos, sus logros no necesariamente se traducen en la posibilidad de participar en la máxima categoría.
¿Qué consecuencias tiene eliminar el ascenso?
La desaparición del ascenso y descenso modifica los incentivos de todo el futbol profesional. En un sistema abierto, un equipo puede alcanzar la primera división después de una buena temporada, mientras que otro puede perder su lugar por acumular malos resultados. Esa competencia obliga a las instituciones a invertir, mejorar sus plantillas y fortalecer sus estructuras.
Con un modelo cerrado, el rendimiento deportivo pierde peso. Los equipos que ya forman parte de la Liga MX conservan su lugar, incluso si atraviesan campañas deficientes. Al mismo tiempo, los clubes de la segunda categoría deben demostrar solvencia económica y cumplir requisitos administrativos que pueden estar fuera de su alcance.
La medida también afecta a los jugadores jóvenes. Las divisiones inferiores tradicionalmente funcionan como una plataforma para que futbolistas mexicanos se desarrollen y lleguen a escenarios de mayor exigencia. Si existe menos competencia por subir de categoría, puede reducirse la presión para formar planteles competitivos y dar oportunidades a nuevos talentos.
Otro efecto es la pérdida de identidad regional. Muchos clubes representan ciudades con una afición histórica y una fuerte conexión local. Para sus seguidores, el ascenso no es solamente un objetivo deportivo, sino una forma de reconocimiento y pertenencia. Cuando la promoción depende de una operación económica, esa ilusión puede debilitarse.
La percepción de un futbol cerrado
La decisión también ha alimentado la percepción de que el futbol mexicano prioriza los intereses comerciales por encima de la competencia. Los clubes con mayor poder económico conservan sus beneficios, mientras que los proyectos emergentes enfrentan más dificultades para crecer.
San Román sostuvo que en las reuniones entre dirigentes existía una línea clara sobre lo que debía hacerse. «Llegaba alguien y te decía: ‘va a ir por aquí, y cuidado’. Sí había amenazas y cierta extorsión», afirmó.
Sus declaraciones reflejan la tensión que existe entre los propietarios de los equipos y quienes consideran que el sistema debería ofrecer oportunidades basadas en resultados. El conflicto no se limita a una discusión sobre reglamentos: también involucra la distribución de recursos, la influencia de los grupos empresariales y el futuro de las categorías de desarrollo.
Para recuperar credibilidad, el futbol mexicano tendría que establecer reglas transparentes, criterios verificables y mecanismos que permitan a los clubes competir en igualdad de condiciones. La estabilidad financiera es importante, pero no debería convertirse en una excusa para cerrar permanentemente el acceso a la máxima categoría.
Mientras no exista una ruta deportiva real para llegar a la Liga MX, el debate continuará. Las declaraciones de Javier San Román reavivaron una inconformidad que permanece entre aficionados y directivos: la sensación de que el futbol mexicano dejó de ser una pirámide competitiva para transformarse en un sistema reservado para quienes cuentan con mayor respaldo económico y político.
