México y el mundial privatizado: ¿por qué mikel arriola arriesga tanto?

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‘A México no le falta el dinero’: en LUP cuestionan a Mikel Arriola por abrir la puerta a un Mundial privatizado

La postura de la Federación Mexicana de Futbol frente a la propuesta de Gianni Infantino para privatizar la Copa del Mundo encendió un intenso debate en la mesa de La Última Palabra. Mientras Concacaf informó que sus 41 asociaciones miembro rechazaron de forma unánime la iniciativa, la FMF difundió un comunicado en el que, lejos de cerrar filas con la confederación, anunció que está dispuesta a escuchar y analizar el proyecto. Minutos después, Mikel Arriola respaldó públicamente esa posición.

Ese contraste de mensajes -un «no» rotundo de Concacaf y un «vamos a estudiarlo» de México- fue el punto de partida de las críticas. Los analistas de LUP coincidieron en que el área financiera de la Federación está consolidada y que el futbol mexicano genera recursos de sobra, por lo que cuestionaron si realmente es necesario alinearse con una propuesta de corte abiertamente comercial impulsada desde la presidencia de FIFA.

De acuerdo con lo comentado en la mesa, el jueves 30 de julio dejó un sabor a contradicción: por un lado, el bloque regional cerró filas contra la privatización del Mundial; por otro, la FMF se desmarcó de esa unanimidad al dejar abierta la puerta a una negociación directa con Infantino. Para varios de los panelistas, ese simple matiz ya representa un giro peligroso en términos de imagen y credibilidad.

Un punto clave del debate fue el capital simbólico que la Selección Mexicana había recuperado recientemente. Después de un Mundial en el que el equipo mostró una versión competitiva y volvió a conectar con la gente, la percepción sobre el Tri había mejorado sensiblemente. Según la discusión en LUP, ese prestigio no se generó en las oficinas, sino en la cancha: fueron los jugadores y el cuerpo técnico quienes reconstruyeron el vínculo con la afición.

Los analistas remarcaron que, en esa Copa del Mundo, la FMF prácticamente no tuvo responsabilidades de organización, pues todo el andamiaje operativo y logístico dependió de FIFA. Aun así, la Federación capitalizó el buen rendimiento de la Selección como si fuese propio. Y, en opinión de la mesa, ahora corre el riesgo de ensuciar esa misma imagen al coquetear con un modelo de Mundial privatizado que despierta suspicacias en amplios sectores del futbol internacional.

También se recordó un antecedente reciente que dañó la relación con el público: la eliminación del ascenso y descenso en la Liga MX. Para algunos panelistas, ese cambio fue una señal clara de que la prioridad ha sido blindar intereses económicos antes que fortalecer la competencia deportiva. En ese contexto, que México se muestre dispuesto a analizar un esquema de privatización de la Copa del Mundo se interpreta como un nuevo capítulo de la misma lógica: primero el negocio, después el juego.

En la mesa se citó el caso de Concacaf como ejemplo de firmeza institucional. La confederación comunicó que las 41 asociaciones miembro habían votado en contra de la propuesta de Infantino. Sin embargo, la postura distinta de la FMF generó desconcierto. Fernando Hierro, al analizar la cronología de los comunicados, ironizó con la idea de que Mikel Arriola tal vez no había estado al tanto de lo ocurrido, pero remarcó que el posterior mensaje oficial de la Federación despejó cualquier duda: México no rechazó la iniciativa, decidió mantenerla en evaluación.

Esa ambigüedad fue interpretada como una señal de alineamiento con los intereses de la cúpula de FIFA, más que como un gesto de defensa del ecosistema regional. En un escenario donde la mayoría de las federaciones teme perder soberanía y voz en la toma de decisiones si se privatiza el Mundial, el hecho de que México opte por no cerrar la puerta despierta dudas sobre qué se está privilegiando realmente.

El tema económico apareció entonces en el centro de la discusión. Los especialistas coincidieron en que la FMF domina muy bien la generación de ingresos: contratos de televisión, patrocinios, giras, venta de derechos y un mercado interno sólido convierten al futbol mexicano en uno de los más rentables del continente. Desde esa perspectiva, la frase «a México no le falta el dinero» cobró fuerza para cuestionar si tiene sentido arriesgar reputación, independencia y legitimidad a cambio de un posible incremento de recursos que, en realidad, no es urgente.

La reflexión fue más allá de las cifras. Se planteó que aceptar o apoyar un modelo de Mundial privatizado podría significar ceder todavía más influencia al núcleo de poder de FIFA y a los grandes grupos económicos, reduciendo la capacidad de las federaciones nacionales para participar en las decisiones clave del futbol mundial. Para un país como México, históricamente relevante en la región y triple organizador de Copas del Mundo, aceptar ese rol secundario sería, según los analistas, un retroceso en términos de peso político.

Alex Blanco fue especialmente crítico con la idea de que la FMF esté tentada por una eventual inyección de capital. Argumentó que hay federaciones con economías frágiles para las que un acuerdo de este tipo puede resultar un salvavidas financiero, pero subrayó que el caso mexicano es distinto: la estructura ya es rentable, el negocio televisivo es sólido y el interés comercial en la Selección es permanente. Bajo esa lógica, apoyar a Infantino no responde a una necesidad, sino a una ambición que puede volverse en contra del propio futbol nacional.

Otro de los ángulos que se analizó fue el rol real de Mikel Arriola dentro de este tablero. Raoul «Pollo» Ortiz sostuvo que el presidente de la Liga MX no toma decisiones de manera autónoma, sino que actúa como representante de los dueños de los clubes. Desde esta óptica, la posibilidad de respaldar o no la privatización del Mundial no se definirá en los comunicados públicos, sino en reuniones privadas donde se calculará qué tan rentable puede ser el nuevo modelo para los grupos empresariales que controlan el balompié mexicano.

En esta línea, se insistió en que el criterio deportivo rara vez encabeza la lista de prioridades. La desaparición del ascenso y descenso, las modificaciones constantes del formato de la liga y la preferencia por giras lucrativas sobre procesos deportivos de largo plazo se mencionaron como ejemplos de una tendencia en la que las decisiones clave se toman pensando antes en el flujo de caja que en la competitividad internacional del futbol mexicano.

La discusión también abordó el impacto que todo esto puede tener en la percepción de la afición. Después de años de desencanto por malos resultados, escándalos administrativos y cambios polémicos en el sistema de competencia, el buen papel reciente de la Selección había empezado a recomponer el vínculo con la gente. Sin embargo, la sensación en LUP es que este tipo de posturas, alineadas con proyectos de corte netamente comercial, pueden reactivar el malestar y la desconfianza del público hacia los dirigentes.

Desde una perspectiva más amplia, se planteó que la privatización del Mundial no sólo tiene implicaciones económicas, sino también culturales y deportivas. La Copa del Mundo ha sido históricamente un evento organizado bajo la tutela de las federaciones nacionales a través de FIFA, pero con la idea, al menos en el discurso, de representar a los países y sus selecciones, no a corporaciones privadas. Dar el salto hacia un modelo controlado por un ente comercial abre la puerta a que el torneo se redefina bajo la lógica del espectáculo-empresa, donde el peso de las federaciones se diluya todavía más.

En este contexto, México se encuentra ante una disyuntiva clave. Por un lado, puede mantener una posición firme junto al resto de Concacaf para preservar el modelo de gobernanza actual, con todas sus imperfecciones pero también con ciertos contrapesos institucionales. Por otro, puede apostar por alinearse con Infantino, esperando beneficios económicos o privilegios futuros, a costa de reforzar la concentración de poder y de enviar el mensaje de que está dispuesto a sacrificar parte de su independencia a cambio de participar del nuevo negocio.

La relevancia del tema se multiplica si se considera la historia de México en la Copa del Mundo. Ser el único país que ha sido sede en tres ocasiones le da un simbolismo particular y lo convierte en un actor de referencia dentro del universo futbolístico. Para muchos, aceptar sin reservas el análisis de un Mundial privatizado contradice esa tradición y muestra a la FMF menos como un defensor del futbol mexicano y más como un jugador dispuesto a seguir la corriente del máximo organismo, aunque esto signifique alejarse de sus propias confederaciones y de su base de aficionados.

De cara al futuro, el debate abierto en LUP deja varias preguntas sobre la mesa: ¿qué peso tendrán realmente los argumentos deportivos frente a las promesas económicas? ¿Tomará la FMF una postura clara y alineada con Concacaf o seguirá manejando un discurso ambiguo? ¿Escuchará el sentir de la afición o se limitará a responder a los intereses de los dueños de clubes y socios comerciales?

Mientras esas interrogantes permanecen sin respuesta, la frase que resonó en la mesa resume el fondo de la controversia: a México no le falta dinero; lo que está en juego es qué está dispuesto a entregar a cambio de ganar todavía más.